Las mociones

Opinión

Una historia sin final
Francisco Mesa……10/06/2013.

PACO MESAViví en persona la jubilación de un compañero de trabajo. Su labor administrativa era loada por todos. Su entrega a la Administración era absoluta: por su dedicación y esfuerzos brotaban múltiples informes, prolijos, detallados, que daban cuenta de la actividad del departamento y de la producción alcanzada en cada período. Le llamaban para consultarle detalles de operaciones habidas unos meses antes, incluso años. Allí estaban los datos creados por él, fiables y precisos; esperando la consulta a vuelapluma, el cotejo minucioso, la comprobación exhaustiva. Orgulloso de su quehacer, se crecía y, de vez en cuando, preparaba nuevos informes con otra perspectiva y nuevos datos,  en pro del cumplimiento de su misión.

En los días previos al merecido descanso comentaba en confianza a sus compañeros: “No sé qué hará la Administración cuando yo me vaya, pero no me han presentado a quien me releve en este trabajo. Sin mis consejos y experiencia, van a precisar por lo menos dos personas para hacer lo mismo que yo hago”.
 
Se fue… y nada hubo.

Nunca más se volvieron a confeccionar informes, la Administración no los necesitaba. Ningún problema en consentir un trabajo estéril, porque no importaba el dinero. El tiempo nos hizo comprobar que en atención a su edad, a sus méritos le habían mantenido en el puesto haciéndole creer que era imprescindible. Nadie se atrevió a comentárselo en sus visitas, cada vez más espaciadas. “¿Quién hace ahora mis informes?”, preguntaba al principio. Luego ni preguntaba, le hicimos creer que habían creado una oficina especial en la Administración Central para extender su método a toda la organización. “No es lo mismo, antes te teníamos a ti”.

Ya murió, y con él la necesidad, la obligación de tapar una realidad. Desde algunos años antes de su jubilación, su trabajo no servía para nada.

Volvamos a otra realidad. Sesión plenaria en el Ayuntamiento de San Fernando, mayo de 2013. Asuntos municipales tratados que necesitan la aprobación del pleno, 4. mociones, 11; de las cuales sólo 3 atañen a competencias específicas del ayuntamiento. Es decir, más de la mitad del tiempo dedicado a hablar sobre asuntos en los que no se tiene competencia y en los que bastaría un mero trámite administrativo para gestionarlos. Más aún, sólo una cuarta parte del tiempo dedicado a la obligación de aprobar en pleno asuntos municipales. Insisto, sólo la cuarta parte del tiempo dedicado a las competencias propias de nuestros munícipes.

Cada grupo político presente en el pleno aprovechó, como otras veces, la generosidad del sistema montado por ellos mismos para perder tiempo y dinero a nuestra costa. No es la crítica estereotipada, sino la constatación de que gran parte de sus esfuerzos se dedican a tareas que a los ciudadanos no nos sirven para nada.

En el mismo pleno se aprobó con el voto en contra del Partido Popular, una moción de rechazo al Anteproyecto de Ley para la Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local. Intuyo que el rechazo hubiera sido por unanimidad si no fuera por la disciplina de partido en los populares.

Todavía estoy buscando una razón para que se someta a votación una moción que afecta a competencias “impropias” del ayuntamiento ¡y obtenga el rechazo de la mayoría! Veamos qué irrita de este anteproyecto a  nuestros munícipes:

– Clarifican las competencias municipales para evitar duplicidades y eliminar las “competencias impropias”.
– Se fortalece la figura del interventor municipal, que dependerá funcionalmente de la Administración General del Estado.
– Ningún alcalde ni presidente de Diputación podrá cobrar más que un ministro ni las retribuciones de la Corporación Municipal podrán suponer más del 0,6 por 100 del total de gastos del Presupuesto municipal.
– Se reduce el número de concejales en un 30% en total.

En breve, si llega a buen puerto esta Ley en germen, nuestros concejales deberán dedicarse a competencias propias del municipio, serán menos concejales porque no son necesarios tantos, deberá ajustarse sus ingresos y sus actuaciones estarán sometidas a la supervisión estatal, en lo económico, vía intervención. ¿Tan malo es pedir un poco de seriedad y control del dinero público?

No será la primera vez que se atacará el Anteproyecto de la Reforma Local, ni voy a defenderla per se, sino en la parte que me concierne. Como vecino de San Fernando, me gustaría que mi ayuntamiento al completo, se dedicara a competencias propias del mismo, donde prime la preocupación social y el interés de los ciudadanos sobre la política de partido. Será una utopía pedir una corporación al servicio absoluto de los ciudadanos, pero por eso, porque dudo que se alcance, aplaudo que al menos se intente mediante esta ley poner coto a los dislates que, en nombre mío y de otros miles de convecinos, se han cometido en La Isla. DIARIO Bahía de Cádiz Francisco Mesa

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