104 N001.- Penal de las Cuatro Torres

SAN FERNANDO

FRANCISCO DE MIRANDA en el Penal de las Cuatro Torres

  • Una historia inconclusa y mal contada.

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Penal de Cuatro Torres de La Carraca

Escrito por: Eduardo Arboleda Ballén (antropólogo) el 08 Jul 2011 – URL Permanente

Su nombre está inscripto en el Arco del Triunfo, su retrato en el palacio de Versalles y su estatua en Valmy, frente a la del General Kellerman. Este hombre del que Napoleón dijo: “es un quijote que no está loco; tiene fuego sagrado en el alma”, sedujo al mundo entero con su cultura, su elegancia y sus convicciones. Las personalidades más rutilantes de toda una época se rindieron a los encantos y a las ideas de Miranda.

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Nombre de pila: Sebastián Francisco Párvulo de Miranda Rodríguez. Nacido en Caracas el 28 de marzo de 1750. Murió en La Carraca – San Fernando (Cádiz), a la 1:05 am del 14 de Julio de 1816.

Ve la luz masónica en el año de 1783, en la muy Respetable Logia de Filadelfia, EEUU, siendo su padrino el General Francés Mario José Lafayette, conocido Maestro Masón. Junto al General Washington, masón avanzado.

Miranda fundó La logia “Gran Reunión Americana”, en Londres a fines de 1798. Fue el autor intelectual de la fundación de la Logia “Lautaro”, en Cádiz, el año 1880. Desde Londres, donde residía, ya que su cabeza fue puesta a precio por la Corona de España, sugirió para la histórica logia, el nombre de “Lautaro”, en homenaje al caudillo araucano que venció al conquistador Valdivia en Tucapel, en 1554.

La mefítica Inquisición junto a la Corona Española conspiraron en su contra, es acusado por el Tribunal Inquisitorial de Sevilla por retención de libros prohibidos y pinturas obscenas. En Cuba, Miranda fue acusado de infidencia y contrabando por el Obispo porque el prelado sospechaba que era ateo y librepensador, y porque Miranda no le rendía la debida reverencia. Mientras la Corona Española le acusaba de desertor entre otros cargos.

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A nadie escapa que la actuación de identificación de los restos mortales de Francisco de Miranda ha sido una “chapuza” motivada por prisas, protagonismo y particulares intereses.

A poco de indagar, cualquier bien intencionado investigador se entera que la primigenia fosa común estaba justo detrás de la Iglesia del Rosario en el Arsenal de la Carraca, fosa que se trasladó sin orden y miramientos a donde hoy se levanta una cruz en memoria de todos los ahí sepultados.

Francisco de Miranda gozaba de grandes y poderosos protectores (padrinos), sin ellos no se justifica y comprende que estuviera tanto tiempo en prisión retrasándose su ajusticiamiento militar, como era de uso y costumbre de la época según las ordenanzas militares.

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Amigos fieles no le faltaron hasta sus últimos momentos, estos hicieron desaparecer el cadáver y levantado el bulo bien orquestado de la fosa común, los mismos que poco antes preparaban su fuga vía Gibraltar.

El esclarecimiento pasa en hallar respuestas a través de sus amigos los Turnbull, Duncan, Shaw, sin olvidar obviamente a Pedro José Morán y el misterioso enterramiento de un tal Conde José de Amindra.

En la alta noche del 13 al 14 de julio de 1816 el reo de Estado, Francisco de Miranda, agoniza en una sala del hospital de la prisión de La Carraca, en San Fernando (Cádiz). Lo acompañan silenciosos y sobrecogidos una monja, el prisionero peruano Manuel Sauri y su fidelísimo Pedro José Morán.

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Hay una importante carta con mensaje encriptado que se hace entrega junto a un ejemplar de la Gaceta de Madrid, del 22 de julio de 1816, y uno del Political Herald, de Londres, correspondiente al 4 de agosto. En donde La Gaceta de Madrid enfatiza que murió cristianamente, cumpliendo en todo con los deberes de un buen cristiano. Según el escrito, el mismo Albar Sánchez, capellán mayor del presidio, fue el encargado de suministrarle los santos sacramentos de la extremaunción: le leyó los salmos, le colocó incienso en el cuerpo y lo roció con agua bendita, aunque no alcanzó a darle la comunión. Sin embargo, Morán, desmiente esta versión. El dice que el Generalísimo, antes de entrar en coma, se negó rotundamente a aceptar los servicios católicos: “Por favor, déjeme morir tranquilo” repetía testarudamente cada vez que el capellán mayor se los ofrecía (hay que recordar que, si bien Miranda creía en la existencia de un ser supremo, creador de todo, no lo hacía según los cánones de la iglesia católica, sino de la masonería, ideología teológica). Su fiel compañero, señaló además que Miranda, en su lecho de muerte, lamentó muchas de las cosas que lo decepcionaron de la vida, bendijo a la Patria, a la América colombina, y a los que sobrevivían luchando por su libertad.

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Un pensamiento en “104 N001.- Penal de las Cuatro Torres

  1. Tarde o temprano, volveras a tu patria, que es la America toda. Aqui todos tus QQ.: HH:. , te estaremos esperando , para rendirte tu merecido honor eterno.

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