500 C002.- La poblacion militar de “San Carlos” (Departamento Marítimo 1769)

San Fernando

La Real Armada a la estratégica Isla de León, corazón del Departamento marítimo del estrecho

  • Una fecha, la de 1717, fue la indicada para trasladar o fundar la Casa de Contratación, el Departamento marítimo y la Academia de Guardias-Marinas.
  • Real Compañía de Guardias Marinas (1718) instalada en el Castillo de Cádiz
  • La realidad geográfica, envidiable dentro de los presupuestos estratégicos de la ciencia militar del siglo XVIII, convertirá a la Isla de León en un “arsenal naval militar”

LA ACADEMIA DE GUARDIAS MARINAS

El complemento al plan de construcción naval no podía ser otro que el de la formación de una oficialidad de marinos expertos para que pilotasen la Real Armada. Con el fin de alcanzar estas metas se fundó la Real Compañía de Guardias Marinas, iniciativa del intendente general Patiño, quedando instalada en el Castillo de Cádiz. Comenzó a regirse conforme a la Real Instrucción (15-04-1718) que separaba las funciones del “capitán comandante “, al que le correspondía la educación militar de los alumnos, y del “director de Academia”, cuyo cometido fundamental era la formación científica. Para el cargo de director fue nombrado el francés Godin.

El que le confirió un gran impulso a la Real Academia, como había ocurrido con la política de construcciones navales fue el Marques de La Ensenada, que en 1748, envió marinos pensionados a Inglaterra y Holanda para asimilar las últimas técnicas y enseñanzas. Jorge Juan, uno de los elegidos, a su regreso en 1752, le organizó la formación marítimo-militar con nuevos programas y un profesorado muy seleccionado.

Todas estas innovaciones quedaron plasmadas en las “Nuevas Ordenanzas”, redactadas definitivamente en el reinado de Carlos IV (1793). Otros aspectos de las nuevas orientaciones se concretaron también en una serie de publicaciones, exponente del desarrollo investigador y docente: Godín escribió una “Aritmética”, Santiago de Zuloaga dos textos de maniobra y Jorge Juan un tratado de navegación con el título de “examen marítimo”.

LOS TRASLADOS DEL DEPARTAMENTO MARÍTIMO A LAS ISLAS

Con la entronización de los Borbones las principales instituciones comerciales y marítimas se concentraron en la Bahía, y mayoritariamente en la Bahía de Cádiz, una fecha, la de 1717, fue la indicada para trasladar o fundar la Casa de Contratación, el Departamento marítimo y la Academia de Guardias-Marinas.

Pero a medida que las instituciones iban afincándose en Cádiz, y simultáneamente a su progresiva instalación, cobraba cuerpo la idea de albergar diques, arsenales, escuadras y marino en la resguardada Isla de León. Ello suponía un nuevo traslado, esta vez más próximo y dentro del marco de la misma Bahía. Desde las primeras visitas, Patiño, intendente general y presidente de la Casa de Contratación, quedó maravillado de la situación estratégica de la Isla de León. Esta pequeña isla “continental”, aunque unida a la Península por el Puente Zuazo, ofrecía una inmejorable plataforma para materializar los postulados defensivos y ofensivos que el siglo imponía y el Reino necesitaba. Constituía un pedazo de tierra rodeado de caño, de tierras pantanosas dedicadas a salinas, del mar interior de la bahía y del océano exterior.

Concretamente el Caño de Sancti-Petri era como un foso natural que le aislaba de la Península e, incluso, el Caño del Río Arillo le separaba de la isla de Cádiz para un caso de peligro.

Esta realidad geográfica, envidiable dentro de los presupuestos estratégicos de la ciencia militar del siglo XVIII, convertirá a la Isla de León en un “arsenal naval militar”. Pero se oponían serios inconvenientes históricos y jurídicos.

El principal radicaba en que la Bahía estaba seccionada entre villas de realengo (Cádiz- Puerto Real) y villas de señoríos (El Puerto de Santa María-Isla de León).

Patiño que atisbó el problema sirvió de hilo conductor para realizar el cambio. Inició las gestiones (25-11-1727) para transformar una Bahía de señorío, desguarnecida de villas reales, en otra de realengo.

Las preparó con minuciosidad, y lo alcanzó en 1729 con ocasión de la visita de los reyes Felipe V e Isabel de Farnesio a las islas de la Bahía. La decisión real se logró en marzo del mismo año, al finalizar la visita, con el real decreto que rubricó el cambio de jurisdicción.

Fue un 31 de mayo de 1729, cuando se incorporaron a la Corona las villas señoriales de El Puerto de Santa María, de los Medinaceli, y de la Isla de León de los Ponce.

El otro impulso, para convertir La Isla de León en el fortín marítimo más sur occidental, provino del Marqués de La Ensenada, atendiendo a los informes de Juan José navarro, marqués de la Victoria, que sería con el tiempo, en el reinado de Carlos III, capitán general de la Armada. Durante los once años de Ensenada al frente del Gobierno, la Isla De león fue cobrando cuerpo de gran villa con la llegada de funcionarios, técnicos y obreros.

