601 H003.- Historia de San Fernando (y III)

San Fernando

Historia de la Edad contemporánea hasta nuestros dias

Edad contemporánea

Siglo XIX

En este siglo se construyen el Real Teatro de las Cortes (1804), se termina en parte el Panteón de Marinos Ilustres, la Plaza de toros y se inaugura la Biblioteca Almirante General Lobo, pero sin duda el momento de mayor importancia en este siglo, y probablemente el más importante de la historia de la ciudad, es el asedio por parte de las tropas imperiales napoleónicas entre 1810 y 1812; y la elaboración durante dicho asedio de la Constitución Española de 1812, periodo en el que la Real Villa de la Isla de León fue capital del reino español.

El asedio napoleónico

Artículo principal: Sitio de Cádiz.

Las Cortes Generales de 1810

Artículo principal: Constitución Española de 1812.

Las Cortes de Cádiz (iglesia Mayor de San Fernando), durante la celebración de la Sesión en la que los Diputados juran su cargo en 1810, obra de José María Casado del Alisal. Congreso de los diputados de Madrid.

Durante la Guerra de la Independencia Española, la ciudad sería protagonista de la vida política española al ser, junto a Cádiz, el único territorio de la España peninsular no ocupado por los franceses. Debido a que la capital de la provincia se encontraba asediada por la fiebre amarilla, se reunieron por primera vez en el Ayuntamiento de la Real Villa de la Isla de León, en la mañana del 24 de septiembre de 1810, los diputados de las Cortes Generales y Extraordinarias.

Refieren las crónicas que de arios y apartados puntos de la península, habían acudido gentes a la Isla de León para presenciar el acontecimiento, nuevo para aquellas generaciones y grandioso y extraordinario por sí mismo, de la apertura de las Cortes. Desde muy temprano empezaron a dirigirse, desde diferentes puntos de la Isla, al designado para la ceremonia.

Siendo las nueve de la mañana, la Regencia reunió a los diputados en la sala capitular de este Ayuntamiento. Aquí fue celebrada la conferencia preparatoria en la que, según se refiere el Conde de Toreno, se dio a los diputados una minuta del juramento.

El Consejo de Regencia se instaló en el convento de la Compañía de María, trasladándose las religiosas al convento de la orden de las Capuchinas en Cádiz.

El día 24 de septiembre de 1810, a las nueve y media de la mañana, los Diputados formados con el Consejo de Regencia se trasladaron a la Iglesia Mayor de San Pedro y San Pablo y celebraron la Santa Misa. Tras el Evangelio, Don Nicolás María de Sierra, Notario Mayor del Reino, pronunció por dos veces la fórmula del juramento:

¿Juráis la Santa Religión Católica, Apostólica, Romana, sin admitir otra en estos Reinos? ¿Juráis conservar en su integridad la nación española y no omitir medio para liberarla de sus injustos opresores? ¿Juráis conservar a nuestro muy amado Soberano Don Fernando VII todos sus dominios, y en su defecto a sus legítimos sucesores, y hacer cuantos esfuerzos sean posible para sacarlo del cautiverio y colocarlo en el trono? ¿Juráis desempeñar fiel y lealmente el encargo que la nación ha puesto a vuestro cuidado, guardando las leyes de España, sin perjuicio de alterar, moderar, y variar aquellas que exigiesen el bien de la nación?

Don Nicolás María de Sierra

Y habiendo respondido todos los señores diputados: “Sí, juramos”, pasaron de dos en dos a tocar el Libro de los Santos Evangelios. En la Iglesia Mayor de San Fernando se dieron cita 296 de los 300 diputados de los cuales 220 correspondían a la Península, Ceuta, Melilla y Canarias y 80 eran los que representaban a los españoles de América y Filipinas. La nómina de diputados incluía personas de todo tipo. Había 90 eclesiásticos, 56 abogados, 49 funcionarios, 39 militares y 15 catedráticos de universidades. Al respecto hay que subrayar que el clero no actuó como estamento sino que cada individuó adoptó las posiciones que creía oportunas.

