205 E1.- Orígenes del Puente Zuazo, vía de acceso a la Isla de león

Monumentos: Construcciones históricas

El Puente Zuazo de San Fernando

Foto: © José Mª. Collantes González

 Acueducto romano

Situado entre San Fernando y Puerto Real, el Puente Zuazo tiene sus orígenes en un antiguo acueducto romano que los primeros pobladores cristianos confundieron con un puente de paso.

A lo largo de los siglos, esta construcción ha sido protagonista de la historia de Cádiz por ser un punto estratégico en las comunicaciones con la península.

En realidad, la construcción más antigua que se conoce que atravesaba el caño de Sancti Petri no era un puente, sino parte del acueducto romano a Cádiz. Fuentes árabes identifican con claridad los restos de pilares antiguos que existían en el caño con este acueducto.

No obstante, los cristianos, que ignoraban su primitiva función, le denominaron puente a partir de la Reconquista, centrando allí el sistema de comunicaciones entre Cádiz y el continente.

“Logar de la puente”

En las primeras décadas del siglo XIV se establece un primer dominio señorial en el “logar de la puente”. Se trata de un documento en el que Juan II cede la “casa de la puente, con la barca que está cerca de ella” a la familia Zuazo. En el mismo escrito se narra cómo Enrique II había realizado ya una donación en este lugar a D. Alonso García de Vera, vecino de Jerez. El jerezano se vió obligado a empeñar la donación, que posiblemente estuvo en varias manos, antes de que la heredara su hijo. Al morir éste sin descendencia, el rey buscó nuevas manos en las que encomendar el lugar, y eligió a la familia segoviana de los Zuazo, que sí cuidaron más su propiedad y dejaron unido su nombre al del puente, tras permanecer casi un siglo en el señorío.

Aunque ya desde el siglo XIII se habían dispuesto sobre los antiguos pilares unos “enmaderamientos” para habilitar el paso, éstos eran frecuentemente arrastrados por las crecidas. En los documentos de los Zuazo se indica claramente que la principal renta la daba una barca, es decir, un paso mediante embarcaciones de trasbordo entre ambas orillas del caño, que probablemente utilizaba los pilares del puente como amarres.

Histórico documento en el que puede observarse la estructura basada en tres grandes arcos, que quedó fijada a fines del siglo XVI

No parece que hasta el siglo XVI se realicen reformas de carácter arquitectónico sobre los restos romanos, que consistían, según uno de sus primeros restauradores, en trece pilares que servían de arranque a catorce arcos con una estructura de 259 varas de largo total (unos 230 metros) por cinco de ancho (4,50 metros).

Estas dimensiones habían cambiado considerablemente a fines de siglo, cuando según D. Agustín de Horozco, medía trescientas varas de longitud por diez de ancho, y sólo tenía tres arcos que aún no se habían cerrado totalmente. Esta estructura de verdadero puente de camino, con ancho suficiente para el cruce simultáneo de dos carruajes, es la que se ha conservado hasta el momento actual con pequeñas modificaciones.

La construcción del puente fue objeto de muchos proyectos durante el siglo XVI. El primer arquitecto a quien se encargó su estudio fue Alonso Rodríguez, Maestro Mayor de la fábrica de la Catedral de Sevilla; luego la obra se puso en manos de Benedicto de Rávena.

Foto: © José Mª. Collantes González
Panorámica general del Puente Zuazo. En esta toma, que coincide con la perspectiva de la ilustración anterior, se observa su integridad con respecto a los diseños del siglo XVI

Más tarde, dentro del proyecto de reformas defensivas gaditanas encomendado a Calvi, se encargan de la realización material dos hermanos vascos, apellidados Guillisasti, que trabajan efectivamente en el puente durante toda la segunda mitad del siglo.

La problemática reconstructiva del puente va ligada a la de su defensa, ya que si tenía importancia asegurar la comunicación con tierra firme, tampoco podía olvidarse que de su dominio dependía el auxilio de Cádiz ante los ataques navales. Primero las incursiones de los piratas norteafricanos y luego las de los ingleses, obligan a que la corona realice durante todo el siglo XVI y los siguientes considerables gastos de fortificación que han convertido a las islas en uno de los conjuntos defensivos modernos más impresionantes del mundo

Entre las incursiones de los ingleses destaca la de 1596, cuando la ciudad de Cádiz fue saqueada y destruída íntegramente por las tropas del conde Essex. El mecanismo de este asalto, al igual que otros anteriores y posteriores fue muy similar: las tropas atacantes ocupaban con sus naves el interior de la bahía, apresando los mercantes que encontrasen y tomaban tierra por el Castillo de Puntales, dividiéndose aquí un cuerpo de ejército hacia la ciudad y otro hacia la isla de León para cortar las comunicaciones.

