991 MPI004.- M.A. Marcos Fernández presenta

San Fernando

Su novela ‘Luz Mala’: “no paro de escribir”

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27/09/2013. Jesús Varela

ENTREVISTA. La joven editorial de San Fernando Dalya acaba de publicar la novela ‘Luz Mala’, que mezcla ciencia ficción y terror, alrededor del primer viaje a Marte. Obra de Marco Antonio Marcos Fernández, que trabaja en el Observatorio de la Armada, pero sobre todo es escritor compulsivo y aficionado a aprender otras lenguas. Hace casi veinte años quedó entre los finalistas del Premio Planeta con ‘Me Despertaron unos golpes en la puerta’, que aún sigue inédita. “Mientras eres desconocido tienes que gastar muchas energías y tiempo en dar publicidad a tu obra; unas energías y tiempo que podrías emplear en planificar y escribir más historias. Pero, en mi opinión, hay que seguir insistiendo”, es su consejo.

DIARIO BC: La Editorial Dalya acaba de publicar su novela ‘Luz Mala’ y otra más está anunciada para diciembre de este año. Siendo un autor prácticamente desconocido hasta ahora, nos gustaría conocer algunas cosas acerca de usted. ¿Cuándo empezó a escribir?
MARCOS FERNÁNDEZ: Pues creo que empezaría mi labor creativa con cuatro o cinco años; aunque la verdad es que yo, más que escribir, comencé dibujando cómics. Más tarde, en una ocasión en la que mi padre enfermó y mi madre cuidaba de él en un hospital, tuve que quedarme en casa de mis tías; hace poco, me enseñaron un cuaderno de pasta verde en el que yo había escrito mi primera novela. El hecho de que todavía lo guardaran, casi como una reliquia, me emocionó un poco. Se trataba de una historia de Harry Dickson; ya por aquel entonces había leído unas cuantas novelillas de Jean Ray, publicadas por Ediciones Júcar, y que se vendían en Simago a cinco duros cada una. Me encantaban las portadas de aquellos libritos, en las que aparecían chicas guapas en actitudes sugerentes. El título de la novela que yo había escrito en el cuaderno era ‘Misterio en Drury Lane’, nada menos… En el colegio Carola Ribed, me parece que en cuarto de EGB, gané un concurso de cuentos; los premios se entregaban en el Ayuntamiento de Cádiz, con gran solemnidad. A los mayores les entregaban un relojito plateado; a mí me regalaron una edición infantil del Quijote, que leí de un tirón. Más tarde, con veinte años, gané otro concurso convocado también por el ayuntamiento, con un relato que narraba el asesinato de Kennedy como si fuese la crónica de una invasión extraterrestre. Me dieron veinticinco mil pesetas, de las de entonces, que me gasté esas mismas navidades en jugar al billar, beber cervezas y tratar de ligar un poco; apenas aparecía por casa. Me lo pasé muy bien…

DIARIO BC: Más adelante estuvo a punto de ganar el codiciado Premio Planeta de Novela ¿cómo vivió la experiencia?
M.F.: En 1994, quedé entre los finalistas del Premio Planeta de Novela de ese año, con mi obra ‘Me Despertaron unos golpes en la puerta’, que aún sigue inédita; llamé a la editorial para asistir a la cena de entrega de los premios, y fui allí acompañado de mi hermano, al que también le gusta escribir, para ver qué pasaba. Después de la cena, nos sentamos en una de las primeras filas de los asistentes a la rueda de prensa que dieron el patriarca de la empresa, José Manuel Lara; el ganador del certamen, Camilo José Cela; y Ángeles Caso, que era la finalista de aquel año. Cela aprovechó la ocasión para decir aquello de que “el premio Cervantes estaba cubierto de mierda”, dejando estupefacto a todo el mundo. ¡Vaya tipo! La verdad es que fue una experiencia muy interesante. Para ir a Barcelona, que era donde se celebraba el evento, mi hermano y yo viajamos en el Estrella del Sur, un tren que en aquella época tardaba desde Cádiz hasta la Ciudad Condal lo menos catorce o quince horas en llegar… Y podías hacerlo muerto, porque entre los pasajeros había de todo, desde gente normal a delincuentes de la más baja estofa. De hecho, cuando regresábamos a Cádiz en el tren nocturno, un tipo, grande como una casa, se coló en el compartimento en el que íbamos y se puso a discutir con nosotros; tenía ganas de bronca. Mientras mi hermano fue a buscar al revisor, se produjo un apagón en el tren y prácticamente no se veía nada; tuve que enfrentarme a aquel tipo y parecía que íbamos a llegar a las manos, cuando él sacó un cuchillo que debía llevar en uno de los bolsillos traseros de su pantalón… Al menos lo parecía, porque no lo vi bien: en cualquier caso, era un objeto plateado y alargado, que relucía a la débil luz de una luna llena casi oculta por las nubes… Pero en ese momento regresó mi hermano con el revisor, para aclarar las cosas, y el tipo ocultó el objeto. Después de escuchar lo que cada uno de nosotros tenía que decir, el revisor obligó a aquel individuo a bajarse en la siguiente estación. Desde luego, si en alguna novela tengo que describir algún asesinato en un tren, evocaré la noche de regreso de la cena del Premio Planeta y no me cabe duda de que el capítulo resultará muy vívido…

