27 mujeres, diputadas y senadoras de 1977

San Fernando | Mujer

Tras el rastro de las madres de la Constitución Española de 1978

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Vanessa Perondi………….09/03/2014 21:27

Y mi nieta, ¿va a ser política también como la abuela?” Pregunta Virtudes Castro abrazando a su pequeña. Diputada por Almería, fue una de las de 27 mujeres, diputadas y senadoras, que desde su trabajo parlamentario en la legislatura constituyente de 1977, protagonizó el cambio político hacia la democracia en España. Iban las quintas, las cuartas en las listas de sus respectivos partidos, rellenando nombres y dando por hecho, todos -hasta ellas mismas-, que no saldrían. Pero la gente tenía hambre de libertad y, en aquellos momentos y después de 40 años de dictadura, la política era el mejor instrumento para conseguirla.

Y salieron elegidas. Como figura más reconocida y representativa, Dolores Ibárruri, La Pasionaria, que todas recuerdan como una figura etérea que desprendía a la vez seguridad y firmeza, cuando entró en el hemiciclo con Rafael Alberti. Pero, aquel 15 de junio de 1977, también se sentaron en las bancadas Asunción Cruañes Molina, Belén Landáburu, Soledad Becerril, Dolores Calvet Puig, Ana María Ruiz Tagle, Esther Tellado Alonso, Nona Inés Vilariño Salgado, María Dolores Pelayo Duque, Carlota Bustelo, Virtudes Castro García, María Izquierdo Rojo, Rosina Lajo Pérez, Amalia Miranzo Martínez y Mercedes Moll de Miguel -que sí aparecen en el documental-; Gloria Begué Cantón, María Teresa Revilla, Inmaculada Sabater Llorens, Juana Arca Molina y Elena María Moreno González -que no pudieron participar-; Dolores Blanca Morenas Aydillo, Palmira Plá Pechovierto; Dolores Ibárruri, Marta Molina, Pilar Brabo, María Victoria Fernández, Carmen García Bloise y María Rubiés Garrofé -las que ya no están-.

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34 años después, la directora chiclanera Oliva Acosta las reunió a 14 de ellas -cinco no pudieron y ocho ya habían fallecido- en un documental que se convierte en el primer documento audiovisual sobre las mujeres que participaron en esa etapa crucial de la vida política del país. Las Constituyentes se estrenó el 14 de diciembre de 2011 y aún sigue dando satisfacciones a su directora y a todo su equipo.

En la parte alta de Chiclana, Oliva tiene su productora, Olivavá Producciones, donde nos recibe entusiasmada porque están preparando una edición especial de Las Constituyentes, que incluye un DVD más un libro. Esta edición especial conmemorativa incluye contenidos audiovisuales adicionales -el largometraje en versión original y con subtítulos en castellano, francés, inglés y árabe; audiocomentario de la directora; galería de fotos de Las Constituyentes; y el dossier sobre la película-, y material inédito, como los audios originales de las intervenciones de las diputadas y senadoras en las cortes constituyentes de 1977-78,  y piezas audiovisuales extras que recogen, entre otros asuntos, sus versiones sobre el 23 F, o el cortometraje de 2008 Las Constituyentes, origen del documental.

El Consorcio

Para ese año 2008, el Consorcio para la Conmemoración del Bicentenario de la  Constitución de 1812 de Cádiz preparaba un homenaje a estas mujeres y convocó un año antes un concurso para la realización de un documento audiovisual. Y Oliva y su equipo, ganaron. Rodaron un cortometraje, pero “me di cuenta que tenía que seguir con esto”. Por todo el material que tenían “27 documentales más” y, sobre todo, porque “una parte importante de la historia de España estaba sin contar”. Para documentarse, Acosta sólo pudo consultar un libro, Las mujeres parlamentarias en la legislatura constituyente, de Julia Sevilla, fruto de un Consejo Ministros que en el año 2005, el entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero dedicó de manera monográfica al tema de igualdad para celebrar el 8 de marzo. La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega presentó 55 medidas para mejorar la igualdad  y una de ellas era la recuperación de la memoria de las mujeres en la historia política de este país. Y para ello, encargaron a la Red de Mujeres Constitucionalistas una investigación que culminó en ese libro, según explica Acosta.

