991 RPI005.- Arte Contemporáneo, Jesús Rey-Joly y Christoph Ehlers

SAN FERNANDO

  • Un centenar de obras integra esta desconocida colección particular
  • Los propietarios de esta colección Jesús Rey-Joly y Christoph Ehlers
  • La colección de la que tratamos está compuesta por un centenar largo de obras. Pinturas, esculturas, cerámicas y fotografías que, repartidas hasta ahora entre San Fernando y en menor medida Sevilla

Manuel Caballero | Actualizado 03.09.2013 – 09:28

 

En estos tiempos que corren, tan, en suma, diferentes e idénticos a todos los tiempos que corrieron y habrán de correr, en los que parece que una de las soluciones a ese raro entramado de circunstancias que hemos convenido en denominar “la crisis” pasa por considerar todo lo relativo a las manifestaciones culturales como superfluo, prescindible y/o “falto de presupuesto”, hablar de una colección de Arte Contemporáneo y aún más en un entorno tan poco proclive a ello, como es esta metafísica, estólida e invicta ínsula, resulta llamativo y alentador.

Como demuestran los propietarios de esta colección Jesús Rey-Joly y Christoph Ehlers, no es necesario ser un potentado para practicar esa suerte de aristocracia espiritual que significa la reunión de objetos artísticos. Sola es precisa una cierta actitud que considere al Arte como algo no ajeno a la vida y por lo tanto comprable, “tenible” y disfrutable. Desgraciadamente, esa actitud/aptitud no es común en personas que, por sus circunstancias personales y económicas, podrían, sin complejos, dar el salto del “me gusta” a “lo compro”. (En posterior ocasión será absolutamente imprescindible referirnos a otra “rara avis” de la sociedad insular: el pintor, galerista y odontólogo Juan Antonio Lobato).

Así pues, la colección de la que tratamos está compuesta por un centenar largo de obras. Pinturas, esculturas, cerámicas y fotografías que, repartidas hasta ahora entre San Fernando y en menor medida Sevilla, pronto hallarán una nueva y definitiva ubicación en la vivienda-museo que sus propietarios estan construyendo en el entorno realmente espectacular del granadino Valle del Lecrin.

Las obras que la componen forman un conjunto que no responde sino al exclusivo gusto de los señores Rey-Joly/Ehlers, y se viene formando desde principios de la década de los 90 del pasado siglo.

Poseen esculturas y cerámicas de Antonio Mota, Daniel Cabeza Mecheline Van der Heiden y Orozco. Pinturas y dibujos de Eduardo Martínez, Miguel Angel Valencia, Fermín Salinas, Luis Claramunt, Lobato, así como del escritor y antropólogo Uwe Topper, del actor y dramaturgo británico Lindsay Kemp y de quien esto suscribe.

Especial relieve denotan las pinturas de Luis Ripoll (Madrid, 1950-2003). La obra de Ripoll, extensa y compleja, se encuentra estupendamente representada dentro de las diferentes etapas que la conforman: la época geométrica, la que podríamos llamar metafísica, y la más reciente, muy atenta a las fluctuaciones de “lo real”. Desde luego Ripoll es un artista que aún espera un definitivo reconocimiento y no es ocioso rescatar alguna opinión suya respecto al carácter de la obra de arte: “Una pintura lleva implícita su razón de ser. Esencial e independiente. Necesariamente completa. No tiene que satisfacer a la mente a simple vista. Debe conducirla poco a poco, hacia las profundidades de la imaginación. Donde brilla la organización. No armoniza con esto o aquello. Armoniza con la totalidad de las cosas, con el Universo. Es, en el sentido exacto de la palabra, un organismo”.

Del joven Eduardo Martínez poseen un singular elenco de pinturas, notable entre ellas el doble retrato de los propietarios de la colección, así como otras obras mucho más expresivas y ajenas a lo esperable de la manera del artista: son grandes manchas gestuales, producto de una abstracción impulsiva que muestran, ante todo, la plasmación de una vehemente circunstancia anímica.

La, hasta ahora, más reciente adquisición se halla en sus antípodas: es un metacrilato azul del jerezano Orozco en el que la delicada precisión geométrica y el juego de transparencias le confieren una misteriosa elegancia. “El Arte es lo que queda”, es necesario repetirlo una y cien veces.

Ahora es a otros a los que les toca actuar. Antes de que la colección abandone definitivamente esta Ínsula Invicta, algunos de sus responsables tendrían que hacer un pequeño esfuerzo: mostrarla al común de los ciudadanos con la importancia y dignidad que ello requiere. Amén. (Y no haya excusas, no miren hacia otro lado).

 
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