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DIARIO BC: Los nuevos autores siempre se quejan de lo mismo: que es muy difícil publicar. ¿Ha tenido usted la tentación de arrojar la toalla en algún momento?
M.F.: No he oído hablar de ningún escritor que no haya pensado, cuando las cosas no le iban bien, en abandonar su vocación. Mientras eres desconocido tienes que gastar muchas energías y tiempo en dar publicidad a tu obra; unas energías y tiempo que podrías emplear en planificar y escribir más historias. A veces parece que ninguno de tus esfuerzos vaya a dar el más mínimo resultado y es fácil desesperarse. Pero, en mi opinión, hay que seguir insistiendo. En esta vida todo se consigue con esfuerzo, y cada escritor está obligado a pasar su propia travesía del desierto.

DIARIO BC: ¿Qué opina de la autoedición?
M.F.: Si quiere que le diga la verdad, a mí, personalmente, no me gusta. Después de todo, la autoedición puede permitírsela cualquiera que pueda costearla, valga algo su obra o no. En nuestro país es un negocio relativamente reciente, me parece; en el ámbito anglosajón, los ‘vanity publishers’ tienen más solera… Por otro lado, en determinadas circunstancias políticas, la autoedición ha sido, sin embargo, la única forma que existía para que la gente pudiera conocer ciertas obras; esto sucedía en la Unión Soviética (самиздат). Pero aquí y ahora, siento más respeto por los editores que arriesgan su tiempo y, sobre todo, su dinero, sacando a la luz nuevos valores literarios.

DIARIO BC: ‘Luz Mala’ es una novela que mezcla ciencia ficción y terror. ¿Se siente contento dentro de la literatura de género?
M.F.: A mí, los géneros me gustan pero para hacerlos saltar por los aires… O para intentarlo, al menos. Naturalmente, cualquier escritor respetable desprecia las etiquetas, entre otras cosas porque la literatura no puede convertirse en recetas de cocina. Escribiendo esto, esto y lo otro, y sucediendo en tu historia tal cosa y después tal otra, obtendrás una novela de terror… Eso es muy aburrido. La primera novela que leí en mi vida fue ‘Tu vida vale un centavo’, de Lou Carrigan, seudónimo de Antonio Vera. Era una de esas novelitas de a duro que publicaba Editorial Bruguera; aquellos eran unos tiempos muy distintos. Para publicar, muchos autores tenían que hacerlo con un nombre que pareciera anglosajón, lo que ya puede dar una idea del nivel cultural que había en aquella época. En cualquier caso, después de esa leí unas cuantas novelillas del oeste y me di cuenta de que los autores no hacían más que seguir unas pocas recetas de cocina en sus historias; en cuanto lo comprendí, me aburrí enseguida y tuve que pasarme a leer otras cosas. Fue en ese momento cuando cayó en mis manos ‘El Padrino’, de Mario Puzo. No era una lectura para niños, pero me encantó aquella historia sobre la mafia italoamericana. Naturalmente, reconozco esa temprana influencia cuando, mucho más tarde, escribiera mi propia novela sobre la mafia rusa, ‘Феня’ (Fenya), que aparecerá publicada próximamente.

