061 G006.- Sendero Salina Tres Amigos – Rio Arillo

SAN FERNANDO

Sendero Salina Tres Amigos – Rio Arillo

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mapa

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La blanca sal de la salina de Tres Amigos, el blanco de la harina del molino mareal de Río Arillo y la arena blanca de la Playa de Torregorda… este era el luminoso retrato que, hasta no hace muchos años, podíamos encontrar en la ribera del río Arillo. Este sendero, que la Consejería de Medio Ambiente pone a su disposición, nos brinda una oportunidad única para descubrir la belleza y diversidad del Parque Natural Bahía de Cádiz, un espacio protegido que combina la riqueza natural con los antiguos aprovechamientos humanos.

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Este itinerario cuenta a lo largo del recorrido con varias bifurcaciones. Se inicia en el aparcamiento (Ver 1 en el mapa) situado en la carretera de Camposoto y en este punto ya tenemos una doble opción. Hacia el sur y siguiendo en paralelo la carretera, podemos tomar una pequeña ruta que bordea la marisma y nos permite conocer la vegetación característica del Parque Natural, así como numerosas especies de aves a las que podemos ver descansar y alimentarse desde el observatorio (2) construido para ello.

Volviendo sobre nuestros pasos y atravesando el aparcamiento, iniciamos el camino en dirección a la Salina de Tres Amigos y al Río Arillo. Recorridos unos 800 m. y, en el momento en que la ruta gira a la izquierda, se abre a nuestra derecha el laberíntico entramado de las Salinas. Estas presentan una compleja red de compuertas y canales con los que se daba lugar a un proceso en apariencia complicado, pero muy sencillo en realidad. Primero, el agua pasaba desde el río hasta unos grandes esteros (4), para ir pasando por una serie de canales en zig-zag, llamados lucios y vueltas (3) . Durante todo este proceso el agua se iba evaporando, hasta que en los cristalizadores precipitaba la sal. Ésta era recogida y acumulada en grandes montones de un reluciente blanco, un paisaje tradicional de la zona. A lo largo de este tramo de sendero, tenemos a nuestra izquierda un gran estero.

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Cuando se llega al caño mareal de Río Arillo, el sendero se bifurca de nuevo (5) . La señal nos indica que de frente podemos llegar hasta la que fue la Casa Salinera de Tres Amigos 7 . Esta construcción está formada por dos edificios: uno corresponde a la zona doméstica donde se encontraba la casa, el almacén y la cuadra, mientras que a la derecha tenemos el salón de los trabajadores. Aún hoy, a pesar de su estado ruinoso, podemos imaginarnos a los salineros descansando en el soportal del salón en las épocas más calurosas.

A lo largo del último tramo de esta parte del sendero y antes de llegar a la casa salinera, podemos ver a la derecha los cristalizadores de las salinas (6), mientras que a la izquierda corre el Río Arillo. En la actualidad el río Arillo, límite natural entre los términos municipales de San Fernando y Cádiz, es un canal más de la marisma, cerrado por el avance de las arenas de la Playa de Torregorda, pero en la antigüedad conectaba el interior de la Bahía de Cádiz con la mar.

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En la otra orilla vemos molino mareal de Río Arillo (8) , un ingenio hidráulico que aprovechaba una energía barata, inagotable y natural: las mareas. El movimiento del agua durante las subidas y bajadas del nivel de las mareas movía las grandes piedras que molían el trigo. La Bahía de Cádiz llegó a contar, a finales del siglo XIX, con más de una docena de estos molinos que producían toneladas de harina. De ellos, éste de Río Arillo, con sus doce piedras para la molienda, era uno de los más grandes de la Península Ibérica. Con la llegada de la energía eléctrica, este tipo de construcciones cayó en el desuso y con él, en el abandono. ¡Cuantos sistemas de energía natural hemos dejado atrás!

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Molino Rio Arillo

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Volviendo a la bifurcación que dejamos atrás y tomando el camino de la derecha, nos internamos en las marismas. Pocas se conservan en estado natural, aunque aún podemos observar la Hora que en ellas crece a pesar de unas condiciones extremas de salinidad. Las plantas se van a distribuir según la influencia de las mareas. En la zona más baja, casi siempre inundada, encontramos fanerógamas como la zostera y el alga lechugueta… ¡sí, esa que no tiene un aspecto muy distinto a la que nos comemos en las ensaladas! Conforme nos vamos alejando, la pleamar va quedando más lejos: espartinas y sapinos son los principales habitantes. Ya fuera de la influencia del mar, en la marisma alta, la salinidad es muy grande debido a la fuerza del sol, pero las plantas se las han ingeniado para sobrevivir excretando sal o reteniendo la escasa agua dulce. Son verdolagas, saldillos, brezos de mar y el jopo, parásita de raíces, sólo visible en primavera cuando florece en bellas espigas amarillas.

Pero la marisma esconde mucha más vida, los crustáceos como el camarón y el cangrejo y los peces como la dorada o el boquerón, también viven aquí. Base de la gastronomía gaditana, muchas de las marismas y salinas se transformaron en explotaciones acuícolas para obtener tan preciados manjares. ¡No se vaya sin probar una fresca “dorada a la sal” en alguna de las tradicionales ventas!

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Atravesando las marismas, llegamos a unos observatorios (10) que la Consejería de Medio Ambiente ha dispuesto para la observación de aves. Sea cuidadoso y evite asustarlas. Unos buenos prismáticos y una buena guía de aves se hacen indispensables, sobre todo en otoño, cuando la Bahía se convierte en lugar de paso para miles de aves en su viaje a África. Nos internamos en el diverso mundo de las aves limícolas, aquellas que comen los pequeños invertebrados que viven entre el fango de la marisma. Observe cómo sus picos son alargados y finos, algunos de ellos incluso curvados, para poder llegar mejor a su alimento. Son, entre otras muchas, cigüeñuelas, con su aspecto de cigüeña pequeña, los correlimos, con su divertido correteo por la arena, avocetas y espátulas… y es que la Bahía de Cádiz supone un lugar de máxima importancia para las aves, ¡se alcanza la cifra de 70.000 aves en una misma invernada!

Los vistosos flamencos son habitantes habituales de esta zona, pero la comunidad con más individuos, sin duda, son las gaviotas y limícolas. El final del sendero queda a las puertas de la Playa de Torregorda (11) , donde, tras el cinturón de dunas, no será complicado verlos caminar por la orilla. Si queremos continuar disfrutando del paseo podemos seguir hasta el fondo de saco del río y proseguir el muro de “vuelta de fuera” de la Salina de San Felix , hasta llegar al Molino de Río Arillo.
La oferta de Uso Público en la zona es muy amplia con senderos como la Punta del Boquerón o las Salinas de Dolores.

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