Pero serán las tres décadas carolinas (1759-1788) las que transformarán a la Isla de león. Un hecho decisivo fue el real decreto de 24 de enero de 1766 por el que creaba el Ayuntamiento isleño independiente del de Cádiz. En tres años después se produjo el traslado del departamento marítimo a la conceder la autonomía a la Isla De León tenía como finalidad el crear un municipio que albergase, sin cortapisas de ningún tipo, todos los sueños y proyectos del “Gran Rey”.

Y, precisamente, en 1769 tres años después del decreto fundacional del municipio isleño, Carlos III y su ministro el Conde de Aranda decidieron el traslado del Departamento Marítimo a la Isla de León. El capitán general de la Real Armada, marqués de la Victoria, organizó con rapidez la instalación del Departamento en la nueva sede.

LOS MOVILES IMPULSORES INMEDIATOS

De este modo habían quedados instalados en la Bahía de Cádiz las fuerzas, organismos e instituciones marítimas y comerciales, dentro de una sabia distribución de competencias: La Bahía exterior, con sede en la ciudad de Cádiz, arropaba al centro comercial, y la resguardada Bahía interior cobijaba a todas las fuerzas de la Real Armada, convirtiéndose así la estratégica Isla de León en el corazón del Departamento marítimo del estrecho.

Pero tan pronto como el Capitán general de la Real Armada, marqués de la Victoria, trasladó todos los efectivos a la Isla de León, se suscitó el grave problema de alojar a las tropas de mar y tierra. En el cabildo del 9 de octubre se habló de la necesidad de acomodar al “Real Cuerpo de marina”, y en el del 17 de septiembre del mismo año, 1769 el síndico y procurador Vicente de Iturriagaray y Aróstegui expuso la conveniencia de construir alojamientos con el doble fin de atender a aquellos, como de relevar a los vecinos de las continuas incomodidades.

Esta ubicación de fuerzas militares no solo se refería a las del mar, sino que preveía también la fijación de contingentes de infantería y caballería en el término municipal Los primeros acomodamientos, se realizaron con dificultad alquilando fincas y edificios particulares.

  • La Capitanía General se instaló en la casa 225 de la calle Real
  • y los Caballeros Guardias marinas en las casas o colonia del Sacramento reformada para este cometido.

Ante las numerosas dificultades existentes para aposentar con el debido decoro, las tropas y los organismos trasladados, fue creciendo la idea de construir nuevos alojamientos en el Norte de la isla, contiguos a la Carraca.

Ya existieron proyectos anteriores localizados en ese “norte isleño”, como el de Ensenada que incluía iglesia, dos hospitales y dependencias secundarias, aunque no se pudo llevar a cabo porque el famoso ministro de Fernando VI fue destituido en 1754. Cuando cobró cuerpo y se materializó la iniciativa de construir nuevas dependencias fue ya muy entrada la década de 1770 con Carlos III.

También pudieron influir otros móviles más rastreros en la localización del proyecto. Estos serían los intereses especulativos de algunos Grandes, ricos propietarios de fincas rústicas, como el duque de Arcos, teniente general y capitán de la compañía española de los reales Guardias de los Corps, el marqués del Parque y don José Cazalla, después marqués de Casa alta, que poseían los terrenos en el Monte de Casa alta, elegidos por la Corona para situar la población de San Carlos y el Observatorio astronómico.

'Poblado Naval de San Carlos'

LOS PROYECTOS SOBRE LA POBLACIÓN

Se conocen varios proyectos, aunque todos ellos se vieron progresivamente recortados debido s los sucesivos apuros económicos que sufrió la Hacienda real del último siglo XVIII. El primer proyecto, ideado era de una grandiosidad urbanística y arquitectónica.

'Poblado Naval de San Carlos'

Todo un conjunto monumental que contaba con treinta y dos calles y cuatro plazas. Se atribuye a Francisco Sabatini que lo imaginó como un gran pentágono, configurando una planta de cinco cuerpos con amplios pórticos que proporcionarían magnificencia y grandeza al conjunto.

Completaban el proyecto, de acuerdo con la carta hidrográfica de Tofiño, una serie de caños y canales que comunicaba uno con el Arsenal, y el otro con la Bahía interior mediante una dársena con muelles de atraque. Estos cinco cuerpos, con calles y plazas, albergarían los edificios necesarios para llevar a cabo toda una estrategia militar y marítima de primer orden a nivel europeo intercontinental. Entre ellas se contaban: la iglesia , la casa del capitán general, la Intendencia, la Tesorería, la Contaduría, el cuartel de Brigadas y la Academia de pilotos, el hospital y dos cuarteles para la tropa.

