400 W.- Baluarte o fuerte de Cortadura

SAN FERNANDO – CADIZ

EL CASTILLO DE CORTADURA DE SAN FERNANDO.
 

castillocortadura_cadiz

(Texto: Francisco Orgambides)…… 2 09 2009

La defensa de Cádiz  frente a las tropas de  Napoleón se llevó a cabo, fundamentalmente, desde el fuerte de  San Lorenzo del Puntal y en el pie de  tierra firme del puente Suazo. A la hora de  plantear la resistencia de  la plaza al empuje de  las tropas gabachas se pensó establecer una segunda línea, para el caso de  que los franceses rebasaran La Isla. Los responsables militares pensaron que el lugar idóneo era lo que hoy se llama Cortadura, precisamente porque allí se levantó un nuevo baluarte o fuerte que cortaba el paso a Cádiz  con un lienzo de  muralla hasta la línea de  la bajamar. Es una defensa muy parecida a la que corta el paso en la playa de  Marbella, en Cartagena de  Indias.

Una cortadura militar es una obra en paso estrecho para defenderlo.
Fue necesario contar con el trabajo del pueblo de Cádiz  para levantar el fuerte. Cientos de  gaditanos se presentaron voluntarios para trabajar en la obra y acudieron alegres a la llamada de  la Junta de  Defensa sin distinción de  clases. Incluso se ofrecieron y arrancaron rejas de  ventanas, balaustres y pasamanos para refuerzo de  la fábrica del nuevo baluarte. Durante las primeras semanas, el trabajo se llevaba a cabo en el más completo desorden. Poco después autoridades e ingenieros militares pudieron organizar racionalmente los trabajos y la distribución de  tanta mano de  obra: cada día acudían al tajo los hombres de  un determinado barrio.

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Antonio Alcalá Galiano.

Tanto jornalero en aquel desértico paraje requería alimento. La intendencia dispuso unos enormes peroles llenos de  arroz acompañado de  buenos tasajos (trozos de  carne) y todos los trabajadores comían a la orden de  cucharón y paso atrás. Por cierto que las cucharas de  palo se renovaban a diario según cuenta en sus memorias un testigo presencial: Antonio Alcalá Galiano. (Imagen de la Izquierda). Pero el ardor patriótico se fue deshinchando y algunos comenzaron a pagar para que otros le hicieran el trabajo en la Cortadura. Además la ida y vuelta para guardias y peonadas se dilataba por las juergas y grandes comilonas en los numerosos ventorrillos que jalonaban el camino hacia el fuerte. Al final no se remató la obra pero por fortuna no fue necesario su uso en tiempo de  guerra. Antiguamente caminos, vías del tranvía y carretera esquivaban el fuerte. Una vez pasada la última Guerra Civil la carretera pasó a través de  esta defensa. El tráfico hizo lo que no pudo el francés. El fuerte , con foso, dio nombre al paraje y a la playa, que antiguamente se llamaba playa del Sur, y hoy es una residencia militar.

Hay una curiosa historia en relación con esta fortificación. Los Fernández de Córdova -o Córdoba si se quiere- que fueron descendientes de Gran Capitán, dejaron su huella en Cádiz, dónde vivieron en el tránsito del XVIII al XIX, hasta el trienio liberal.
José Fernández de Córdova mandó la flota que fue derrotada por los ingleses en San Vicente en 1787, pero para la anécdota nos interesa el testimonio de su nieto Fernando, que aunque nacido en Buenos Aires, vivió su infancia en Cádiz, huérfano de padre.
Fue hijo de José Fernández de Córdova, fusilado a los 33 años en Potosí por los insurrectos americanos.

mismemoriasintimasfdzdecordovaiEn “Mis memorias íntimas” cuenta, quien luego sería ministro y por breve tiempo jefe del Gobierno en 1854, que su abuela, Julia de Rojas, era mujer de armas tomar. Esposa del marino derrotado en San Vicente, solía lucir, a modo de cinturón, el fajín rojo con los entorchado de teniente general de su marido, algo que su nieto decía que era común en muchas damas de su tiempo. Lo que no era común es que gustaba de hacerse rendir, cuando salía a la calle o paseaba por la muralla real, los honores de ordenanza que correspondían a su marido, a lo que se veía obligada cuanta guardia, tropa u oficialidad suelta le salía al paso.
Cuenta su nieto que fue muy comentado en Cádiz que mandó arrestar en banderas al capitán del resguardo situado en San Antonio, entonces plaza de armas, porque cuando pasó la severa dama ni formó la guardia ni ordenó batir marcha.
Otro nieto de José Fernández de Córdova y Julia de Rojas, Luis, en enero de 1820, ya alzado Riego pero todavía no proclamada la Constitución de 1812, protagonizó jovencísimo el único hecho de armas que vivió el fuerte de la Cortadura  de San Fernando.
Luis, de 21 años y oficial de Guardias Españolas, con 48 soldados de la Milicia Urbana y dos cañones, desde el fuerte, frenó a las fuerzas sublevadas de Quiroga que avanzaban hacia Cádiz.
Ante la señal de resistencia, los doceañistas dieron la vuelta y el fuerte sigue invicto hasta hoy, vencido por vándalos y pintadas. (Texto: Francisco Orgambides).

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