Mala función

 Opinión

 Se abre el telón…

31/03/2014. Francisco Mesa

PACO MESAI Acto
Escena en el merendero de los jardines denominados Parque del Oeste. El ambiente en el merendero era más bullicioso de lo habitual, gracias a una tarde cálida, casi veraniega, y al grupo de estudiantes que narraban sus experiencias en la huelga de la semana. La concurrencia de barbilampiños quinceañeros predominada sobre la de bisoños bachilleres. El tono de voz, claro está, subía en intensidad tanto como la sinceridad de lo que se comentaba.

– Yo quiero ser político; esto me ha gustado– . El espigado y apuesto chico pronunció la frase con convicción y sinceridad.
“Mal empieza en esa profesión –pensé– siendo sincero”. No, no intente como yo deducir cuál es la relación entre participar en una huelga estudiantil y la apetencia profesional tan extraña en un jovencísimo colegial. Continuó la conversación con sus compañeros relatando qué bien se había sentido enarbolando banderas, emitiendo consignas, arropando a otros en sus manifestaciones,
De sus compañeros, ninguna objeción, solo una voz en el grupo que le asesoró:
– Tendrás que estudiar Ciencias Políticas.
– No, no quiero estudiar; solo quiero ser político.

II Acto
Escena en el mismo merendero, misma tarde, idéntico bullicio en el interior de los jardines, atardecer incipiente y temperatura agradable. En el exterior, en la concurrida avenida anexa al parque rompía la armonía vespertina un tránsito del demonio con dirección a Bahía Sur embocado desde la rotonda de entrada a la ciudad en la que incautos visitantes, acostumbrados al tráfico rápido y fluido que proporciona la amplia rotonda y la pericia de todos, sobrepasaban el estricto límite de velocidad impuesto por el ayuntamiento de la ciudad. Consecuencia: un buen atasco provocado por policías multadores, hasta cuatro coches de la policía local implicados en la campaña, y parejas de coches paralizados más conductores encolerizados con su correspondiente multa en la mano, que probablemente se juraban que nunca más vendrían a San Fernando.

Al día siguiente, Loaiza proclamaría oficialmente el incremento notable de ingresos del ayuntamiento gracias a la labor del equipo de Gobierno.

III Acto
Mismo merendero, finaliza la velada con el aperitivo final y la lectura de noticias en un periódico local: el portavoz responsable del tema anuncia que el Ayuntamiento, en ejecución de una sentencia, incoará el procedimiento de revisión de oficio del Sector I de la Casería.

Los concejales de la época, casi los mismos partidos políticos que ahora doce años después, estuvieron envueltos en el sí-no a esa urbanización, conocida como “las torres de La Casería“. Sí, ese destrozo medioambiental promovido por el Partido Andalucista, no el único, que tanta guerra ha dado en esta docena de años. En medio de la historia, y para contentar a la novia, apoyo de los socialistas al PGOU y ahora… los populares haciendo suyos los problemas de los andalucistas con las licencias de esas inolvidables torres. La sentencia es del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, que no da la razón a nadie sino que para pronunciarse necesita más informes, en concreto del Consejo Consultivo, que a su vez necesita una solicitud de dictamen que también precisa un acuerdo del pleno del ayuntamiento, que asimismo requiere la exposición pública y que por tanto requiere que no exista ninguna impugnación insalvable de los ciudadanos. ¿Entienden algo? Pues, agradecería que me lo explicaran, porque suena todo a una componenda legal para dar un carpetazo al tema, de forma “honrosa” para todos.

Conclusión
Póngale un ejemplo, dénle razones al chico de la necesidad de estudiar, si ha elegido la política como carrera. Tomemos nota de la idea del chico: un político es un dilettante profesional, un oxímoron en sí mismo, un aficionado al que le pagan por disfrutar de su afición. Para mantenerles en esa afición, estamos los contribuyentes, a quienes de grado o por fuerza, para algo está la policía, nos sacan los cuartos de tantas maneras como la afición o el oficio les llegue. Finalmente, si llega el caso, basta el cada vez más frecuente “donde digo Digo, digo Diego” para que la ilegalidad lave sus vergüenzas, todo sea por “el bien de la ciudad”.

No sé qué título ponerle a esta función, pero les aseguro que hubiera pagado por no verla. DIARIO Bahía de Cádiz

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