622 H031.- Puerto Real contra los franceses

Bicentenario

LA GUERRA EN PUERTO REAL CONTRA LOS FRANCESES (4 Febrero 1810)

  • Es una pena que en Francia el Fuerte de Trocadero sea más conocido que aquí en España.
  • Muy pocos son los que conocen de su ubicación exacta y de su importancia histórica.
 
 
 El Trocadero
 
E. Caldelas, Junio 2011…. jueves, 16 de junio de 2011… Publicado por
 
Una vez que se supo que las intenciones de Napoleón no eran solo de pasar por el país para apoderarse de Portugal, sino de quedarse con España, se declaró la guerra a Francia. En Puerto Real, siguiendo orden del gobierno, el Sr. Guerra de la Vega, Marqués de la Hermida, procedió a realizar el llamamiento de mozos confeccionándose un alistamiento de 224 hombres en previsión para la defensa de la población.
 
 
 Plano de la Bahía de Cádiz
 
 
El día 9 de Junio de 1808 comienza ya el Trocadero disparando contra los barcos franceses que se encontraban todavía en la bahía de Cádiz, desde la derrota de la batalla de Trafalgar. Al mismo tiempo dispara también la batería de costa que estaba dirigida por D. Juan Ruiz de Apodaca. Todo ello como táctica para destruir los barcos franceses, como así se hizo ya que ahora eran enemigos. A continuación se procedió a restaurar y reforzar los lugares importantes para la defensa: Fort Louis, el Trocadero y Matagorda, realizándose también el caño de la Cortadura para impedir el camino de acceso en caso de invasión.
 
Después del trágico suceso ocurrido en la ciudad de Ocaña, los franceses se dirigen victoriosos hacia Cádiz con su ejército. En la capital es muy difícil entrar por sus murallas armadas y por la defensa con que cuenta la ciudad, al tener alojadas las tropas aliadas británicas. Por el Puente Zuazo en San Fernando no es posible pasar por los destrozos causados por la batalla del Portazgo, así que la única vía es por Puerto Real.
El día cuatro de Febrero de 1810 los franceses llegan a Puerto Real a marcha forzada con la intención de impedir que las tropas, al mando del general Alburquerque, penetren en San Fernando y sirvieran de refuerzo a las pocas con que contaba la ciudad.
 
 
Caño del Trocadero
 
Era un día que llovía a cántaros y el ejército español, al mando del general Alburquerque, destruyó el puente sobre el río Guadalete, lo que hizo que el ejército francés tuviese que dar la vuelta por la Cartuja en Jerez y entrar por el camino de Paterna. Mientras, los puertorrealeños, que se habían quedado para defender el pueblo, incendian, de forma rápida, los almacenes del Trocadero y otras edificaciones que se encontraban en los alrededores, para no dar lugar a los franceses de que se aprovechasen, cuando habían ya cercado Cádiz y San Fernando.
La noche del cuatro de Febrero fue una noche de “espanto y desolación” para los pocos puertorrealeños que se quedaron y permanecieron en sus casas. No solo por la lluvia intensa que inundaba sus calles, sino por las vejaciones que tuvieron que soportar. Los franceses se alojaron en las viviendas vacías y en las ocupadas. Además se apoderaron de todo lo que encontraron. Los soldados, para que se alimentase la caballería, se adueñaron del Pósito y de los almacenes de grano que había en la población. La caballería enemiga avanzó y llegó hasta el Trocadero y la Algaida donde estableció la guarnición en campamento y daban instrucciones a unos dos mil soldados.
 
Las actuaciones que se deciden van encaminadas a una doble tarea: primero reparar las infraestructuras destruidas por las tropas españolas en su retirada y segundo construir otras que se consideraban primordiales para preparar la zona para el bloqueo y asalto dotándola de baterías artilladas, reductos defensivos, cortaduras y trincheras, ya que Puerto Real y el Trocadero son puntos fundamentales para conseguir la ciudad de Cádiz.
Construyen un puente sobre el caño hasta Fort Louis e instalan baterías en ambos lugares. Desde el día 25 de Febrero intentan destruir el fuerte y construir un poblado en la Algaida. Para ello destruyen infinidad de casas de la población para realizar las construcciones con piedras ostioneras procedentes de los derribos. Al día siguiente el cañonero español “San  Justo,” al mando de D. José Sáenz de la Guardia, rompió el fuego contra el enemigo navegando por el caño del Trocadero.
 
