Antonio Moreno. ex alcalde

san fernando
“Lo que hicimos hace 25 años perdura”

  • Está a punto de cumplirse el aniversario redondo de la moción de censura que le dejó en la Alcaldía durante 16 años y pronto hará también una década de su salida de la política local

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Arturo Rivera san Fernando | Actualizado 22.06.2014 – 10:53

Un día, cuando ya hacía varios años que había dejado atrás el trajín del Ayuntamiento y la tensión de la política para retirarse a la apacible rutina escolar de la tiza y la pizarra, uno de sus alumnos le dejó sin palabras cuando se acercó y de repente le soltó: “Dice me padre que gracias a usted tenemos una casa”. Aquello, que venía de un niño que no tenía ni idea de que había sido alcalde durante casi 16 años, le conmovió. A punto estuvo de que se le saltaran las lágrimas.

Se cumplen ahora 25 años de aquella moción de censura que abrió en La Isla un tiempo nuevo al enfilar la década de los 90, que cambió su rumbo al dejar la Alcaldía en manos de Antonio Moreno. Genio y figura, imbatible en las urnas, Moreno -en sus mejores momentos, una auténtica máquina de hacer votos- gobernó hasta 2005, cuando cedió el testigo a su segundo, Manuel de Bernardo. De Moreno se dice que ha sido el alcalde que mejor ha entendido a los isleños. Dentro de unos meses se cumplirá también otro aniversario: hará 10 años que dejó la Alcaldía.

-Se cumplen ahora 25 años de la moción de censura que le llevó a la Alcaldía y en unos meses se cumplirán también 10 de su salida de la política municipal. Ha pasado bastante tiempo, sin embargo, la gente sigue hablando de Antonio Moreno.

-Pues sí. La gente habla para bien y para mal, claro. Aunque, en general, el trato que recibo es estupendo. Me ven por la calle o paseando por la playa y me saludan con cariño, eso se ve en la cara. Y me llena de satisfacción, la verdad. Hace ya 25 años de la moción de censura. La presentamos un 15 de junio. Recuerdo que coincidía con las elecciones europeas y el partido no nos dio permiso para seguir adelante hasta no saber los resultados. Al final se debatió el 8 de agosto.

-¿Qué ha quedado de todo aquello después de tantos años?

-Muchas cosas, afortunadamente. Coincidiendo con estos 25 años, he escrito una carta a todos los compañeros que presentaron conmigo la moción de censura en 1989. Y les digo que deben sentirse muy orgullosos porque todo lo que hicimos en aquellos momentos por La Isla dio resultado y todavía hoy perdura. Ese proyecto de ciudad que iniciamos entonces sigue vigente. La Isla de hoy sigue levantándose sobre esa base. Son tantas cosas. Cuando planteamos la construcción de la Ronda del Estero me decían que estaba completamente loco… ¡Y fíjese en lo que es hoy! Como alcalde, siempre procuré que la gente se sintiera orgullosa de su pueblo. A este pueblo y a su gente hay que quererlo mucho, muchísimo. Creo que la gente se siente orgullosa de haber participado de ciertas cosas, de esa época, de esa parte de la historia de la ciudad. Por eso en esa carta recuerdo que no ha conocido la ciudad una transformación tan grande como la que impulsamos en aquel momento. ¡Y prácticamente fueron dos años en los que se planteó todo, entre 1989 y 1990! Tampoco ha habido una mayoría como aquella que consiguió el Partido Andalucista en 1991: ¡16 concejales de 25! Había una gran ilusión. La gente estaba entusiasmada.

-Cuando llegó, todavía había calles sin asfaltar.

-Fueron años de progreso. Recuerdo que la barriada Andalucía se conectaba a la ciudad a través de un callejón que alumbraba solo una bombilla de 60. Hoy está la rotonda de los Hornos Púnicos y toda la avenida nueva de León Herrero… ¡Y me da una alegría verla, con sus comercios, con sus bares y terrazas! En su día, cuando inauguré el primer tramo de la calle, dije que iba a ser la milla de oro. Creo que no me equivoqué. Fueron tantas cosas.

-Y se arrepiente de…

-¿Arrepentirme? No, de nada. Porque todo lo que hice fue siempre de buena fe, lo que pasa es que, a lo mejor, en esos momentos, no tenía los bártulos necesarios para poder tomar la decisión más correcta… Quizás hoy, con otra experiencia con otros datos, corregiría algunas cosas… Pero es muy fácil hablar a toro pasado. Tengo una cosa muy clara: todo lo hice queriendo mucho a este pueblo.