DIARIO BC: Háblenos algo de ella. ¿Qué sabe usted sobre la mafia rusa?
M.F.: Pues sé bastante, no crea… La verdad es que es un fenómeno poco conocido; lo que sabe el público es a través de las películas de Hollywood, claro. Yo he estado muchas veces en Rusia, primero de vacaciones y luego trabajando; tengo muchos amigos allí y poco a poco aprendí el idioma, estudiándolo por mi cuenta. He impartido clases de español en la Universidad Estatal Lingüística de Moscú y en el Instituto Cervantes de la misma capital… Y en esas ocasiones, siempre leía todo lo que podía en la prensa acerca de la mafia y los ladrones de ley, como les llaman allí a los jefes mafiosos… Los usos y costumbres de los воры в законе se conocen poco en la parte occidental de Europa porque la bibliografía relevante a la que se debe acudir para informarse sobre la cuestión se encuentra en ruso, lógicamente; en general, lo que hay publicado en inglés está muy atrasado. Todo el que quiera saber algo sobre la mafia rusa tiene que aprender, primero, esta lengua; por eso se conoce tan poco sobre ella. En ‘Fenya’ narro la historia de un grupo mafioso, los Escorpiones de Tambov, que actúan a nivel internacional y tienen una gran parte de sus negocios funcionando en España, donde quieren abrir un gran casino de juego, dentro de un portaaviones que han fondeado frente a la costa de Marbella. Allí, en la costa malagueña, vive Boris Afanásievitch Kozlov, alias el matemático, junto con su familia; Kozlov es el consejero del jefe del grupo, el ladrón de ley Iván Davídovitch Gninenko, alias Kalashnik, que dirige los negocios desde Moscú. Para llevar a cabo sus planes, tendrán que enfrentarse a otro grupo mafioso de origen georgiano, conocido como el Puño de Acero, que también quiere establecerse en Marbella… Y, como decían en el Un, dos, tres, hasta aquí puedo leer.

DIARIO BC: ¿Cómo se compagina el trabajo diario, la escritura y el estudio? Tengo entendido que, además de saber usted ruso e inglés, está aprendiendo chino. Dígame el secreto. ¿De dónde saca el tiempo para todo eso?
M.F.: No hay ningún secreto: a día de hoy, soy soltero. El tiempo que, si estuviera casado, le dedicaría a la familia, lo empleo en escribir y en aprender idiomas. Trabajo en el Real Instituto y Observatorio Astronómico de San Fernando; soy ingeniero técnico industrial electrónico e ingeniero en organización industrial. Aunque mi formación principal es de ciencias, es obvio que también me gustan las letras. De hecho, espero presentar pronto mi tesis doctoral en la Facultad de Filosofía y Letras, si Dios quiere… En fin, la jornada de trabajo en el Observatorio es continua, desde las siete y media de la mañana hasta las tres de la tarde, lo que te permite disponer del resto del día para hacer lo que quieras… Y ya que lo dice, me gusta estudiar idiomas porque le permite a uno relacionarse con gente de otros países, con circunstancias y costumbres muy distintas a las propias; creo que esto puede enriquecer mi bagaje a la hora de escribir. Además del ruso y el inglés, me defiendo en portugués e italiano, algo sé decir en chino y ahora estoy con el alemán… El tiempo que voy al gimnasio lo aprovecho para desarrollar mentalmente los argumentos y los diálogos de mis historias, mientras hago pesas y natación, que son unas actividades algo aburridas; y de esa forma, cuando me siento ante el ordenador, tengo ya perfectamente claro lo que voy a escribir.

DIARIO BC: Háblenos un poco de su hermano, que también va a publicar próximamente su propia novela.

M.F.: Así es; se titula ‘Lycos’ y es una historia de terror. Es la primera novela que va a publicar y espero que tenga el éxito que se merece; la he leído y me ha gustado mucho. Confío en que escriba y publique pronto otras obras como esa. Tradicionalmente, la literatura de terror y ciencia ficción no ha sido muy apreciada en nuestro país; sólo se le ha reconocido algún valor al realismo mágico sudamericano. Aquí, siempre se han valorado más otras formas literarias, que tuvieran un mayor contacto con el ámbito de lo cotidiano, por así decirlo, como el costumbrismo y la picaresca. Pero ese panorama está cambiando desde hace años y espero que Javier Marcos -ese es el ‘pen name’ que ha escogido mi hermano- nos sorprenda con sus obras.