 
 Ataque francés a Matagorda
 
El día 28 un grupo de zapadores de Francia intentan atacar el castillo de Matagorda con mucho trabajo haciéndolo de noche, por la dificultad que les causaban los incesantes disparos que se hacían desde el castillo y de la batería del Fuerte del Puntal de Cádiz. Defienden la fortificación una guarnición inglesa que dispara contra las fuerzas que han invadido el Trocadero.
 
El día 12 de Abril, los españoles deciden atacar el Trocadero, Fort Louis y el Río San Pedro con 40 lanchas cañoneras, 3 corbetas y otros barcos. Saltan a tierra las fuerzas y se traba feroz combate pero, ante la inferioridad, tienen que reembarcar dejando numerosos muertos, heridos y la pérdida de varias cañoneras.
Mientras, desde la ocupación, en las calles del pueblo sigue la vida, Los campos y las huertas han sido destrozados, el hambre reina en la población, el tránsito continuo de los hombres hacia el Paseo de las Canteras, a las fuentes a por agua y con los carros llenos de franceses trasladados de un lado para otro del pueblo.
 
Fue nombrado Alcalde D. Esteban Meinadier, que era de nacionalidad francesa aunque residente en la Villa al menos de 1798. Este hombre, como se puede comprender, no puede hacer nada ante la autoridad absoluta del comandante militar. El daño que han producido las tropas españolas a las infraestructuras de esta zona requiere ahora el trabajo de muchos hombres.
 
 
 
 Finca de los Meinadier en la actualidad.
 
Los trabajos más duros que ejecutan los franceses se concentran, sobre todo, en el puente de acceso al Puerto de Santa María sobre el río Guadalete, sobre el puente del Río San Pedro, sobre el puente de pontones y barcazas del caño Zurraque. Reconstruyen el camino de Puerto Real a Chiclana y se prepara un camino que esté a cubierto de los fuegos de la Carraca porque está muy desprotegido desde la zona de ventas hasta Puerto Real.
El trabajo es frenético. Se construyen dos baterías en el mismo muelle y otra en el Trocadero y Fort Louis, baterías en las que los zapadores han intentado acabar con los muros del puente derecho, aunque se hayan tenido que arruinar las cañoneras.
 
El castillo de Matagorda estaba compuesto por una guarnición de 147 hombres, de una guarnición británica, a los que habría que sumar seiscientos hombres que formaban parte de una flotilla de lanchas cañoneras y el navío de 74 cañones “San Francisco de Paula” (Gobernado por el Teniente inglés Thomas Taplen que apoyaban desde el mar la defensa del baluarte.) En definitiva apenas llegaban a 800 hombres en total. Por otra parte el Mariscal francés Víctor, disponía de un contingente de 8.000 hombres para iniciar el ataque.
 
 
 Ataque francés a Cádiz desde Matagorda.
 
A las dos de la mañana del día 21 de Abril comenzó en firme el bombardeo de la artillería francesa sobre el castillo. Desde el castillo se esperó al amanecer para comenzar la respuesta, consiguiéndose en principio gran acierto gracias a la pericia del teniente Brereton de la Artillería Real inglesa, pero la supremacía numérica de los franceses hace imposible mantener la plaza. 
 
En la resistencia de Matagorda se distingue la señora Agnes Harkness, nacida en 1773 en Escocia y que era la esposa del sargento Reston de las fuerzas inglesas. En el castillo solo había dos mujeres entre los defensores. En lo más intenso del fuego ella atiende a los heridos, lleva bolsas de arena a las baterías, carga munición, ayuda a los soldados y a los médicos. Se necesitaba agua para la enfermería y ella se prestó, en medio de los disparos que llegaron incluso a cortar la cuerda, pero ella no se asustó y consiguió llevar agua del pozo. Fue la última persona que abandonó el castillo con su hijo en brazos. Corrió el hecho por la población recibiendo el título de “Heroína de Matagorda.”
 
