009 G010.- Como un “bareto”.

Hablilla

El güichi de Carlos.

Adelaida Bordés Benítez.

Hace unas semanas, este periódico recogía la presentación de una nueva web. Su nombre evoca la idea de un local pequeño pero decidida a encontrar una definición más apropiada rebusqué por aquí y por allá para corroborar lo que intuía, su definición coincide con el “bache” de la capital que fielmente recoge “El Habla de Cádiz” de don Pedro Payán Sotomayor. En él rescata todas esas voces que hemos ido perdiendo, que han quedado relegadas por el olvido o temor a “hablar mal”. Prejuicios tontos, porque forman parte de nosotros y gracias a los estudiosos ven la luz aunque sea un par de veces a los largo del siglo. Sin duda, este trabajo encendió la chispa que nació en las mentes de Adriano de Ory, Emilio Prieto y Kilo Cuadrado cuando juntos elaboraron el “Palabrerío de la Isla”.

Aquí, junto a otras, aparece la que titula la “hablilla” de hoy, definiéndola textualmente como “bareto normalmente en estado lamentable de limpieza, donde se consumían fundamentalmente las chiquitas”. Su lectura avivó el recuerdo del olor a avinagrado que parecía estar pegado a sus puertas de madera, pintada de gris de la Carraca que como un santuario lo guardaba. Al abrirse el tufo se liberaba y loqueaba por varios metros de la calle.

Los güichis eran de barrio, se asentaban a mitad de las calles pero con la separación justa para no interferir en la clientela de los otros, un local pequeño donde servía vino de inferior calidad. Aún quedan, conservan las dimensiones, el estilo y aunque el quinqué sólo sea un adorno se intenta respetar la iluminación, mas en algunos desentona la purga de la máquina del café.

Carlos, el autor de esta web, ha querido rescatar el ambiente de los güichis, hoy moradores solo en la memoria, y con acierto los ha llevado a vivir a la ventana mágica de Internet. Cada vez que se abre, las fotos asoman despabilando el pasado con la certeza de eternizarlo en el futuro motivando la tertulia, el comentario que discurre ente jocoso y nostálgico con su “mijita de historia”: el local, el pasatiempo, las mujeres, el bajío, los güichis aguaeros con una detallada relación de los mismos, un montón de fotografías, una ráfaga a la influencia militar en la Isla que no podría faltar, entre otras secciones.

La página está pensada para entretener instruyendo, pues ciertamente se pasa un rato muy agradable recordando el ayer y viendo los típicos rincones como si el tiempo no hubiera pasado. Quien esto escribe es un poco torpe para estas cosas por eso no puedo menos que felicitar a quienes se dedican a trabajar por la Isla por amor al arte de mostrar lo que tienen o lo que les facilitan para contribuir a su expansión. Cuando nació Internet irrumpió de manera apoteósica, rompió esquemas y se malinterpretaron sus infinitas prestaciones porque se creía que lo único que se podía encontrar eran chats.

El tiempo ha puesto las cosas en su sitio y resulta un banco de datos ilimitado que ayuda en el trabajo sin salir de casa. Por eso Carlos ha querido abrir su güichi, su pequeño local para ensañárselo al mundo, para que todos puedan participar en la tertulia apoyados en un mostrador de teclas, para que contemplen las salinas, para que charlen con los personajes, para que lean los anuncios de periódico, para que participen de su historia, de la extensa historia que posee esta pequeña Isla. Se han abierto las puestas de este local como las alas blancas de un ángel hecho de sol y de sal que planea mecido por un levante suave al atardecer. Enhorabuena.

Adelaida Bordés Benítez.

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