031 G002.- Los problemas y su origen (II)

SAN FERNANDO

La regeneración de las marismas del río Arillo

 

Los problemas y su origen

*Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Doctor en Ciencas Físicas
**Ingeniero de Técnico de Obras Públicas
. Demarcación de Costas en Andalucía-Atlántico. Dirección General de Costas. Ministerio de Medio Ambiente
***Bióloga. Taller de Infenierías, S.A.
****Biólogo. Analiter – Análisis del Territorio, S.L.

Los estudios que sirvieron de base a las propuestas de actuación demuestran que la causa principal que originó el proceso de desecación fue el abandono de la actividad en las explotaciones salineras tradicionales. La primera gran transformación en el paisaje tradicional tuvo lugar cuando el canal mareal natural (río Arillo) fue modificado en el siglo XV para el desarrollo de las actividades salineras. El entramado natural de caños mareales, en las marismas de la bahía, fue sustituido por el diseño característico de redes de canales que alimentaban a las explotaciones salineras. El ciclo natural de influencia mareal en la zona fue también alterado por la construcción de molinos mareales que mediante el represamiento de los caños y un sistema de compuertas regulaban los niveles de agua, permitiendo su funcionamiento y la molienda del trigo que abastecía de harina a las ciudades de Cádiz y San Fernando. La construcción de las instalaciones salineras dejó amplias áreas de la marisma natural sin ocupar y, por tanto, libres de cualquier impacto, por lo que la nidificación de las colonias de aves continuó, aunque con una lógica ligera reducción.

Este sistema de uso del espacio marismeño se desarrolló durante siglos hasta el final de los años sesenta, cuando este tradicional sistema de extracción de sal no pudo competir con las grandes explotaciones industriales que se establecieron en la zona. Sin embargo, estos modernos sistemas de extracción también han demostrado ser bastante compatibles con la preservación de los ecosistemas, pues es patente la presencia de gran cantidad de peces, camarones, flamencos y limícolas.

Cuando la actividad salinera fue interrumpida, el flujo mareal y el nivel de inundación en las salinas abandonadas pasó a ser regulado exclusivamente con el fin de permitir que los antiguos esteros (embalses de agua de las salinas) permitiesen su aprovechamiento pesquero. Ello derivó en que el mantenimiento de las estructuras salineras sólo se realizara sobre los caños principales de alimentación hídrica y dichos esteros, provocando el deterioro y colmatación del resto del sistema.

En la zona de actuación del estudio, se puede describir, con anterioridad a la situación de abandono de las explotaciones salineras, cómo la corriente mareal fluía por dos canales, de 2.500 metros de longitud y de 12 a 15 metros de ancho, cuyo inicio se encontraba en el almacenamiento de agua que definían el propio río Arillo y las compuertas de regulación situadas en el molino de marea del mismo nombre. Este embalse se lograba gracias a las puertas basculantes del molino que, abiertas por la marea alta, eran cerradas por el propio flujo que retornaba con el inicio de la bajamar. De esta manera el flujo hídrico sólo accedía a las zonas de explotación salinera por dichos canales.

Mientras estuvo operativo, este esquema de funcionamiento hacía posible una eficaz renovación hídrica del estuario, de manera que las áreas permanecían inundadas y con una escasa turbidez del agua, favoreciendo la colonización y el desarrollo de plantas sumergidas (principalmente Ruppia cirrhosa). Esas características fisicoquímicas permitían una elevada biodiversidad en la zona, y trajeron con el tiempo el nacimiento de la industria acuícola, ya que los peces de esas aguas eran de muy buena calidad y, por tanto, muy valorados desde el punto de vista culinario.

Fue el ensanche de la antigua carretera (San Fernando-Cádiz), que discurría paralela a los canales de alimentación del sistema de salinas, lo que provocó un severo proceso de obstrucción hídrica por la reducción en anchura del cauce de éstos. De esta forma, una superficie cercana a las 300 hectáreas sufrió un constante proceso de desecación y estancamiento, de tal manera que la inundación diaria y la abundancia de peces y macrófitas fueron sustituidas por suelo salino, cuarteado por la sequía. La calidad del agua del canal central también decreció paralelamente a la disminución de la renovación hídrica mareal.

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