Ana María González Sánchez

SAN FERNANDO

Cien años de vitalidad

  • Ana María González Sánchez, viuda del conocido artesano isleño José Manuel Silva, cumple un siglo

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Ana María González Sánchez, en la celebración de su cumpleaños.

Arturo Rivera san Fernando | Actualizado 20.02.2014 – 08:47

Ana María González Sánchez acaba de pasar a formar parte de un selecto círculo de isleños, el de los abuelos centenarios que la ciudad atesora como testimonios de un todo un siglo de vivencias. El pasado 31 de enero celebró su cumpleaños como a todos nos gustaría llegar a los cien años: rodeada de los suyos, de sus dos hijas, Ana María y Mari Pepa; de sus cinco nietos, Manuel María, Mila, Silvia, María José y Nacho; y de sus nueve bisnietos.Para ellos, que son los que han promovido un sentido homenaje, Ana María es todo un ejemplo, el pilar sobre el que gira toda la familia. Una mujer de una fortaleza envidiable a pesar de su avanzada edad, que guisa -estupendamente, además- y pone el lavavajillas, que ayuda con los bisnietos, que se cuida y va a la peluquería todas las semanas, que no toma pastillas y que tiene todavía una memoria prodigiosa. “Lo peor -llegó a decirle en cierta ocasión a su familia cuando se acercaba su cumpleaños- es que me acuerdo de todo”. Su buen humor, advierte su nieta Mila, es otra de las facetas de una auténtica superabuela que rebosa vitalidad por los cuatro costados. Así es Ana María, cuentan los suyos orgullosos. Para ellos, el centenario es todo un acontecimiento, como es lógico.Aunque nació en Medina, lleva 90 años en La Isla, por lo que -evidentemente- se considera una auténtica cañaílla. Ana María estudió en el colegio Rivero. Allí se matriculó en el año 1929, y se preparó para entrar en la Constructora Naval. Lo consiguió. Durante doce doce años estuvo trabajando de delineante, dibujando y haciendo planos. Lo hizo hasta que que se casó en 1942. Aunque no lo dejó del todo. Durante mucho tiempo siguió haciendo planos por encargo para la empresa Sevillana. Así se sacaba un dinero extra. Le ayudaba su marido, un isleño sobradamente conocido: el artesano -así le gustaba llamarse- José Manuel Silva López, al que en San Fernando se le recuerda incluso con una calle rotulada con su nombre.

Su nieta Mila evoca la que fue su gran pasión: la pintura, a la que llegó de manera autodidacta y a la que dedicó todo su tiempo libre mientras vivió. En 1953 alcanzó un premio internacional en Madrid. Destacó entre más de 50.000 trabajos procedentes de 18 nacionalidades diferentes. Y en 1972 fue nombrado Artesano Modelo de España. Consiguió alrededor de cuarenta premios y contaba en su currículum con más de treinta exposiciones.

Y Ana María, esta abuela isleña que acaba de cumplir cien años, fue la mujer que estuvo a su lado.

 
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