536 C001.- La Mallorquina de San Fernando

SAN FERNANDO – Sociedad

Recetas muy magistrales

  • La Mallorquina de San Fernando, un establecimiento con mas de un siglo, elabora dulces manteniendo algunas recetas con mas de ochenta años
 
 
Mari Ángeles García Sánchez, hija de Aurora

JOSÉ MONFORTE |18.11.12 – 10:10 –

La Mallorquina, en San Fernando, es un templo para todos los golosos de la provincia. El merengue de café comparte bandeja con otro vistoso ejemplar de fresa y un tercero blanco. Está en una segunda y discreta segunda línea de dulces, una por debajo de una de las grandes estrellas de la casa, el timbre, un bizcocho recubierto de chocolate y rematado por una almendra.

La fórmula del merengue de café se estrenó en 1910 y lo creó el propietario por entonces del establecimiento José Quirós Pérez para los fastos del primer centenario de las reuniones de Las Cortes en San Fernando. Hacía tan sólo dos años que había abierto el negocio pero su establecimiento ya era de lo más granado de la ciudad hasta el punto de que le hicieron encargos importantes con motivo de la efemérides.
 
Ciento dos años después el merengue de café se continúa haciendo en La Mallorquina, una de las pocas pastelerías de la provincia que sigue permitiéndose el lujo de llenar cada día su vistoso escaparate de dulces, porque el público sigue sucumbiendo a sus encantos.
 
Recetas históricas
 
El merengue de café no es el único dulce de la confitería que puede presumir de un currículum con mucha historia. Los moldes con los que se siguen haciendo unas canastillas son los mismos desde hace 80 años. Fueron de los pioneros en hacer empanadas allá por la década de los 40, cuando la colonia gallega asentada en la ciudad, y que habían venido como militares a la ciudad lo solicitaba para aplacar la nostalgia del terruño.
 
La historia de La Mallorquina da perfectamente para un libro. Tiene sus líneas brillantes como aquella celebración del centenario, el tiempo en que la primera planta, utilizada entonces, como hotel alojó al padre del actual Rey de España, las visitas de isleños emigrados que vuelven para recuperar un sabor de infancia, o los cientos de comuniones y bautizos que han pasado por los salones del local, que sigue conservando el encanto de las legendarias cafeterías de la segunda mitad del siglo XX. También hay alguna línea oscura en la Guerra Civil cuando los militares golpistas tenían reuniones habituales en el establecimiento. Manuel Sánchez Urrejola, el actual encargado del establecimiento, señala que eran otros tiempos y que hoy afortunadamente las reuniones que hay en el local son mucho más agradables.
 
La historia de La Mallorquina comienza en 1906 cuando José Quiros Pérez, que se había asentado en la ciudad, pone en marcha una confitería en la calle Rosario, a pocos metros de la actual ubicación. El negocio pasaría luego a la familia Peralta, que sólo lo tuvo dos años y luego a la familia Valero Avezuela.
 
Sería en 1965 cuando los actuales propietarios se hacen con el local. Gervasio Urrejola, montañés de nacimiento, se hacía con el local, que luego pasaría a su hijo Luciano, el actual propietario. Ahora, es la siguiente generación de la familia la que regenta ya la cafetería, obrador de pastelería y bar restaurante. A Manuel Sánchez, le acompañan en la gestión del establecimiento sus hermanos Aurora y Angel Ignacio y sus primos Luciano y Gervasio Urrejola Abascal.
 
La cuarta generación se ha incorporado ya al negocio. Mari Ángeles García Sánchez, 35 años, e hija de Aurora, elabora ya pasteles en el obrador e incluso ha dado ya algunas ideas como la de hacer pequeñas tartas de «Aquí solo utilizamos productos naturales, nada de polvitos para hacer las cremas. Si hay que hacer tocino de cielo se emplean huevos de verdad, de lo contrario no salen»señala Mari Ángeles con el asentimiento de su madre y su tío que le acompañan en la conversación.
 
 
Manuel Sánchez Urrejola es el actual encargado de la pastelería, en manos de su familia desde 1965
 
Calidad y variedad
 
El escaparate llama la atención, no sólo por su estética, sino por el surtido de dulces. Afirman que esto tan sólo es posible manteniendo una calidad y frescura en lo que pone a disposición del público. Lo que no se vende se lleva al albergue de San Vicente de Paúl, para que lo disfruten las personas que acuden a esta institución benéfica de la ciudad. «Preferimos hacer esto, ayudando a esta institución que tirarlos o tener aquí los dulces sin que estén en perfecto estado».
 
Manuel señala que la estrella del establecimiento es la pastelería, aunque también funcionan como cafetería y bar restaurante. Elaboran ya roscos de Semana Santa todo el año debido a las peticiones de los clientes. Hay dulces especiales para Navidad, para Tosantos o para la Cuaresma. Hacen varios tipos de tartas, entre ellas ‘el ponche’, una impresionante barra que combina bizcocho con tocino de cielo y ofrecen bollería para el desayuno y la merienda.
 
De todos modos al mediodía y por la noche también hay tapas. Las más famosas sus colas de langostinos rebozadas o el menudo.
 
Entre el escaparate de dulces destacan algunas especialidades que son las 7 estrellas de La Mallorquina
 
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