009 G001.- Vino aguado: agüichi.

SAN FERNANDO

Adictos a La Isla

  • La doble publicación sobre la vida cotidiana de La Isla que este grupo de apasionados por la memoria local ha editado con fines solidarios ha agotado dos ediciones en un tiempo récord.

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Juan José Maruri y Carlos Rodríguez, en su particular güichi, en el que nació la web, los programas de radio y televisión locales y los libros publicados.

Arturo Rivera san Fernando | Actualizado 27.01.2013 – 01:00

“Lugar o establecimiento en el que se despachan bedidas”. Es la definición del término güichi que, aproximadamente, anota el Palabrerío de la Isla, ese particular diccionario de léxico cañaílla que elaboraron Kiko Cuadrado, Adriano de Ory y Emilio Prieto, recientemente fallecido.

El término, algo bien sabido por los isleños, tiene su parte de leyenda al vincular la acepción con una posible derivación de la palabra inglesa whisky, que se remonta a la presencia de las tropas británicas en la villa durante el asedio napoleónico de la Guerra de la Independencia.

Es la leyenda. Otra teoría, sin embargo, afirma que los isleños no llegaron a ver una botella de whisky hasta la década de los años 50 del siglo pasado, más o menos al mismo tiempo que llegó el botellín de Coca Cola. La palabra güichi, utilizada para referirse a locales no demasiado exigentes en cuestiones enológicas, derivaría así de la mezcla demasiado frecuente del vino con agua (o con vino de elaboración propia) que daba como resultado un caldo de escasa calidad para su consumo a bajo precio: agüichi.

El Güichi de Carlos es un güichi especial. Podría decirse que virtual, aunque existe físicamente en la calle Tomás del Valle. En él se bebe buen vino, se contemplan paredes llenas de recuerdos, se miran fotografías en blanco y negro y, sobre todo, se habla de La Isla y se sueña con los viejos tiempos. Sin embargo, no se trata de un establecimiento abierto al público. “Es lo que más pregunta la gente, dónde está ese güichi”, admite el propio Carlos Rodríguez, el artífice de todo el tinglado, que ejerce de amable anfitrión junto a Juan José Maruri Niño, otro de los promotores de una idea que ha ido tomando forma con el paso de los años, fraguándose entre la amistad, los recuerdos, la curiosidad, la afición a la historia y el cariño por las cosas de La Isla.

Un cocktail que en el año 2005 dio como resultado la aparición de una página web dedicada exclusivamente a las cosas de La Isla: elguichidecarlos.com. Fotos antiguas, curiosidades, efemérides, anécdotas… Todo tenía cabida en el portal si trataba de La Isla. En la web, por ejemplo, lo mismo se habla de esa leyenda acerca de la etimología del término güichi que se remonta a la Guerra de la Independencia que de esa Isla de los patios de vecinos que prácticamente ha desaparecido o de los cines de verano que ya no quedan.

No tardaron en darse cuenta de que aquello tenía grandes posibilidades. “Nos vimos desbordados”, dice Carlos. “Hacíamos una página pensada para la gente de aquí. Escribíamos para la gente de La Isla. No sabía -y mucho menos creía- que íbamos a tener tanto alcance, tanta trascendencia”. Hoy -apunta- la página registra una media de 95.000 visitas anuales.

El trío de este güichi virtual se completa con Antonio Sanz Reyes (ausente el día del reportaje por razones de fuerza mayor), otro de los promotores de un grupo que tiene un objetivo claro: mantener viva la memoria de La Isla. “Hablamos con la gente. Nos interesan sus relatos, sus testimonios, sus recuerdos y vivencias… es la vida cotidiana de la Isla”, explica Maruri. “Cuando una persona se muere, se lleva todo un archivo de recuerdos con ella. Lo que pretendemos es recuperar esos recuerdos, que no desaparezcan”, añade.

No es extraño ese afán, porque de esa Isla de la que se habla en el güichi queda cada vez menos. Y a este singular trío le interesa tanto la historia como la leyenda y el mito. “Muchas veces, escuchando a la gente, sus relatos, se desmitifican cosas. Es sabido, por ejemplo, que en La Isla, como sucedió en otras poblaciones, existieron muchas historias de fantasmas. En realidad, eran bulos que se lanzaban para camuflar el estraperlo ya que el miedo ayudaba a alejar a los curiosos”, apunta Maruri. Todo, de hecho, historia y leyenda forma parte de esa memoria que los miembros del güichi -y sus parroquianos y adeptos- no están dispuestos a dejar que se olvide.

La web, no obstante, fue solo el principio. Luego llegaron los programas de radio y televisión local, las colaboraciones, las redes sociales (más de 1.800 seguidores en Facebook). Y el libro. O mejor dicho, los libros, porque finalmente un capítulo -el dedicado a los patios de vecinos- se les fue de las manos y nació otra nueva publicación.

“Tuvimos la idea el año pasado, cuando grabamos el programa número cien para la radio y la televisión local”, cuenta Carlos. Básicamente, se trataba de resumir en un libro todo aquello que era el Güichi de Carlos. “El hilo del libro son las cosas que normalmente se comentan en un güichi: de fútbol, de toros, de cofradías…”. A medida que el libro se iba fraguando empezaron a surgir colaboraciones hasta el punto de que el resultado fue una obra colectiva en la que, de una u otra forma, habían participado 186 personas. Lo presentaron en el Centro de Congresos en el pasado mes de diciembre. En un día, y contra todo pronóstico, agotaron la primera tirada.

 
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