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DIARIO BC:
¿Qué autores le han marcado?

M.F.: Para mí, no hay nadie como Edgar Allan Poe, diga lo que diga Harold Bloom. Lovecraft también es muy bueno en muchos de sus relatos, pero si te lees las obras completas acabas viendo el mecanismo repetitivo que hay debajo de muchos de sus textos. Ya ha visto usted que huyo de la repetición… ‘La Metamorfosis’ y ‘El Proceso’, de Kafka, son obras magníficas; sus diarios los encuentro muy poco interesantes, sin embargo. De Dostoyevskij todo, menos ‘El Adolescente’ y ‘Humillados y Ofendidos’, que me parecieron muy aburridas. ‘Los Demonios’, por ejemplo, es una novela muy larga; le sobran las cien o doscientas primeras páginas. Hubo una época en que me encantaba H. G. Wells; lo leí todo, ‘La Guerra de los Mundos’, ‘La Máquina del Tiempo’, ‘El Hombre Invisible’… Luego vino Arthur Conan Doyle y las aventuras de Sherlock Holmes; ‘El Extraño Caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde’, de Stevenson; ‘Fahrenheit 451’, de Ray Bradbury; ‘1984’, de George Orwell… Hemingway, por ejemplo, me gusta mucho por la sencillez de su estilo… Naturalmente, en cuestión de novelas, no hay nada como ‘Don Quijote’, huelga decirlo; no deja de sorprenderme que la gente, en su habla cotidiana, siga repitiendo los mismos refranes que dice Sancho Panza, particularmente en la segunda parte de la obra de Cervantes, cuatro siglos después de haber sido escrita. Ahí te das cuenta de la fuerza que puede llegar a tener la letra impresa…

DIARIO BC: ¿Nos puede adelantar otros proyectos?
M.F.: Pues tengo muchos, debo decir que no paro. Ahora mismo estoy escribiendo una historia de terror en la que el protagonista es un arquitecto que acaba volviéndose loco en la misma casa que ha construido. También tengo acabada una novela de unas cuatrocientas cincuenta páginas, ‘El Hombre Obsoleto’, que es la historia de un hombre que, parado y divorciado, se ve obligado a sobrevivir en el interior de un automóvil. Se trata de una tragicomedia en la que el protagonista intenta sobrevivir como puede, enfrentándose a fuerzas mucho más poderosas que él. Se presenta, infructuosamente, a ocupar los puestos de trabajo más extraños: deshuesador-rellenador de aceitunas, barnizador de ataúdes… Desgraciadamente, el funcionario de la oficina de empleo que le ofrece estas colocaciones es otro perdedor de la vida, que aprovecha para descargar sus frustraciones en él. En una ocasión, le ofrece al protagonista un puesto de trabajo que, según él, “se adecúa a su perfil”. Esperanzado, el hombre obsoleto, que es ingeniero eléctrico, se presenta en la empresa que ofrece la vacante, creyendo que van a ofrecerle un empleo de carácter técnico… Y resulta que lo que están buscando es a alguien que mida un metro ochenta y pese setenta kilos, para una plaza de probador de toboganes de parques temáticos. Es decir, que la empresa estaba interesada, efectivamente, en el perfil de los candidatos; pero en su perfil físico, no en el currículum… Prefiero no desvelar nada más de esta novela; si llega a publicarse, espero que los lectores la disfruten a carcajadas. Otra historia de terror a la que le estoy dando los toques finales se titula ‘La Patata Primigenia’; en ella, el personaje principal, después de conocer a una mujer atractiva pero extraña y pasar la noche con ella, desarrolla una curiosa fobia hacia las patatas… Una manía, según la cual, todos los tubérculos del mundo poseen secretamente vida propia y están conspirando para acabar con su vida… ¿Absurdo? El ser humano puede llegar a desarrollar, sin embargo, las obsesiones más extrañas… En fin, que como le decía, no paro de escribir…  DIARIO Bahía de Cádiz

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