Placas conmemorativas en la fachada del Real Teatro de las Cortes

Las Cortes Generales permanecieron en el teatro cómico de la ciudad (más tarde conocido como Real Teatro de Las Cortes) hasta el 20 de febrero de 1811, trasladándose posteriormente a Cádiz, donde fue promulgada la Primera Constitución Democrática de la Historia de España (denominada popularmente “La Pepa” por ser publicada el 19 de marzo de 1812). Durante su estancia en San Fernando, se estableció un Gobierno Provisional en la hasta ese momento, Capitanía General, se estableció como capital del Reino a la Real Villa de la Isla de León, se introdujo el principio de la soberanía nacional, la separación de poderes y la inmunidad de los Diputados en el ejercicio de su labor y como representantes de la nación.

Debido a su valiente comportamiento ante los franceses, Fernando VII otorgó el título de ciudad a la Isla de León y cambió su nombre por actual el de San Fernando. El 17 de julio de 2001, S.M. Juan Carlos I otorgó el título de Real al teatro en atención a estos valores históricos y constitucionales.

Los Cien Mil Hijos de San Luis

Artículo principal: Cien Mil Hijos de San Luis.

En los años posteriores, el descontento con Fernando VII, que no aceptó la constitución, provocó el pronuciamiento del General Riego, dando lugar a un enfrentamiento con el Duque de Angulema y Los Cien Mil Hijos de San Luis. El invasor francés consiguió entrar en la ciudad, permaneciendo en ella hasta 1828.

Revolución de 1868 y I República

Artículo principal: Revolución de 1868.
Artículo principal: Cantón de Cádiz.
Artículo principal: I República Española.

El 12 de septiembre de 1868, el Almirante Topete se subleva en la bahía gaditana contra el gobierno de Isabel II, dirigiéndose así a sus gentes:

Gaditanos: Un marino que os debe señaladas distinciones, entre ellas la de haber llevado vuestra representación al Parlamento, os dirige su voz para explicaros un gravísimo suceso. Esta es la actitud de la Marina para con el malhadado Gobierno que rige los destinos de la Nación.
No esperéis de mi pluma bellezas. Prepararos sólo a oír verdades. Nuestro desventurado país yace sometido años a la más horrible dictadura; nuestra ley fundamental rasgada, los derechos del ciudadano escarnecidos; la representación nacional ficticiamente creada; los lazos que deben ligar al pueblo con el trono, y formar la monarquía constitucional, completamente rotos.
No es preciso proclamar estas verdades; están en la conciencia de todos.
En otro caso os recordaría el derecho de legislar, que el Gobierno por sí sólo ha ejercido, agravándole con el cinismo de pretender aprobaciones posteriores de las mal llamadas Cortes, sin permitirlas siquiera discusión sobre cada uno de los derechos que en conjunto les presentaba, pues hasta del servilismo de sus secuaces desconfiaban en el examen de sus actos.
Que mis palabras no son exageradas lo dicen las leyes administrativas, la de orden público y la de imprenta.
Con otro fin, con el de presentaros una que es la negación de toda doctrina, os cito la de instrucción pública.
Pasando del orden político al económico, recientes están las emisiones, los empréstitos, la agravación de todas las contribuciones. ¿Cuál ha sido su inversión? La conocéis y la deplora con vosotros la marina de guerra, apoyo de la mercante y seguridad del comercio; cuerpo proclamado poco a la gloria del país, y que ahora mira sus arsenales desiertos, la miseria de sus operarios, la postergación de sus individuos todos y viéndose en tan triste cuadro un vivo retrato de la moralidad del Gobierno.
Males de tanta gravedad exigen remedios análogos; desgraciadamente, los legales están vedados; forzoso es por tanto apelar a los supremos, a los heroicos.
He aquí la razón de la Marina en su nueva actitud; una de las partes de su juramento está violada con mengua de la otra. Salir a la defensa de ambas, no sólo es lícito sino obligatorio.
Expuestos los motivos de mi proceder y del de mis compañeros, os diré nuestras aspiraciones.
Aspiramos a que los poderes legítimos, pueblo y Trono funcionen en la órbita que la constitución les señale, estableciendo la armonía ya extinguida, el lazo ya roto entre ellos.
Aspiramos a que las Cortes Constituyentes, aplicando su leal saber y aprovechando lecciones harto repetidas, de una funesta experiencia, acuerden cuanto conduzca al establecimiento de la verdadera monarquía constitucional.
Aspiramos a que los derechos del ciudadano sean profundamente respetados por los Gobiernos, reconociéndoles las cualidades de sagrados, que en sí tienen.
Aspiramos a que la hacienda se rija moral e ilustradamente, modificando gravámenes, extinguiendo restricciones, dando amplitud al ejercicio de toda industria lícita y ancho campo a la actividad individual y al talento.
Estas son concretamente expuestas mis aspiraciones y las de mis compañeros. ¿Os asociáis a ellas sin distinción de partido, olvidando pequeñas diferencias, que son dañosas para el país? Obrando así labraréis la felicidad de la patria, y ésta es precisamente la bandera que la Marina enarbola.
Como a los grandes sentimientos suelen acompañar catástrofes que empañan su brillo, con ventaja cierta de sus enemigos, creo con mis compañeros hacer un servicio a la causa liberal, prestándonos a defenderla, conteniendo todo exceso. Libertad sin orden, sin respeto a las personas y a las cosas no se concibe. Correspondo, gaditanos, a vuestro afecto colocándome a la vanguardia en la lucha que hoy empieza y sostendréis con vuestro reconocimiento y denuedo.
Os pago, explicándoos mi conducta, su razón y su fin; a vosotros me dirijo únicamente; hablen al país los que para ellos tengan título.
Bahía de Cádiz, a bordo de la Zaragoza, 17 de septiembre de 1868.
Juan Bautista Topete.