No obstante, esta grandiosidad no duró mucho tiempo. Parece ser que ya, en tiempos de Carlos III, se había reducido el gran esbozo, de acuerdo con la real orden del 29 de abril de 1785 comunicada por el conde de Floridablanca. Este proyecto mermado fue realizado por Gaspar de Carbón, Marqués de Ureña y arquitecto-sucesor, que lo ideó como un tremendo paralelogramo, con calles y plazas, trazadas en forma de tablero.

La iglesia fue uno de los edificios más afectados por la reducción, ya que desechó la cripta subterránea por su alto precio, pues en el proyecto original su coste ascendía a 7.733.507 reales.

Para poner en práctica estos deseos, se creó una Junta de Planificación, presidida por el capitán general del Departamento Luis de Córdoba, siendo los ejecutores de la obra el capitán de navío Vicente Imperial Digerí, inspector principal del departamento, y el ingeniero de los diques de La Carraca, Julián Sánchez Bort.

La primera piedra se colocó el 2 de julio de 1786 con el ritual de costumbre, en presencia de autoridades y corporaciones. En la Víspera de esta gran solemnidad, el vicario teniente bendijo una cruz de madera colocada en el lugar que ocuparían el tabernáculo y la nave central.

En esta mínima víspera del inicio de las obras, con la colocación de la primera piedra, se promulgó una real cedula, fachada el 1 de julio de 1786, estatuyendo que la futura población se denominaría “San Carlos” en honor del monarca reinante Carlos III. En mi escrito sobre el conjunto arquitectónico de la Isla de León en el Cerco y en las Cortes (1810-1812) indicó que < recibe este calificativo todo el conjunto residencial que el rey Carlos III, y en cuyo recuerdo se denominaría San Carlos-, ordenó construir en el año 1786. Era un proyecto arquitectónico castrense de grandes miras, acariciado por el Despotismo ilustrado del “Gran rey” que yuxtaponía la población “naval” del Departamento Marítimo con la población de < artesanos>, para la industria militar.

Pero fue a finales de siglo, en tiempos de Carlos IV, cuando definitivamente se sepultaron los grandes proyectos. Se arrinconó definitivamente el de Sabatini. También sufrió duros recortes el gran paralelogramo de Ureña. Ambas reducciones fueron ocasionadas por la penuria económica de la Hacienda Real en plenas Guerras revolucionarias. El resultado final fue la simplificación del < macro-paralelogramo> convertido en plaza alargada con edificios alineados, diseñada por Tofiño. Estos continuos retoques reducirían el aspirado proyecto, en opinión del almirante Juan Cervera, a un sueño como lo vemos en el día de hoy.

LA MATERIALIZACIÓN DE LA POBLACIÓN

La primera piedra se coloco con solemnidad el 2 de julio de 1786, y desde esta dichosa fecha se iniciaron las obras con gran entusiasmo, dirigidas por el ingeniero Ignacio Imperial Digueri. Los avances en la excavación y la pavimentación fueron vertiginosos, y cobraron un impulso mayúsculo cuando fue nombrado superintendente de las obras el Marques de Ureña (28-7-1789) y colaborador adjunto el ingeniero capitán de fragata Francisco Ampudias.

No obstante, el fantasma del “paro” no tardo en llegar. La crisis internacional y los gastos bélicos, principal mente los preparativos para la guerra ofensiva de los ejércitos legitimistas contra la Francia revolucionaria, arañaron créditos para la prosecución de las obras. Por eso, se fueron paralizando conforme avanzada el año 1793. Más experimentaron una total detención en los años 1794 y 1795, cuando se extendió por Europa la conflagración de los ejércitos de la Convención.

No obstante, en el último lustro del siglo, aunque con lentitud, se proseguirían las obras, pero con una nueva rebaja presupuestaria de 8 millones de reales.

A comienzos del siglo XIX, antes de iniciarse el nuevo ciclo bélico que daría al traste con todas las previsiones estratégicas de los Borbones españoles, especialmente tras la derrota de Trafalgar (1805), tan sólo se habían finalizado algunos edificios concretos del gran proyecto. Aparecían terminados el cuartel, el convento-casa de franciscanos, casi ultimadas la casa del capitán general y del intendente situadas a ambos lados de la iglesia; en cambio, el templo se encontraba muy atrasado con muros vacíos y todavía sin techar.

Es decir, cuando “acaece” el hundimiento de la Marina Española en las cercanías de los gaditanísimos Caños de Meca, para la que se había proyectado la Gran Población de San Carlos, las obras se encontraban todavía “en pañales”, casi finalizada la casa del Capitán General, la del Intendente, la casa-convento y el cuartel de Infantería de Marina, muy retrasada la iglesia aunque sus obras ya se habían iniciado; y el resto de los edificios: Contaduría, Tesorería, Cuartel y Academia de Guardias Marinas, Cuartel de Brigadas y Academia de Pilotos, sin poner todavía la primera piedra.

Así lo describe Antonio Ponz en una de sus visitas: “De los edificios proyectados estaban en obras la Iglesia Parroquial y un cuartel de batallones”.

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