585 C000.- Carmelitas DescalzAs

SAN FERNANDO

Monasterio de la Santísima Trinidad

  • Carmelitas Descalzas
  • C/ Real, nº 224.  11100 San Fernando Tfno: 956881336
  • Labores: Bordados de matelerías, sabanas, marcas de pañuelos y camisas

Monasterio de la Santísima Trinidad

Fundación

Vista del Mirador

La tardía formación de San Fernando como ciudad durante el siglo XVIII, téngase en cuenta que su ayuntamiento se constituyó en 1766, dio lugar a la ausencia prolongada de clausuras femeninas. Fueron dos las que se asentaron y ambas bastante tardías, las Capuchinas y las Carmelitas Descalzas. Estas últimas, fundadas por Santa Teresa de Jesús en 1562 en Avila, crearon su primer establecimiento andaluz en Beas de Segura, Jaén al que siguieron otros como el de Ogíjares en Granada. De éste partieron las hermanas que fundaron el Monasterio de Carmelitas Descalzas de la Santísima Trinidad en San Fernando. Tras la Guerra Civil y dentro de su programa de expansión por Andalucía, la Orden decidió, tal vez por la ya comentada escasez de clausuras femeninas, fundar un establecimiento en San Fernando. Una ciudad que tras el conflicto fue recuperando su importancia, siempre relacionada con la Armada y la industria del sector naval dependiente de ella y que además contaba con un convento de Padres Carmelitas desde 1680.

Vista del coro

La búsqueda de un lugar adecuado para la fundación concluye con la compra de la llamada Casa de la Torre, adquiriéndose en 1945 a Andres Rodríguez Peralta por 200.000 pesetas e iniciándose las obras de adaptación al año siguiente. Esta casa se encontraba en la calle Real, en la salida de la ciudad hacia Cádiz, sitio en el que aún permanece. Un lugar, en aquel entonces, apartado del bullicio urbano y próximo al convento de El Carmen, cuyos padres se harán cargo de la capellanía del monasterio. Gracias a Joaquín Quijano sabemos que durante este período, previo a la definitiva ubicación, ya se encontraban en la ciudad, procedentes de Ogíjares, dos hermanas: la Madre Trinidad de San Juan de la Cruz y la Hermana María Cristina de Jesús Sacramentado. Una vez terminadas las obras de adaptación llegaron las restantes fundadoras: María Auxiliadora de Jesús Sacramentado, Dolores del Sagrado Corazón, Carmen de la Santísima Trinidad y Concepción del Niño Jesús. Ya reunida la comunidad se procedió a la inauguración del monasterio, que se realizó por el Obispo de la Diócesis gaditana Tomás Gutiérrez Díaz, el 15 de octubre de 1946, y a la que precedió una procesión que partió de la plaza de El Carmen y a la que asistieron autoridades eclesiásticas, civiles y militares. Desde ese momento hasta la actualidad han continuado con su vida de oración y trabajo. Actividad esta que les ha servido para ir dotando al monasterio de los elementos imprescindibles para su funcionamiento material y espiritual. En principio, sus labores se extendieron más allá de los actuales bordados que ya sólo realizan por encargo.
Convento

El huerto

El monasterio de la Santísima Trinidad, presenta unas características especiales propias del proceso de adaptación de una arquitectura de tipología doméstica a otra de características conventuales. Y así aunque perviven en él todos los elementos propios de la citada tipología, también es cierto que lo hacen de una forma especial y en una dimensiones que no son las acostumbradas para este tipo de inmuebles.

Presenta una sola planta, sin embargo al exterior muestra tres niveles de altura escalonados. La fachada, la crujía de la segunda planta del claustro y la torre del mirador. En fachada, con fórmulas de arquitectura doméstica local, muestra una portada central con dos cierros a cada lado. Esta portada, en la actualidad en piedra ostionera vista, está formada por dos pilastras que enmarcan un vano rematado por una cruz, y cuya estética nos remite a los maestros de obras del último tercio del siglo XVIII. El piso queda cerrado por un potente cornisón sobre el que se eleva un antepecho o pretil al que se le ha aumentado un tramo y se le ha coronado con los clásicos jarrones de las casas de San Fernando.

Labores de las hermanas

En el zaguán se establece el punto de conexión entre la vida exterior y la clausura. A él vierten la entrada pública a la capilla, el torno, la entrada, más restringida, a los locutorios y el acceso a la clausura. De ellos, la capilla ocupa el lado derecho de la crujía de fachada. La del lado izquierdo de la fachada queda ocupada por el primitivo locutorio, que da paso a uno de más reciente construcción.

La puerta de clausura da acceso directo al claustro, formado por cuatro galerías de doble arcada asentada sobre columnas toscanas de mármol blanco. Este centraliza el acceso a las distintas dependencias. Debemos destacar entre ellas el coro y antecoro. Dos salas contiguas, presididas por una imagen de Santa Teresa y otra de la Virgen del Carmen, con reja a la capilla y amplios ventanales que le permiten recibir la luz del patio. Un grupo de bancos adosados al muro hacen las veces de sillería y un órgano eléctrico apoya los cantos de coro.

Las otras dependencias clásicas de un monasterio presentan la misma sobriedad y el apoyo iconográfico propio de la Orden. Pero si interesante es el edificio, es también de especial belleza el jardín. Esta zona, a la que se accede por un pasadizo desde el claustro, presenta dos espacios claramente diferenciados. La zona de recreo y el cementerio.

Vista del convento desde el jardín

El monasterio de la Santísima Trinidad está en la actualidad habitado por dieciséis hermanas, un número sorprendente en relación con otros monasterios y conventos. Como dijeron, son las que menos problemas tienen de vocaciones. Su presencia, dominado por el mirador, es reflejo de un interesante proceso de adaptación arquitectónica. La casa donde fue fundado se encontraba a las afueras de San Fernando camino de Cádiz, como ya se ha citado anteriormente. En esos años se encontraba prácticamente aislado, muy a propósito para la vida contemplativa, de soledad y oración de sus hermanas. Hoy podemos contemplarlo integrado plenamente en la ciudad, cuya expansión lo ha rodeado de edificaciones de gran altura, haciendo que su vida de soledad y recogimiento se vea, en parte transformada y devorada por el núcleo urbano. Sin embargo, dentro del monasterio se sigue respirando esa paz propia de las comunidades religiosas de clausura.

Vista del coro

La juventud del monasterio ha evitado la acumulación de un patrimonio artístico e histórico importante. De hecho el que poseen es escaso pero, aprovechando palabras del glosador Joaquín Quijano, “de incalculable valor espiritual y sentimental, porque representan el cariño de muchas personas, generalmente anónimas”. De cualquier manera, este patrimonio es suficiente para la vida de oración y trabajo que las hermanas realizan en las que se incluyen los trabajos de mantenimiento del edificio y los ya comentados del taller de costura, cuyas piezas, de esmerada elaboración, son realizadas por encargo.

Hermanas en el jardín
 
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