Tras la proclamación de Cádiz como Cantón independiente, en San Fernando las desavenencias entre el Capitán General del Departamento Marítimo y el Ayuntamiento republicano-federal, producen graves enfrentamientos entre Voluntarios de la República y la marina, especialmente en la Población militar de San Carlos. Finalmente los voluntarios se retiran de San Fernando para hacerse fuertes en Cádiz. Las tropas de Marina ocupan San Fernando y desarman a los voluntarios que quedan.

Siglo XX

Este siglo comienza con una grave situación de paro en el Arsenal de la Carraca, motivada por la pérdida de Cuba. En el año 1906 se inauguró el tranvía que unía San Fernando con Cádiz. En 1917 se reforma la Capitanía. En los años 20 se construyen la Fábrica de San Carlos (1924) y el mercado central (1928), año en el que se construye el primer edificio de hormigón, el Cine Salón. En el año 1924 la dictadura de Primo de Rivera reconoce la soberanía isleña sobre el Arsenal de la Carraca frente a Puerto Real. Tanto las salinas como los pescadores se encuentra en decadencia, estos últimos por la acumulación de arena en la barra del Caño de Sancti Petri. Durante la Guerra Civil Española en la ciudad no se producen combates destacables. En el año 1942 la industria naval de un paso a delante con la creación de la E.N.Bazán. Al año siguiente los comercios sufren un revés con el traslado de la escuela de guardamarinas a Marín. En ese mismo año se funda el Club Deportivo San Fernando. En el año 1945 se inaugura la Ermita del Cerro de los Mártires, cerca del lugar donde fueron martirizados San Servando y San Germán. En la explosión de los polvorines de Cádiz, en 1947, muchos heridos fueron llevados al hospital de San José, polvorines que poco después fueron trasladadas a los Polvorines de Fádricas. En 1952 se construye el muelle de Gallineras. En la segunda mitad del siglo XX comienza el crecimiento demográfico de San Fernando, construyéndose nuevas barriadas (La Bazán, La Ardilla…). En 1965 aparece el Mirador de San Fernando. En esa época en CD San Fernando se encuentra en su mejor momento, llegando a jugar 10 años en la Segunda División de España. En 1981 se derriba el viejo hospital de marina, construyéndose el actual Hospital militar de San Carlos. En 1986 se construye la variante de la N-IV.

Siglo XXI

En el año 2010 la ciudad isleña celebrará el Bicentenario de las Cortes de Cádiz, motivo por el cual se celebraran en esta ciudad el XIV Campeonato Iberoamericano de Atletismo de 2010.

Bibliografía

  • Castañeda, Vicente (1997). La actual San Fernando (Cádiz) durante el II milenio a. C.. Cádiz: UCA. OCLC 8477864187.

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