Ahora que me pregunta sobre esto, en estos días, con todo lo del Rey, me he estado acordando del día que Don Juan Carlos vino a inaugurar el Teatro de Las Cortes y estaban los trabajadores de San Carlos en pleno conflicto. No se me borrará de la cabeza. Me habían dado una carta para que se la entregara al Rey. Ellos iban a estar en el recorrido que hicimos a pie por el centro, lo habíamos pactado con la Policía. Y cuando pasamos estaban todos los trabajadores y sus mujeres gritando ¡San Carlos, solución! ¡San Carlos, solución! Aquello me impresionó. Cogí la carta, que la llevaba en el bolsillo, se la enseñé a los trabajadores y se la di al Rey allí mismo. Y el Rey, me dijo: “Alcalde, no sé si podré hacer algo, pero la voy a leer y la voy a despachar”. Lo que quiero decir es que siempre hice lo que, como alcalde de la ciudad, creí que me correspondía.

-San Carlos fue un grave problema, pero también le tocó vivir un momento especialmente crítico con Bazán.

-Lo de Bazán fue el momento más complicado, la situación más difícil y, a la vez, el mejor recuerdo que tengo como alcalde: la manifestación de septiembre de 2004, con más de 20.000 personas en la calle. Fue formidable. Recuerdo una reunión que tuvimos en la Biblioteca Lobo para preparar la manifestación. Los sindicatos hablaban de conseguir un respaldo de 14.000 personas. ¿14.000?, les decía yo. ¡Eso es un fracaso! Hace falta más de 20.000 personas. ¡Está en juego el futuro de esta ciudad! Luego, cuando se vio el éxito de esa manifestación, que fue histórica, no me quise poner detrás de la pancarta, a la cabeza de la marcha. Otros políticos de entonces sí lo hicieron. Entonces vinieron a buscarme varias veces a lo largo del recorrido para que me pusiera y me negué. Les dije que no, que esa manifestación era de ellos, de los trabajadores de Bazán.Yo solo era un isleño más que los apoyaba. Para mí ha sido uno de los momentos más importantes que viví como alcalde. También las gestiones que los alcaldes -con Teófila y Barroso- hicimos en Madrid, la votación que le ganamos a Zapatero en el Congreso de los Diputados. Hablamos con todo el mundo: con Convergència y Unió, con Esquerra, con el Bloque Nacionalista Gallego… Allí nos dimos cuenta también de la gravedad de la situación de entonces. Algunos trabajadores y sindicalistas habían escuchado de sus propios compañeros -y yo estaba delante- que la situación en el norte estaba muy bien, pero en el sur no sabían lo que iban a hacer. ¡Lo decían los propios sindicalistas! Y ahora -fíjese- han pasado más de diez años y seguimos pidiendo lo mismo. Me alegro mucho, sinceramente, de las decisiones que se han tomado recientemente, de la carga de trabajo que va a llegar. No podemos perder el sector naval.

-Su historia con el Partido Andalucista acabó y acabó mal.

-Pues sí. Terminó mal, muy mal. ¿Qué pasó? Pues que quise hacer cosas y no me dejaron. Y las mismas personas que habían trabajado a mi lado, que me conocían y que sabían como pensaba, no solo no colaboraron sino todo lo contrario… Me di cuenta de que no tenía nada que hacer. Es una historia acabada. Me di de baja en el partido y, como comprenderá, me dolió muchísimo. He sido alcalde, parlamentario, diputado y hasta presidente del PA… Y siempre luché para que no hubiera esos ismos, ese morenismo del que se hablaba. Sin embargo, me fui y dejaron de sacar buenos resultados…

-Hubo un amago de regreso a la política municipal hace cuatro años con el Partido Popular. Incluso se habló de su posible candidatura a las elecciones.

-Sí, es cierto. Pero la verdad es que nunca me comprometí a nada, salvo a trabajar en un proyecto de futuro para Andalucía que me pareció muy interesante. Javier [Arenas] me preguntó si quería hacerme cargo y le dije que me encantaba la idea. Y es cierto que me habló de otras cosas también, de otras posibilidades… Y le dije que Dios proveería… Nunca le dije que sí, solo que trabajaríamos y tiraríamos para adelante.

-¿Ha cerrado definitivamente la puerta a la política?

