Estado del Bienestar en estado esquelético.

SOLIDARIDAD

Cuando en las fábricas el bienestar también cotizaba al alza

  • Las medidas sociales de las grandes empresas son ahora envidiadas al ver al Estado del Bienestar en estado esquelético.
  • Economatos, comedores, la ‘Benéfica’, préstamos sin intereses permitían a los trabajadores vivir y atemperar conciencias.
  • La solidaridad entre los compañeros fue la clave para que este sistema funcionase.

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Economato de la BAZAN

Enviado por Vanessa Perondi on 2 junio, 2013

Cartilla de racionamiento, autarquía, falta de abastecimiento, hambre…Mucho hambre que se pasó en este país durante la posguerra. Pero el Estado de entonces, la Dictadura de Franco, articuló mecanismos para que los trabajadores no se encontraran desasistidos, abandonados a su suerte. Ya fuera por el paternalismo propio del Régimen y por aplacar estómagos y conciencias de las clases trabajadoras, el aparato de la Dictadura y las fábricas nacionalizadas, ofrecieron una serie de medidas sociales que hoy, con la distancia, casi se anhelan.

Pero no nos engañemos: Aquellos beneficios que obtenían los trabajadores eran favores de la empresa, derechos que consiguieron paso a paso, pero no eran prerrogativas universales que un ciudadano tiene porque sí. Y, además, el desacuerdo con el sistema se pagaba muy caro.

La democracia trajo la universalización de estas medidas y lo que antes eran beneficios concedidos por la empresa o servicios de la Beneficencia, ahora eran derechos reconocidos por el Estado que fue, poco a poco, convirtiéndose en el del Bienestar. Paralelamente, la acción social de las empresas fue disminuyendo a favor de una Seguridad Social y unos Servicios Sociales más fuertes y completos.

Pero esa progresión se rompió y ahora se mira al pasado, buscando líderes pretéritos y, sobre todo, añorando a esas fábricas, que además de trabajo, daban facilidades para que el trabajador desarrollara su vida de acuerdo al modelo del Régimen. Tampoco era cuestión de salirse. Y de trabajador nada y de obrero menos. La palabra que los definía era la de productor. Las otras eran demasiado rojas.

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Fabrica San Carlos

La Sociedad Nacional de Construcción Naval San Carlos (FSC) y la Empresa Nacional Bazán fueron en San Fernando el pulmón para muchas familias que no trabajan por ni para la Armada. Las dos fábricas —en momentos álgidos— empleaban a casi 5.000 trabajadores y el componente social en ellas era muy fuerte. Aunque las empresas fueron condescendientes y hasta muchas de esas medidas eran gestionadas por los propios trabajadores, eso no calmó los ánimos de libertad y la conciencia de clase de estos productores que fueron precursores del movimiento sindical.

Pero antes de eso, había que trabajar y tener el estómago lleno. Y ya fuera con alubias o arroz, las grandes empresas nacionales como éstas no dejaron que pasara lo contrario. Economatos, comedores, becas, ayudas, grupos de empresa, préstamos, la benéfica… Fueron algunas de las medidas que permitieron que los trabajadores no llegaran con la lengua fuera a final de mes ni que los bancos embargaran sus casas. Entonces, aquello no existía. Porque, además, no lo iban a permitir. La solidaridad entre compañeros era el telón de fondo de este plan social que fue tomando forma poco a poco. Extrabajadores de ambas empresas lo cuentan a El Independiente.

El ‘colomato’

Comenzó en 1940, cuando el Boletín Oficial del Estado publicó la creación de economatos laborales. El argumento era el de la lucha por mejorar la economía hogareña.

En FSC, los auxilios de víveres empezaron a finales de ese año 1940. Su primera ubicación fue en el propio recinto de la empresa y ya se adquirían entonces patatas, boniatos, garbanzos, huevos, tocino, chorizo, lentejas arroz, alubias, aceite de oliva y soja. Todo muy básico pero casi más completo que las cestas que hoy todavía dan las asociaciones benéficas.

