Muchos dirán de mí que era un tío muy razonable.

Paco Melero – El Loco de la salina

Lo falsa que es la gente

 

Paco Melero……. 02/04/2014 20:22

Como todos ustedes saben, y, si no, yo se lo digo, hace unos días murió Adolfo Suárez. El pobre descansó en paz después de pasar unos cuantos años con la cabeza perdida como un servidor. Se celebraron funerales de Estado, se pusieron todas las banderas a media asta, se decretó luto por tres días…Y comenzó a salir gente del más variado pelaje diciendo glorias y merecimientos del difunto.

Yo viví aquella época en que nadie daba un duro por aquel gobierno encabezado por un falangista, que a ver por donde nos salía. Por entonces España era de condición más inestable que la defensa del Cádiz. Después vino lo de la legalización del Partido Comunista, luego lo de Tejero y finalmente Suárez se tuvo que ir aburrido. Fundó otro partido que tampoco cuajó y por fin se retiró a su casa. Todo esto me lo sé de memoria. Lo que no sabía era lo falsa que es la gente.

Ahora resulta que los que le pusieron chinitas, pedruscos y montañas en el camino hablan de Suárez auténticas maravillas. El catalán salta con que allí se le echa de menos, el otro dice que difícilmente habrá un político que se le iguale, el de más allá proclama que era un pedazo de tío, los que se tiraron debajo de los asientos en el Congreso cuando las balas silbaban dicen que era muy valiente. En fin, que me he quedado con la boquita abierta contemplando la de cosas bonitas que se le dicen al que ya ha muerto y no las puede escuchar. Entonces le hicieron la vida imposible y sembraron en su cabeza la semilla del Alzheimer; ahora les faltan palabras para bendecirlo.

Por eso he llegado al convencimiento de que debo hacer una urgente llamada a mis paisanos en particular y a todo aquel que lea estas líneas. Se trata de un simple ruego que en realidad cuesta muy poco trabajo. Por favor, las cosas bonitas que vayáis a contar de mí, cuando me muera, decidlas ahora. Las feas decidlas después de muerto. Hay que tener muy presente (nunca mejor dicho) que, cuando yo esté de cuerpo presente, me voy a enterar de la misa la mitad.

Por lo que ha pasado con Suárez, deduzco que los que ahora no me pueden ver ni en pintura pronunciarán frases preciosas sobre mi persona y sobre la cantidad de valores que albergaba mi pecho. Pero mi pecho ya no va a estar para muchas florituras. Que las digan ahora que puedo oírlas y disfrutarlas. Hasta dirán de mí que era guapo, alto y vistoso. No. Decidlo ahora que estoy vivito y coleando. Por favor, no me hagáis lo mismo que a Suárez. No guardéis las alabanzas a mi persona para cuando yo esté criando malvas. Entonces será tarde, hacedlo ahora. Cuando me cierren los ojos, no podré, ni querré ver a nadie tocándome unas palmitas por lo bueno que fui; tocádmelas ahora que las puedo escuchar y me pueden dar ánimos para afrontar lo que me queda de existencia. Muchos dirán de mí que era un tío muy razonable, cuando ahora me dicen el loco, pero yo no tendré ya el gusto de escuchar semejante alabanza. Que lo digan ahora.    

En cuanto a las instituciones de La Isla, tampoco hace falta que el Ayuntamiento me ponga ahora mismo las banderas a media asta; me conformo con que me ponga ya el reloj en hora, porque no hay manera de salir de las dos y cuarto. Ruego que esas boquitas de piñón que, cuando yo la palme, van a pregonar a los cuatro vientos lo excepcional que yo era, larguen ahora exquisiteces sobre mí, de manera que yo pueda sorprenderme y valorarme en vida mucho más de lo que me valoro. No esperen a que este loco se vaya para el otro mundo sin escuchar de sus paisanos esos detalles que hacen feliz a cualquiera en vida. Y es que no se enteran de que, una vez muerto, el oído no oye, ni la vista ve, ni el gusto se conserva. Y ya puesto a pedir, solicito que arreglen la calle Real ahora para que yo la vea; y las cacas de los perros las quiten ahora para que yo no las pueda oler; y que todo el mundo tenga trabajo ya, y no cuando yo no pueda bendecir a quienes lo hayan hecho posible…Lo dicho, no se pueden ustedes imaginar lo falsa que es la gente.