-Es la pregunta que todo el mundo me hace. Hay mucha gente que me pide que vuelva. Ahora mismo, no creo que sea el momento. Nunca segundas partes fueron buenas. Estoy con lo que siempre hice, antes de la política: la enseñanza. Estoy muy metido en el tema. Voy a cumplir 61 años, me podía haber prejubilado pero voy a seguir trabajando. Y creo que, cuando las personas se sienten a gusto con lo que hacen, lo mejor que pueden hacer es seguir con ello.

Mire, le voy a contar una cosa que no sabe mucha gente. Yo hice mi carta de dimisión el día en el que entré en la Alcaldía, en 1989. Y la tuve casi 16 años guardada en un cajón de la mesa de mi despacho. Mis compañeros lo sabían para que, cuando ellos quisieran que me fuera o para cuando yo quisiera irme, fuera completamente libre. Y esa mesa, cada vez que había elecciones, la dejaba completamente limpia. Lo quitaba todo. A mí eso me parecía un gesto de respeto con la ciudadanía. Y eso que nunca me equivoqué con los votos. Siempre acertaba con el número de concejales que íbamos a sacar, palabra: cuando sacamos 16 concejales, cuando perdimos la mayoría y cuando volvimos a recuperarla… Siempre lo he sabido. Para eso hay que tener olfato, hay que estar en la calle. Y yo, en las elecciones, no me dedicaba a hacer mítines, me dedicaba a pasear, a tomar café con la gente… Un alcalde tiene que estar pegado al pueblo, respirar la calle.

-¿Y ahora? Desde esa perspectiva que tiene… ¿Cómo ve a La Isla?

-Pues la veo sin ilusión. Y es la ciudad en la que menos ha repercutido el tema del paro. No digo que no haya parados, sino que ha repercutido en menor medida. En otras ciudades del entorno ha sido tremendo, devastador. Lo que decía Avelino de las catorce cosechas siempre ha sido verdad. Y sigue siendo así gracias a funcionarios, a la Bazán, los militares, los prejubilados… Si no, esto ya se habría ido a pique. Pero esta ciudad ha perdido la ilusión en las cosas. No sé por qué, ni los motivos…

-No hay pleno en el que no se hable de las facturas que se quedaron en el cajón.

-Bueno, hay un dicho que repetía que dice Hágase lo que se deba aunque se deba lo que se haga…

-Ahora eso no se puede decir…

-Pero es que esta ciudad necesitaba lo que necesitaba. Y se hicieron cosas que se necesitaban verdaderamente… Le recuerdo que había chabolismo, calles de piedras, problemas de alcantarillado, falta de alumbrado público… A mí me tocó hacer cosas que llevaban esperando mucho tiempo.

-El hospital de San Carlos, ahora también de actualidad, es una lucha que comenzó también allá por el 89-90…

-Son los mismos temas… El hospital, Fadricas, que cuando me fui ya estaba; o Janer, que lo negocié con Pepe Mier… Lo que pasa es que todo lo que depende de otra Administración, te crea problemas…

-Al final, y cuando llevaba años fuera, surge un tema que le termina salpicando: el robo de la caja.

-Lamentablemente sí, el tema más feo además. Es algo que siento mucho por todo lo que ha perjudicado a mi familia.Desde luego, cuesta trabajo que los ciudadanos entiendan que uno esté ahí -como responsable subsidario- sin haberse llevado un duro y sin haber tenido constancia de nada. Hay una anécdota del juicio que se celebró en el Tribunal de Cuentas, cuando el ex interventor, Rafael Monzón, le dijo a la instructora que él se había ido en 2006 y no tenía ni idea de todo esto que estaba pasando. Y yo, entonces, le dije a la jueza: pues si el interventor que se fue en 2006 no sabía nada, yo -que era el alcalde y que me había ido un año antes- qué voy a saber.

-Si ahora volviera a ser alcalde, ¿qué haría?

-¿Qué haría?Pues hacer que La Isla recupere la ilusión.

-Ya, ¿y eso cómo se hace?

-Es muy fácil. Estando atento en la calle a lo que dicen los ciudadanos. Es evidente que hay un problema importante que es el paro y que la ciudad no puede resolver por sí sola. Pero más allá de la crisis, está la ilusión. La ilusión hace que la gente funcione. No lo arregla todo, es cierto. Pero es un motor que hace que uno se empiece a mover, hace que las cosas empiecen a arrancar. Y en San Fernando hace falta que la gente se ilusione con algo.

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