“Sólo sé que no sé nada”

Opinión

No sé si él sabe que yo sé

Francisco Mesa…… 01/07/2013.

PACO MESASomos sabios. Nacemos por aquí con la habilidad de saber sin hacer notar que sabemos. Esa destreza natural nos ayuda a superar situaciones que, de otra forma, se tornarían incómodas. Hace un tiempo, un amigo mío me contó los exabruptos, acompañados de insultos hacia mi persona, que un preeminente munícipe, de entonces y ahora, profirió supuestamente a cuento de alguna crítica realizada en esta columna de opinión. Convenga conmigo que insulta quien puede, no quien quiere; como dice el refrán, y que es mejor no dar al susodicho político satisfacción de ofensa, en vez de emprender a golpes con el truhancillo. A estas alturas, yo no sé si él sabe que yo sé de sus tropelías verbales, pero yo me manifiesto como si no supiera.

Muchas veces me he preguntado por qué queremos saber sin que sepan lo que sabemos. Unos dicen que se debe al hábito atávico heredado de nuestros antecesores, necesitados de negociaciones en condiciones de privilegio. Saber es poder, resumen los entendidos. Yo creo que, sobre todo, prima el gustazo en la respuesta oportuna a quien te quiere sorprender con una noticia supuestamente inédita. ¡Ah, la satisfacción de comentar con desdén: “Ya lo sabía”.

Ese momento llega de forma inevitable. Dentro de poco, por ejemplo, se desvelará la vileza de un político local, encumbrado más por el interés que por sus obras. Creo que él no sabe hasta qué punto sabemos del alcance de sus mentiras. En realidad, lo supe desde que mintió la primera vez, por pura intuición; pero, para más satisfacción, he alucinado con los rastros que dejan algunos que se creen por encima del bien y del mal. Cuando llegue el momento, reconozco mi impaciencia por que llegue pronto, se sabrá con todo lujo de detalle. Entonces, exclamaré a quien toque tener como interlocutor “¡ya lo sabía!”.

Algunos políticos, sobre todo con quien nos toca vivir cotidianamente, no ayudan. Quiero decir, que no favorecen el que podamos saber sin que se sepa que sabemos. Llego a pensar que estamos delante de una transformación genética en las tierras gaditanas, de forma que algunos especímenes empiezan a destacar por la habilidad opuesta a nuestro modo natural de ser: hacen notar, a las primeras de cambio, que no saben. Así de simple. La última sesión plenaria del Ayuntamiento de San Fernando es un ejemplo de la riqueza cromática de la sabiduría en hacer saber que no se sabe y en su contrario.

Primera muestra, el que llega tarde en enterarse y aún no sabe. El Sr. Cano quiere saber si es cierto que el tranvía ha supuesto un endeudamiento de cinco millones de euros al ayuntamiento. Como en los chistes, algunos llegan tarde. Al menos, hay que reconocerle la voluntad y el esfuerzo para poner luz a un turbio asunto que viene de lejos, aunque convendría que revisara sus reflejos. Quizá nuestros bisnietos tengan cabida información sobre el tema, la esperanza nunca se pierde. Una propuesta, Sr. Cano ¿por qué no investiga directamente sobre el expediente, a ver si le dejan leer un solo documento “sensible”? Si lo consigue, le damos premio y después nos lo cuenta ¿vale?

Segunda, el que todavía no sabe. La intervención del segundo teniente de alcalde me hace añorar las intervenciones del Sr. Nieto. Al menos éste, pone ardor y vehemencia en sus ataques a la oposición, casi-casi socialista, hasta el punto de rotura integral de cara; pero no presume de su capacidad personal, sino del trabajo de su grupo, que defiende a muerte. El Sr. Martínez luce arrestos y amenaza con impedir la construcción de la subestación para el tranvía. ¡A que va a ser que no! Lo veremos, pronto, en la ceremonia de la primera piedra; al tiempo. Sus ínfulas mediáticas muestran a las claras que no sabe nuestro concejal con quién se las está jugando. Amenazas a quienes han realizado obras sin proyectos válidos, con unas cuantas sentencias en su contra y con el BOJA como herramienta laminadora de voluntades isleñas… ¡Bah! En una de éstas, le colocan la subestación en la plaza del Zaporito y adiós negocio.

Tercera, el que se enfada porque sabe que saben. Muy acertado me parece el Sr. Reyes reclamando más bibliotecas para la ciudad. Le hubiese bastado recordar el PGOU del 92, aún vigente por mucho que se empeñen, con alguna que otra biblioteca pintada sobre papel en donde se han levantado unos poco lectivos pisos. “¡Esto es una pantomima!”, gritó despechado cuando le dieron  nones -a la cultura le dan nones casi todos en La Isla-. Esas cosas, cultura, libros, bibliotecas, no dan dinero, Pedro; deberías saberlo. Consuélate; los mismos que votaron en tu contra saben que los plenos están entre la medio pantomima y pantomima completa, pero hacen notar que no saben que es así.

Cuarta, los que nunca saben. Eliminaron una zona verde, pero dicen que lo hicieron sin saberlo. Un error ¿de quién? No se sabe. La sabiduría que dimana San Google muestra a las claras que sabían que el pabellón multiusos, destrozado y abandonado a su suerte desde que le sacaron los cuartos al Plan E, se construía sobre una zona verde. Para obviar el problema, aseguraron entonces que estaban de acuerdo los vecinos, argumento sin posibilidad de comprobación, y menos ahora. Si quieren, les proporciono cientos de casos donde los mismos que se “cepillaron” la zona verde,  actuaron contra los deseos de los vecinos, si puede servir de contraargumento. Oficialmente, se trata de un error inadvertido por los que nunca saben. Un error que han descubierto ahora, dicen. Estoy convencido que el resto de concejales saben que sabían, pero, todos, hacen como si no supieran. Es más, nos quieren convencer que hubieran actuado si hubieran sabido… ¿de verdad? Pues, para evitar mayores problemas, se han preocupado de deshacer rápidamente el entuerto, quizá con otro error, que la mancha de una mora con otra verde quita y ¡vámonos que nos vamos…!

Comienza el verano, trataré de tomarme las cosas con filosofía y me aplicaré a la apasionante meditación del aforismo socrático: “Este hombre, por una parte, cree que sabe algo, mientras que no sabe nada. Por otra parte, yo, que igualmente no sé nada, tampoco creo saber algo”. Demasiado largo, y ya me embarga la pereza veraniega. Dejémoslo en “Sólo sé que no sé nada”. DIARIO Bahía de Cádiz Francisco Mesa

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