En principio, las compras las hacían para el consumo interno de los comedores pero se les facilitaba también a los trabajadores, por lo que se compraba por más. Para pagarlos el sistema era sencillo: se abonaban semanalmente y por adelantado, estableciéndose a posteriori el criterio de compra mensual y el pago atrasado a final de mes.

Ya en 1942, el economato —o colomato, como se decía en La Isla— salió de la empresa y se ubicó en el local de la calle Real que se encuentra frente a la antigua sede de la Cruz Roja. Lo que hoy es una tienda de bicicletas.

Entonces se firmó un convenio con la Intendencia de Marina para conseguir los víveres. Se establecieron, además, las cartillas de racionamiento, indicándose en ellas el número de raciones a las que cada familia podía acceder según el número de miembros del núcleo familiar registrados.

Diecisiete años después, en 1959, el BOE ya publica que los economatos laborales sólo podía tener carácter obligatorio en las empresas con más de 500 trabajadores. San Carlos cumplía el canon y en ese mismo año, el economato amplió su local, se habilitó el patio como almacén y se instaló una oficina de facturación.

El Boletín Oficial del Estado se encargaba también de esquematizar claramente cuáles eran los víveres básicos, la ropa y el calzado y, aunque los precios oscilaban, siempre fueron muy baratos. De hecho, la diferencia de precios con la calle era de alrededor de un 40 por ciento más baratos.

Como anécdota, durante ese año 1959 se vendieron en la Fábrica San Carlos, 37.184 litros de aceite, 8.607 kilos de alubias, 26.592 kilos de azúcar, 4.892 de lentejas, 11.286 litros de soja, 16.643 kilos de arroz, 6.463 de garbanzos, 9.282 botes de leche condensada, 7.611 kilos de harina, 2.080 de tocino, 4.304 cajas de galletas, 20.769 kilos de sosa y un total de 9.231 pastillas de jabón.

En los años 60, el economato de FSC se mudó a su ubicación definitiva hasta su desaparición. Como consecuencia de la construcción de la cooperativa de viviendas Naval San Carlos, ya se establece allí el nuevo edificio, en el bajo de uno de los bloques, que hoy está ocupado por una guardería. Estuvo funcionando hasta bien entrados los años ochenta, cuando se sumerge en la Cooperativa de Alimentación y Consumo de Astilleros Españoles (Coaeco) –también presente en Cádiz y Coapre, en Puerto Real— y finalmente desaparece.

‘Trabajo y humor’

Histórico también el economato de la Bazán en la barriada que lleva su nombre. Además del testimonio de los trabajadores, resulta curioso un reportaje sobre el economato que apareció en la revista Trabajo y Humor, que editaba el Grupo Empresa Bazán Artillería.

Este en concreto es del año 1960 y el periodista entrevista al director del mismo, Julio Roa Talavera. Cuenta que tenían dos sistemas de beneficios: el primero mensual, cuando se efectuaba un reparto de artículos de primera necesidad (legumbres secas, aceite, azúcar, patatas, jabón); y en segundo lugar, de venta libre para la adquisición de calzados, tejidos, productos coloniales y un mercado de carne, pescado, pan, verduras, huevos y leche. Estos productos se podían comprar en torno a un 20 y un 45 por ciento menos.

Cuando el periodista, José Carretero Troya, le pregunta cómo era el sistema de ventas, el responsable del economato deja claro que “al contado” pero aclara que “el director de la empresa, siempre dispuesto a beneficiar en lo posible a sus productores (obreros, trabajadores) tiene en estudio la pronta implantación de un sistema de crédito, que proporcionará a todos las mayores facilidades y ventajas”.

Los productos coloniales eran los más demandados, sobre todo, el chocolate, muy apreciado, al estar acostumbrados aquí, al chocolate terroso, aquel hecho especialmente con harina y que apenas tenía cacao.

Los trabajadores de ambas empresas destacan la autonomía de estos establecimientos y que el control de los economatos quedaba en sus manos. No fue tan fácil, pero en las negociaciones surgidas en el seno de los jurados de empresa del año 1957, se establecen las comisiones de economatos, “siendo ese puñado de voluntarios los que en, aquellos tiempos tan difíciles y complejos, dan un verdadero impulso a la autonomía de los economatos laborales”.