(En Agosto de 1843 se publica en el periódico inglés “Glasgow Citizen” un interesante artículo mencionando las heroicidades de la señora Reston. Este escrito fue posteriormente reproducido por “The Times.” Por esta noticia se decide hacer una colecta por suscripción popular, para que la heroína pudiera pasar sus últimos días sin problemas económicos, como muestra del reconocimiento que tuvo en su nación.)
 
A medio día el castillo estaba en ruinas, sin munición y con un total de 8 muertos y 19 heridos. Después de una noche tranquila, a las 6 de la mañana del día 22 de Abril comenzó de nuevo el bombardeo, produciéndose la evacuación del castillo a las diez, después de más de dos meses de lucha con el castillo en ruina. Lo abandonan el día 24 de Abril cuando el general inglés pierde una pierna en el combate. Al final, el ejército invasor consigue establecer también una artillería en el molino de marea, llamado de Guerra, que se hallaba en la Cortadura y otra en las Cabezuelas desde donde empiezan a disparar a Cádiz.
 
Desde el navío Atlas se enviaron algunos botes para recoger a los exhaustos hombres que habían quedado. Después de varias escaramuzas de ataque por parte de los franceses, los supervivientes pudieron ser transportados al barco Invencible que los trasladó a Cádiz.
 
De vez en cuando caían bombas en la población. Una cayó sobre el edificio de la Iglesia de San Sebastián, desprendiéndose cascotes y piedras porque la marea estaba llena y las bombarderas o lanchas se podían arrimar más a tierra.
 
Cádiz y San Fernando permanecen indivisibles y lo hacen, no solo por la resistencia que presentan los muros arpillados de los baluartes y de las baterías, no solo por lo intrincado de sus caños, cortaduras y marismas que las protegen, sino porque hay algo más que todos los franceses han podido comprobar y es la gallardía de los valientes que las defienden. Son esos hombres y mujeres que lo han perdido todo y que han puesto sus manos artesanas al servicio del ejército de Alburquerque y de los guerrilleros de las montañas.
 
 
 Prensa de la época.
 
Cuenta D. Diego de Uztariz, cronista clandestino de la época que escribía escondido en el sótano de la iglesia de San Sebastián, lo siguiente:
 
“Esta zona sufre cada día soportando al “rey Bonaparte”que se pasea reglamentando y ordenando la formación de milicias, de guardias cívicas que espíen a sus propios vecinos, que les delaten y que les obliguen a participar como mercenarios.
Los vecinos sienten odio contra Diego Sánchez que se ha dedicado en estos meses a suministrar todo lo que necesitan los ejércitos enemigos y por ello, ha sido nombrado capitán de esos cuerpos.
En este Puerto Real bendito que huele a lentisco y a romero, la milicia recorre los caminos y las calles donde antes solo eran vecinos desarmados. Les requisaron las armas y andan sin uniformes y desarmados, pero son útiles para vigilar, hacer la guardia, patrullar y hacer la ronda por la seguridad pública, mientras abandonan a su suerte sus tierras y oficios.
Los vecinos honrados detestan a estos hombres traidores, como el general Vargas que ha sido nombrado por el Duque de Dalmacia, responsable de esta clase de milicia.
Hay hombres espías que, por un premio de seis mil reales, se han apresurado a formar estas milicias en sus respectivos pueblos por donde han pasado los franceses. Pero analizando en frío esta situación, nos hacemos las siguientes preguntas:
¿Puede un pueblo, en el que el hambre y la carestía, lo ocupan todo negarse a esto?
Pueden las madres continuar alimentando a los más pequeños con sentimientos heroicos y patriotas mientras los enemigos aniquilan en el frente a sus esposos?”
 
