403 W.- Río Arillo es un caño

Río Arillo

Río Arillo

El Río Arillo es un caño (no es un río), de la provincia de Cádiz, que separa la Isla de León de la isla de Cádiz, separando por consiguiente los términos municipales de las ciudades de Cádiz y San Fernando.

Hoy coincide aproximadamente con el caño que alimenta los esteros de la salina Tres Amigos, en el término municipal de San Fernando.

El caño Río Arillo constituye el 25% del sistema húmedo de la Bahía de Cádiz.[1]

Longitud3,6 km

Senderismo

Al caño se puede acceder a través de un sendero que parte de la carretera de Camposoto. Dentro del Parque Natural de la Bahía de Cádiz, esta rodeado de marismas y lagunas. Destacan en su trayecto algunos miradores de aves.

‘Salón del obispo’.

“Salón del Obispo”

José María Otero

La entrada de un obispo en su diócesis estaba acompañada de un complicado ceremonial, hoy suprimido en su mayor parte. Al ritual de carácter eclesiástico se unían las tradiciones particulares de cada ciudad.

Cádiz no era una excepción y la entrada de un nuevo obispo llevaba consigo el cumplimiento de algunas curiosas tradiciones. Una de ellas era el recibimiento al prelado en el molino de Río Arillo, límite del término municipal.

El nuevo obispo de Cádiz acostumbraba a pernoctar la noche anterior en San Fernando. Muy temprano, el Ayuntamiento isleño bajo mazas, acompañado del capitán general y del gobernador civil de la provincia, recogía al prelado y lo acompañaba hasta el molino de marea situado en Río Arillo. Mientras tanto, el Ayuntamiento de Cádiz, también bajo mazas, con maceros, clarineros y batidores de la Guardia Municipal, subía en unos carruajes en la plaza de San Juan de Dios para marchar hacia Río Arillo.

A las doce en punto de la mañana, el prelado pisaba el término municipal. El alcalde se adelantaba hasta la puerta del carruaje para dar el discurso de bienvenida. El obispo agradecía el saludo y ambas comitivas pasaban al interior del molino, a un salón cedido galantemente por el propietario de las salinas y que era conocido como ‘salón del obispo’. Allí las autoridades besaban el anillo del nuevo pastor de la diócesis.

Tras descansar durante una hora, el Ayuntamiento de San Fernando se despedía de los presentes y el obispo emprendía el camino hacia Cádiz en un carruaje con el alcalde y el gobernador. La comitiva, precedida por los batidores, llegaba hasta la iglesia de San José, donde daba comienzo otro curioso ceremonial.

(José María Otero)

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