Pero ella casi que estaba predestinada a hacer este trabajo por la trayectoria profesional y personal que estaba desarrollando. Periodista por la Universidad Complutense de Madrid, fue responsable de comunicación en la sede de la ONU en Nueva York para asuntos de Igualdad y Desarrollo Social. Trabajó duro durante la Conferencia Mundial de la Mujer en Pekín en 1995 y “advertí que con todo el esfuerzo que estuvimos haciendo, solo llegábamos a unas 15.000 personas”, de ahí su paso al documental. Por la puerta grande, porque sus trabajos en Documentos TV, “mi escuela”, Somos lo que comemos e Infancias Rotas, fueron galardonados con importantes premios. Tocó más temas pero lo que le interesaba era hacer proyectos de “recuperación de la memoria histórica de las mujeres”. Reyita fue su primer largometraje, en el que contó la historia de Cuba desde la perspectiva de una mujer negra desconocida hasta para sus hijos, porque “si no sabes siquiera la historia de tu abuela, no puedes pretender entender la historia de tu país o del mundo”. “Lo personal es parte de lo político; la historia personal es tan importante como la social porque conociendo la historia de tus ancestros, vas a poder entender la revolución cubana, por ejemplo”.

Cuando la “esperanza” era la política

Por eso, se entregó con pasión a este proyecto que de corto, se convirtió en largometraje después de dos años de búsqueda de financiación y de intenso trabajo. Incluso, años después de su estreno, Las Constituyentes ofrece nuevo material y sigue teniendo un recorrido de éxito. Sobre todo, en el momento político actual, de hartazgo de la política. Las Constituyentes, por el contrario, ofrece modelos de mujeres en política, que ni se conocían hasta entonces, y que rezuman pasión, honestidad, sentimiento, credibilidad y compromiso, frente a los mensajes actuales que nos llegan desde la clase política española. Madres -de hasta seis hijos como la socialista Asunción Cruañes- esposas, hijas, mujeres en el franquismo, que formaron parte de comisiones de Economía, de Trabajo, de Agricultura, de Defensa y, sobre todo, que trabajaron en la redacción de la Constitución de 1978. Y todo, “sabiendo que habían comido sus hijos aquella noche o qué notas habían sacado”, recuerda Oliva. Quizá el idioma de Shakespeare, las coloca en el sitio de la historia que merecen: las madres de la Constitución, aunque en este país la historiografía general, los medios de comunicación y el imaginario colectivo en definitiva, identifique la Carta Magna como producto del trabajo de los padres de la Constitución.

En Las Constituyentes, Oliva Acosta, ofrece al espectador fragmentos de las entrevistas de estas catorce mujeres que aúnan profesionalidad con emoción y decisión: “Se necesitaba mucho sentimiento y tener claro qué era lo primero y qué era lo de antes”, decía Cruañes. O Castro, cuando recordaba las palabras de su madre: “A mí la política me gustaba y mi madre siempre me decía: tú procura que donde estés, te quieran y no te señalen con el dedo. Por eso, no entiendo que haya personas que digan que están aquí por tener un puesto, por ganar dinero…”. Desde una posición ideológica opuesta, Belén Landáburu, que fue la única mujer que participó en la Ley para la Reforma Política de 1977, con la que se hizo el paso del franquismo a la democracia desde la legalidad, aunque no con el aquiescencia de la izquierda, evocaba en el documental que “la mujer necesitaba la autorización del marido, no podía abrir una cuenta corriente, la patria potestad la tenía el marido, los bienes del matrimonio los administraba él sin ninguna intervención de la mujer, es decir, que la situación de la mujer era bastante patriarcal e injusta”. Su participación fue decisiva para que se rebajara la mayoría de edad de las mujeres de las 25 a 21 años, equiparándola a la del hombre.

En cualquier caso, ellas quisieron “formar parte de la historia y no ser testigos solamente” y desde sus partidos comenzaron a “moverse”: las diputadas recuerdan cómo se recorrieron sus provincias de cabo a rabo, “las feministas, su lucha por despenalizar delitos como los derechos sexuales de la mujer que las mantenía en la cárcel, y las que no lo eran por formación, pero que miraban con agrado estas reivindicaciones y las asumían en su discurso. “En aquellos años, ser feminista no estaban bien visto, eran poco menos que prostitutas. Pero yo veía a todas esas feministas que luchaban por esos derechos, porque la mujer fuera dueña de su cuerpo, porque fuera capaz, de tener aquello que ella quisiera”, rememora Esther Tellado, de UCD por Tenerife en 1977. Y todo eso, siendo madres, esposas e hijas. “…Pero cómo voy a ir en las listas si no puedo darme una ducha a gusto”, recordaba Cruañes.