D. Manuel Echevarría, que fue más tarde Alcalde de la Villa, es un empresario que posee una fábrica de curtido de pieles y utiliza un sistema para comunicar a Cádiz las actividades del ejército francés en Puerto Real.
El fuego de la batería de Gallineras en San Fernando, impide a los franceses acarrear las maderas que intentan extraer de la zona del Molino de Montecorto, obligándoles a retirarse del pinar.
Por otro lado las cañoneras han hecho fuego desde el caño de Minués a dos carros que venían desde la zona de ventas hacia Puerto Real. Cada vez es más peligroso andar por estos caminos.
Desde la zona del caño de Santi Petri, que dominan los franceses, salen a diario carros con los fragmentos de buques perdidos que recogen en la playa. Ayer apresaron a hombres que llegaron huyendo provenientes de Huelva porque los gabachos habían arrasado todo, desde Huelva hasta Moguer.
 
 
 Fernando VII
 
Roban todo, someten a los hijos, esposas y madres a violaciones mientras los hombres son torturados y muertos por ser testigos de esas violaciones. No se puede consentir esto ni ver a más gentes desnudas por la calle, ni vejaciones a todo lo religioso. Ningún español puede hacerse el ciego o el sordo ante estos horrores.
En el mes de Julio de 1811 fuerzas españolas atacan al ejército francés que sitiaba a Cádiz, desembarcando tropas por la costa y protegiendo la operación una división de lanchas cañoneras que, desde el caño del Trocadero, hacía fuego. En Agosto otra división de cañoneras, junto con unas obuseras procedentes de la Carraca y que estaban al mando de D. Andrés de Salazar y Martínez Vallejo, atacan a las cañoneras francesas que estaban situadas en la costa de la población de Puerto Real.
 
Durante el año 1812 seguían los franceses intentando bombardear a Cádiz sin conseguirlo, así que llegó el día 19 de Marzo y, en medio del ruido por los estampidos de los cañones, fue promulgada la Constitución en las Cortes de Cádiz a las 9 de la mañana.
 
 
 Teatro de las Cortes.
 
El trabajo y el esfuerzo realizado por los franceses ha sido enorme, pues durante dos años y medio han permanecido en Puerto Real deseando bombardear a Cádiz sin conseguir otra cosa que el destrozo del pueblo y el sarcasmo de Cádiz que, mientras bombardeaban, cantaban aquello de:
 
“Tres mil franceses murieron
En la batalla del Cerro
Y ahora han logrado el desquite,
Que una bomba mate a un perro”
 
O también la otra que dice:
 
“Con las bombas que tiran los fanfarrones
Se hacen las gaditanas tirabuzones.”
 
El día 25 de Agosto, después de la derrota de los franceses en la batalla de Chiclana, aparecen ardiendo varios lugares de las líneas enemigas con sorpresa de los puertorrealeños, observando que los franceses comienzan a realizar la retirada. A medio día consigue tomar de nuevo posesión del Trocadero, D. Juan José Martínez, jefe de las tropas españolas que, de inmediato, procede a la demolición de las fortificaciones francesas con personal de la Marina. Del pueblo se hace cargo el Comandante general de la Carraca D. Juan de Dios Topete, el cual no solo no ayuda a la reconstrucción de lo desvastado sino que encima se dedica a llevarse todo lo que es del municipio y también los bienes que son de propiedad particular de los vecinos, sin escrúpulo alguno.
 
Puerto Real quedó nuevamente en ruina total. Las tropas francesas de Napoleón habían ocupado todo el pueblo durante dos años y medio. En la práctica habían utilizado la población como cuartel. El ejército francés derribó sus hermosos edificios de piedra para utilizarlas en la construcción de fortificaciones contra la capital. Los árboles de los pinares de la Algaida y Río San Pedro fueron talados con el mismo fin o para construir barcos con el objeto de atacar a Cádiz. De nuevo Puerto Real tiene que renacer tras la barbarie de una guerra extranjera.

A esta guerra le sucede una situación de revueltas entre constitucionales y absolutistas. La inestabilidad política es casi permanente. Para el colmo del país, en esta época desde 1811 a 1824, se pierden casi todas las colonias que España llegó a poseer en todo el mundo.-
E. Caldelas, Junio 2011.

 
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