031 G003.- La actividad salinera (III)

SAN FERNANDO

La regeneración de las marismas del río Arillo

 

La actividad salinera

Juan José Muñoz Pérez*, Ángel de la Casa Alonso**, Gisela Lorán Benavent*** y Miguel Ángel Avila Puyana****

*Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Doctor en Ciencas Físicas
**Ingeniero de Técnico de Obras Públicas
. Demarcación de Costas en Andalucía-Atlántico. Dirección General de Costas. Ministerio de Medio Ambiente
***Bióloga. Taller de Infenierías, S.A.
****Biólogo. Analiter – Análisis del Territorio, S.L.

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Fig. 3. Las “vueltas de fuera” permiten el acceso y visita al interior de la zona húmeda por encima de sus muros.

La actividad salinera en la bahía de Cádiz está a caballo entre lo rural y lo industrial. Se define como una actividad extractiva que implica una vinculación estrecha e incuestionable a ciertos componentes del medio físico y sólo posible si se efectúa una roturación previa del espacio, es decir, si es creada.

El laboreo salinero constituye un proceso que, aunque aparentemente simple y esquemático, encierra un conjunto de prácticas y técnicas precisas y rigurosas. La realización de estas actividades ha ido configurando una peculiar relación del hombre con la naturaleza, en definitiva, un sistema cultural que podríamos llamar “cultura de la sal”, de un elevado interés etnográfico, antropológico e, incluso, sociolingüístico, por la generación de un argot propio.

La actividad salinera se divide en tres etapas:

  • la roturación o preparación de la salina,
  • la producción propiamente dicha y, por último,
  • el transporte, amontonamiento y salida del producto.

Cada salina dispone de un conjunto de depósitos de agua de distinta morfología, excavados en la marisma y que van siendo atravesados por el agua en el proceso de fabricación.

Se agrupan en tres zonas:

  • de captación y almacenamiento de agua,
  • de evaporación y
  • de cristalización.

Aproximadamente el 30% de la superficie de la salina corresponde a muros y accesos, otro 30% a almacenamiento, otro 30% a evaporación y un 10% a cristalización.

Almacenamiento o “estero

La zona de almacenamiento o “estero”, también llamada “lucio de fuera”, se encuentra situada junto al caño de alimentación, del que toma agua a través de una compuerta, denominada “compuerta de marea”.

  • Consta de dos paredes o muros –la base o “sardiné”– construidos con piedra ostionera y hormigón, y los elementos que sirven para regular manualmente la entrada y salida de agua, construidos en madera de pino de flandes curada y calafateada:

“portalón”, “vírgenes”, “riostra”, “molinete”, “estrobo” y “chicote”.

  • El muro de contención del estero que linda con el caño y limita la salina recibe el nombre de “vuelta de fuera”.
  • Está reforzado con piedra ostionera y estacas para protegerlo de la erosión y sujetar el terreno (Fig. 3).
  • El agua circula por gravedad, mediante las diferencias de nivel del agua almacenada entre un depósito y el siguiente.
  • La comunicación entre unos y otros son compuertas pequeñas, llamadas “largaderos”, de apenas medio metro de ancho.

Evaporación

La zona de evaporación consta de tres subunidades diferentes denominadas

  • vueltas de “lucio”,
  • “retenida” y
  • “periquillo”,

constituidas por canales progresivamente más estrechos y someros, de forma que vaya aumentando la evaporación (Fig. 4).

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Fig. 4. Configuración de una salina tradicional: C, compuerta; L, largaderos; P, poza; PL, playa; R, rienda; Z, zunajo; V, vuelta de afuera. Fuente: Alberto Arias (1995).

Se va produciendo un gradiente creciente de salinidad desde la zona de captación a la de cristalización, lo que determina otro gradiente, pero decreciente, de biodiversidad. También va disminuyendo la altura de las diferentes partes de la salina desde el estero a los cristalizadores.

CONSTRUCCIONES

La pérdida de la actividad de explotación de las salinas provocó que las casas rurales asociadas a las salinas sufrieran también el abandono y la pérdida de la población residente. En las marismas del río Arillo se encuentran tres construcciones de especial interés:

  • la casa salinera de “Tres Amigos”,
  • la del “Sagrado Corazón de Jesús” y
  • el “ventorrillo de Dolores”.

MOLINOS DE MAREA

Otro elemento de gran singularidad en las marismas del río Arillo son los tres molinos de marea existentes en la zona:

  • el del río Arillo,
  • el de San José y
  • el del Arrierillo.

Estos molinos son impulsados aprovechando el flujo y reflujo de las aguas marinas como fuente de energía, cada uno de ellos empleando artilugios y procesos distintos. La mayoría son de rodezno, girando libremente en el interior del cárcavo.

El emplazamiento de los molinos de mareas exige condiciones mucho más restrictivas que el de los molinos fluviales, ya que no sólo se requieren mareas medias importantes (del orden de al menos dos metros), sino también que un estero o estuario sea fácil de cerrarse con una presa, de modo que se convierta en un gran depósito que se llena cuando se alcanza la pleamar y se vacía a través del molino cuando el agua alcanza su nivel mínimo. El molino de marea debe combinar, pues, un embalse para la subida de las aguas que se cierre antes de la bajamar y luego pueda administrase por las compuertas que dan giro a las piedras.

En España, los molinos de mareas se asientan en la costa atlántica, siendo los núcleos más importantes la costa de Cantabria, Galicia y la gaditana. Madoz (1847) cita los tres molinos de marea que se encuentran en las marismas del Arillo, los cuales aparecen todos en el plano de la Isla Gaditana de 1823.

El molino del río Arillo se encuentra detrás del puente por el que pasa la carretera. El río Arillo se cierra con una edificación en ángulo recto perforada en su parte baja por un buen número de arquerías, que constituye el molino, también conocido como molino de Méndez (Fig. 5).

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Fig. 5. Vista del molino del río Arillo.

Según la descripción de Toscano (1984), en el lado oriental hay cuatro arcos de mayor tamaño, por los que el agua al crecer la marea penetra hasta elevar sus compuertas basculantes; cuando el interior del molino está lleno y empieza a decrecer la marea, el propio peso del agua presiona estas compuertas y es cuando puede ser aprovechada para impulsar las doce piedras de molino dispuestas en la nave de la fachada norte.

Sobre los otros molinos de marea, el de San José y el del Arrierillo, no existen estudios detallados, salvo algún documento gráfico. El molino del Arrierillo aparece más deteriorado, probablemente por el uso que de él hace el personal de los campos de cultivo cercanos. En las referencias en los mapas al molino de San José, éste aparece siempre como el “molino viejo”. Según Fernando Amores Carredano, Profesor Titular de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla, el molino de San José posee elementos iconográficos de estilo neoclásico, típicos de construcciones eclesiales, por lo que se puede considerar como de finales de la segunda mitad del siglo XVIII. Presenta un elevado valor histórico, arqueológico, puesto que se ha perdido su uso, y etnográfico, como símbolo de una cultura (Fig. 6).

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Fig. 6. Restos arqueológicos del molino mareal de San José.

El PORN del Parque Natural Bahía de Cádiz insta a la declaración del molino del río Arillo y el de San José como Paisajes Protegidos de acuerdo a la Ley 4/1989, calificándolos como subzona B3 o enclaves histórico-culturales.

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