Detalle de las fortificaciones construídas en el siglo XVII, que en la actualidad ya no se conservan

En 1587 el pirata inglés Drake ya había utilizado esta estrategia, siendo rechazado en el puente de Zuazo, pero en el gran asalto de 1596, el puente estaba cortado por su arco central y los ingleses asediaron el Castillo de San Romualdo. Se observó muy pronto cómo este castillo (Convento fortificado y de residencia señorial) podía aportar al puente poca protección por su lejanía. Hubo algún ingeniero militar que llegó a proponer desmontar el castillo y levantar con sus materiales las defensas que necesitaba el puente.

Si bien este proyecto no prosperó, sí se acometió decididamente la conclusión de las calzadas de acceso y de un baluarte por el lado de la isla que tendrán efectividad en combates posteriores. Nuevas remodelaciones del puente a partir del siglo XVII se encuentran en el Archivo de Simancas. Son cartas al Rey solicitando su reconstrucción. La primera de ellas del Duque de Medina Sidonia en donde se mandan instrucciones al ingeniero y militar Cristóbal de Rojas. Continúa la correspondencia entre el Duque y el Rey durante los primeros años del siglo y en ésta aparecen los informes de la inspección de Tiburcio Espanochi donde comenta la remodelación de los pretiles y la construcción de una torre. Dos años más tarde el Duque propone para las obras, además del ingeniero Rojas, a “Ginés Martín de Aranda” que había trabajado previamente en las obras de la Catedral de Cádiz. En 1607 se firma un Decreto en Madrid autorizando que se reanuden las obras.

Fotografías de principios de siglo atestiguan que se conservaban construcciones de valor monumental que fueron demolidas posteriormente

Toda esta insistente correspondencia durante la primera década del XVII refleja las opiniones del ingeniero militar Rojas aludiendo a cuestiones de carácter defensivo y estratégico.

Como consecuencia de todo ello, un nuevo intento de saqueo por los ingleses en 1625 tuvo resultados muy distintos, ya que las fortificaciones eran entonces mucho mejores y habían llegado tropas suficientes para la defensa. En el Puente Zuazo y en el castillo se hicieron fuertes los hombres mandados por el corregidor de Jerez, D. Luis de Portocarrero, y por el Marqués de Copranis. Los ingleses volvieron a saquear los viñedos y las casas de labranza de la zona, pero tuvieron que abandonar el campo sin mayores victorias. En todos estos ataques, la flota española usó el caño de Sancti Petri como protección, lo que les permitía salir al mar abierto o a la bahía según las necesidades, a través del arco central del Puente Zuazo. Este mecanismo de las campañas militares pone de manifiesto la importancia militar de la isla de León en la defensa de Cádiz, y lleva a concentrar en la zona más fortificaciones, al tiempo que evidencian el excelente aprovechamiento naval del caño.

Hasta el año 1635 no se encuentran nuevas referencias dignas de mención. Se sabe que las obras quedaron paralizadas hasta esa fecha en que una nueva carta al Rey del Duque de Medina Sidonia pide que “se acceda al reparo del vallado de la Puente de Zuazo”. Dos años más tarde el “Aparejador y Maestro Mayor” de las obras es Juan Román de Arellano. En esta ocasión se trata la reconstrucción de los arcos y un nuevo empredrado en función de intereses navales (paso forzoso de los navíos de la Armada Real para sus reparaciones en La Carraca).

El último documento referente a remodelaciones del Puente del siglo XVII es del Marqués de Bayona. En este caso se plantea un ambicioso proyecto que pretendía convertirlo en puente levadizo. Quedó anulado por decreto el mismo año en que se formuló.

La historia del Puente de Zuazo se completa con el episodio de la Guerra de 1812. En esta ocasión se cortó la parte central para impedir el paso de tropas francesas. Actualmente el puente presenta cinco ojos de diferente tamaño, todos en arcos de medio punto menos el central que ha sido recientemente reconstruído junto con el tramo intermedio de pretil que se derribó durante la Guerra de la Independencia (ha perdido la puerta de ingreso y el bastión lateral).

De lo construido durante el siglo XVII, se conservaba aún una buena parte a principios de nuestro siglo, cuya demolición no puede fecharse exactamente. Eran edificaciones con un importante valor monumental, con las que San Fernando ha perdido uno de los testimonios importantes de su aspecto.

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