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Gente puntera.

Paco Melero – El Loco de la salina

 

   Hombres y mujeres de La Isla

 

 

   Paco Melero…..29/09/2013 00:32

 

Me he tomado un descanso en el camino, porque, si los locos no nos cuidamos un poquito, nadie nos va a cuidar y podemos caer de golpe en la rutina o el decaimiento. De modo que aquí estamos otra vez para comentar con ustedes las cosas que suceden en La Isla y las que le pasa a uno de vez en cuando por esta desquiciada cabeza. Ustedes no me habrán echado de menos, pero me echaba de menos yo a mí mismo y por eso hay algo dentro de este loco que le impulsa a escribir cada semana sus vivencias, aunque muchas de ellas les parezcan disparatadas. Han pasado pocos días, pero todavía hierve en el ambiente el acto que tuvo lugar en el Real Teatro de las Cortes el pasado domingo. Se le dio su medalla al Tribunal Supremo para que no decaiga la categoría que se ha estado manteniendo a lo largo de estos años eligiendo para este acto a personalidades distinguidas y herederas de cuanto se fraguó en esta tierra hace ahora 203 años.

A continuación se concedieron cuatro medallas de la ciudad. La primera, cuya intención era destacar la solidaridad, fue para El Pan Nuestro del recordado padre Juan Jiménez Zayas, cuyo esfuerzo estuvo siempre puesto en poner en práctica lo que está escrito claramente en el evangelio, aunque algunos nos olvidemos del tema: dar de comer al hambriento. Medalla merecida, sobre todo por los tiempos que corren, en los que simplemente comer se ha llegado a convertir en un asunto de primera necesidad. Su labor fue continuada por Gema Pery y actualmente por su presidenta Rosa María Giner, quien con otras 40 desinteresadas personas hacen posible cada día que mucha gente pueda tener alguna comida caliente que llevarse a la boca. Que no decaiga por el bien de las personas necesitadas.

La segunda medalla, dedicada a la docencia, fue para Pepe Quintero, persona a quien este loco admira por su trabajo constante y por su desvelo hacia todo lo que se cuece en La Isla. Ha sido uno de los grandes impulsores del espíritu de 1810, coordinador de actividades del Bicentenario y hombre sencillo que siempre puso su amor a esta tierra por encima del aplauso de sus paisanos. Por tu humanidad y por saber estar recibe, Pepe, un abrazo de este loco y muchas felicidades por ese reconocimiento que ha tenido la ciudad contigo.

La tercera medalla, también dedicada a la docencia, fue para Juan Torrejón, hombre que se ha hecho a sí mismo a través del estudio y del trabajo de investigación histórica, y que domina perfectamente los entresijos de nuestra historia. Yo me alegro de este reconocimiento no solo por la amistad que nos une, sino también porque esa distinción ha sido más que merecida. Hablar con él, aunque sea un ratito, de las cosas olvidadas que sucedieron y que suceden en La Isla es un auténtico lujo. Te deseo, Juan, que esa medalla te sirva para seguir ahondando más en nuestro pasado, que al fin y al cabo es el padre de nuestro futuro.    

Finalmente se concedió la cuarta medalla de la ciudad a Sara Baras. Medalla enfocada hacia el arte y muy merecida por cuanto Sara ha paseado el nombre de La Isla por todas partes y lo sigue paseando por dondequiera que va. Eso no tiene precio. Este loco quiere enviarle un beso a Sara, a quien conoce desde pequeña y a la que ahora sigue de lejos por los admirables espectáculos que ofrece. Digo lo mismo con respecto a su madre Concha. Dos bailaoras cañaíllas de postín, de tal palo tal astilla, por las que debemos sentir un orgullo especial. Un sincero abrazo para las dos y para Tano, padre de la criatura y mejor persona.

Por tanto, este loco, que no ha podido ir al Real Teatro de las Cortes, tenía la necesidad de hacer  un reconocimiento público a estas cuatro personas, paisanos ilustres, que engrandecen a un pueblo como el nuestro tan necesitado de gente puntera.

Queden aquí por escrito los sentimientos de este majareta hacia ellos como una muestra de cariño por su labor.

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