Cerrar una página
El ansia de cambio y de cerrar una página de la historia permitió llegar a acuerdos que comúnmente se calificó como “la reconciliación nacional”, tal como lo definió Soledad Becerril, diputada por UCD enel año 1977. Y aunque todas valoraron ese consenso y esa lealtad constitucional, la socialista Asunción Cruañes no dejó pasar la oportunidad para aclarar que “hicimos borrón y cuenta nueva, pero lo hizo la izquierda. La derecha había vivido como dios y además estaba en el Gobierno. Eso es así y nosotros nos habíamos tragado muchos sapos y muchas ilusiones en bien de que el país saliera adelante”.

Pero ahora, “esta crisis ha supuesto un retroceso en todos los sentidos para las mujeres”, afirma la directora, que recomienda los cuatro últimos minutos del documental para entender qué es lo que hay que hacer entonces. La película no solo ha recogido los valiosos testimonios de las protagonistas sino que propició un encuentro en el Senado entre algunas de ellas con representantes actuales de la política de todo el espectro político (PP-PSOE-IU-CIU-CC, e incluso desde el poder judicial). Durante más de dos horas, este círculo de poder habló, debatió, confraternizó en un debate que evidenció las diferencias con las controversias de la política de hoy en día. “La secuencia del debate la grabamos sin cortes y duró más de dos horas. Hubo un momento de diferencia de opiniones en el tema de las cuotas pero ellas mismas recondujeron el debate hacia los puntos que las unían”.

De esta manera, las muestras de agradecimiento vinieron desde todas las posiciones ideológicas porque “soy consciente de que somos fruto de toda esa lucha que estuvisteis liderando en esos momentos tan difíciles”, expresaba emocionada Montserrat Surroca, diputada por CIU. Sin embargo, como apuntaba la diputada socialista Carmen Calvo, “cuando los hombres se retiran de la política se les sigue recordando pero de vosotras no hay rastro, volvemos otra vez a la anonimato”. Llegaron a la conclusión entonces de que hay que seguir luchando por la igualdad y por cambiar las propias estructuras de los partidos políticos. “Hay que cambiar el ADN de los partidos”. “Las ejecutivas de los partidos se hacen a las ocho y media de la tarde o los sábados. Y cuando haces el esfuerzo y te quedas hasta esa hora, luego toman las decisiones tomándose una cerveza en otro lugar”, dialogan entre ellas.

Así que, “las mujeres tenemos que hacer la política porque la política es muy importante, demasiado para que la hagan solo los varones, y si nosotras no lo hacemos, nos la van a hacer por nosotras, que es lo que ha ocurrido hasta ahora”, rememoraba María Izquierdo, diputada socialista por Granada 1977. Para la que fue la primera directora del Instituto de la Mujer, Carlota Bustelo, “el movimiento feminista no debe dejar de existir mientras que no se haya conseguido la completa igualdad de oportunidades” y recomienda que “las mujeres jóvenes no solo sean feministas sino que organicen sus propios grupos feministas”.

Reconocen que fue una oportunidad perdida establecer la prevalencia del varón sobre la mujer en el orden sucesorio de la Corona, pero sólo pudieron salirse todas de la votación, y  coinciden en que la Constitución de 1978 fue un punto de partida para que temas como el de la igualdad sigan desarrollándose. Porque, “creo que al mundo le hace falta un poder como el nuestro”, manifestó Cruañes.

Desconocidas entre la juventud

Y en eso han seguido trabajando en los últimos tiempos Oliva Acosta y su equipo. Dos años después del estreno, Las Constituyentes se ha convertido además en un proyecto formativo que han llevado por diferentes universidades, multitud de institutos de la provincia de Cádiz y asociaciones de mujeres de todo el país. Ha descubierto esta faceta y “estoy encantada” y mientras habla de ello, recibe una llamada de una organización de mujeres interesadas en conocer su trabajo. Disfruta con la transformación que percibe en los más jóvenes cuando conocen quiénes fueron las constituyentes, cómo las mujeres pueden ocupar otros espacios en la esfera pública y la importancia de la política para una sociedad. “Nuestros chicos y chicas tienen un déficit curricular y estos talleres de empoderamiento y ciudadanía con las constituyentes permiten paliar esta carencia”. Y dice convencida: “Las constituyentes son células madre para la regeneración de la política. Vitamina reconstituyente de un tejido político enfermo”.

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