Un reportaje para una revista que se publica en Bélgica y Holanda.

san fernando

Porque Camarón sobrevive a su muerte

  • Unas reporteras holandesas viajan a la provincia para conocer las raíces del flamenco Ayer visitaron la ciudad para saber más sobre Camarón

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Unos jóvenes se hacen una foto en la estatua de Camarón.

Amaya Lanceta san Fernando | Actualizado 08.02.2014 – 01:00

Anneke busca las raíces del flamenco. Va a escribir sobre ello en la revista Grande y en el portal digital http://www.nomadandvillager.com especializados en viajes. Al menos la publicación impresa la leerán unas 50.000 personas, unos 40.000 suscriptores en Bélgica; el resto, en Holanda. Orientó su investigación a la provincia de Cádiz, a través de la Oficina Española de Turismo en La Haya y, después, del Patronato de Provincial de Turismo. Pero fue alguien de la calle, un joven familiar de una amiga de esta periodista -que la acompañaba ayer -, quien le indicó cuando vio el plan de trabajo que no podía dejar de conocer la figura de Camarón. Por eso ayer por la mañana, las guías aguardaban a ella y a la fotógrafa en la plaza de Juan Vargas. Allí comenzaría el recorrido privado (y privilegiado) por algunos rincones significativos en la vida del cantaor. Mientras tanto, unos pasos más alejados, a los pies de la estatua de José Monge Cruz, cuatro jóvenes de Gijón se hacen fotos. Uno de ellos, que se acerca para pedir que le hagan una foto de grupo, comenta: “Venimos a ver todo lo que haya de Camarón”.

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De viajes. Anneke de Bundel y Nicole Franken miran con curiosidad las fotografías que cuelgan de las paredes de la Venta de Vargas. Es uno de los lugares que visitan en los tres días previstos. Con este trabajo planean elaborar un reportaje de ocho páginas para una revista que se publica en Bélgica y Holanda.

Todo lo que haya de Camarón.

Eso significa, actualmente en San Fernando, participar en la ruta institucionalizada o acudir por cuenta propia a algunos de esos lugares en los que se recuerda el paso o no de la figura de este genio del flamenco. No hay todavía, sin embargo, un espacio que aglutine su legado, como el esperado museo, que se antoja esencial. Ante eso, en la plaza Juan Vargas los jóvenes asturianos al menos pudieron ver la estatua y se asomaron a la puerta de la Venta de Vargas. Quizás luego partieron hacia su Mausoleo en el cementerio isleño. Allí muchos aficionados a este arte continúan llevando flores como muestras de devoción, respecto, admiración o nostalgia. La peña que lleva el nombre del cantaor es otro lugar de referencia. Como la fragua, donde su padre trabajaba, de la calle Amargura. Falta, sin embargo, su casa, que espera una intervención necesaria para poder recuperar el inmueble. Su contenido es, de todas formas, una incógnita.

Con la visita guiada de De ida y vuelta este peregrinaje por los orígenes de Camarón de La Isla logra sabiduría, la que se transmite con palabras, sobre su historia personal y profesional, salpicada de anécdotas, y sobre las raíces del flamenco en la zona. Ana del Corral, que forma parte de esa ruta, se encargaba ayer de acercar esta intensa historia de Camarón a la periodista de raíces belgas, pero afincada desde hace años en Holanda. También puso su granito de arena Lolo Picardo, de la Venta, que mostraba algunos detalles o recordaba alguna historieta. Todo, por supuesto, estaba empapado de ese flamenco en el que indaga Anneke de Bundel y que intenta captar con su cámara Nicole Franken. Se lo transmitirán a muchos lectores, y puede que algunos sientan más curiosidad y quieran conocer este patrimonio de cerca.

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Anneke de Bundel y Nicole Franken

Podrán entonces ir, como estas periodistas, a Cádiz y visitar el centro de arte flamenco de La Merced. Desplazarse a Jerez y disfrutar de una bodega, de un espectáculo flamenco en una peña. Y pasar por La Isla y redescubrir los puntos carismáticos de la vida de Camarón. ¿Pero resulta eso suficiente para la ciudad? ¿Saca San Fernando todo el jugo a las posibilidades de su flamenco? ¿Tiene una propuesta atractiva que ofrecer? ¿Sabe venderla a quienes son ajenos a esta riqueza artística isleña? Porque a pesar del tiempo desaprovechado, Camarón, más de 20 años después de irse, sobrevive a su muerte.

 
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