La solidaridad se revela como la vertebradora de todas estas medidas sociales. Otro de los casos paradigmáticos es el de la Asociación de Previsión y Socorro Mutuo, también llamada Benéfica, que en San Carlos se constituyó en 1920. En principio, cubría enfermedades, defunciones y préstamos reembolsables, cuando todavía no funcionaba la Seguridad Social.

Con este fondo común que se acumulaba de una parte proporcional del salario de cada trabajador, todos tenían derecho a un 20 por ciento de ayudas al salario, se abonaba el 80 por ciento de la consulta del médico especialista o, cuando fallecía el titular. se le pagaban a la viuda –o viudo, porque también había mujeres— catorce jornadas. También se establecieron socorros ad hoc para descendientes en primer grado de consanguinidad que tuviesen una situación de emergencia.

Un caso que llama la atención y que los trabajadores destacan como ejemplo de esa solidaridad es que llevaban el dinero a los enfermos a su propio domicilio, exponiéndose a patologías contagiosas. “No sólo lo hacían de manera altruista, perdiendo tiempo de su familia, de su casa, sino que se la jugaban porque iban a todos lados para ayudar a aquel compañero que no podía”.

La ordenanza de trabajo de la Empresa Nacional Bazán del año 1974 mantiene un capítulo entero para el Régimen asistencial, incluyendo comedores, viviendas, economatos y, por supuesto, mejoras de la Seguridad Social para que, en caso de baja, la empresa compensase (en supuestos determinados) la cuantía que le faltaba al trabajador.

En San Carlos, la Benéfica duró hasta 1999, cuando cerró la fábrica aunque fue siendo sobrepasada por la Seguridad Social.

Mención aparte, merece el capítulo de la vivienda. Las fábricas de antes contemplaban también la construcción de casas para sus trabajadores. Distinguía. Siempre hubo clases, y unas serían para empleados y otras para productores. Pero la actividad de FSC y Bazán en este campo nada tuvo que envidiar a la de los grandes constructores de este país, aunque sin burbuja, al menos sin estallido en toda la cara del trabajador.

Vivienda

En el año 1957, por ejemplo, San Carlos construyó 48 unifamiliares conocidas como la promoción de Dulce Nombre de María. Comenzaron pagando 80 pesetas y al segundo año 110. Hoy son de su propiedad. En 1960, las de Santa Rosa, que también eran unifamiliares. Otros 47.

Dos años más tarde, se inicia una cooperativa famosa en La Isla. La de San Ignacio, donde se construyen 390 viviendas. Para la financiación de las obras, los trabajadores pagaban 100 pesetas y cuando se fueron a vivir, 200 pesetas de un sueldo medio de 4.500 que se ganaban.

En el 63, la empresa adelantó a los trabajadores el 25 por ciento del valor de la vivienda para poder adquirirlas. Esto es, 25.000 pesetas de 99.000 que costabas y 150 pesetas al mes de couta.

Veinte años después, continuó su labor constructora pero ya se nota el cambio. Fue la cooperativa Menéndez Pidal que, en 1983, levantó 150 vivivendas pero aquí, la mensualidad ya era de 26.666 pesetas de 60.000 de sueldo medio.

Mucho antes, también San Carlos levantó viviendas para los jefes: residencial Santa Bárbara, pero nunca han querido decir a los trabajadores cuánto pagaban.

La Bazán por su parte adquirió en 1955, 53.411 metros cuadrados en la Huerta de Sacramento y 100.000 metros cuadrados en el Manchón de las Anclas, lo que hoy es la conocida barriada de la Bazán.

En Sacramento construyeron una primera fase de 24 viviendas de un proyecto total de 214. Estas casas estaban destinadas para los empleados de la Factoría y para los de la Fábrica de Artillería. Lo normal era una familia de seis miembros, y destinaban las casas en función de las necesidades de la familia, pero un piso de tres dormitorios correspondía a una familia de ocho. Las del Manchón de las Anclas estaban destinadas a los operarios, los productores. Más humildes que las anteriores, la literatura de la época la describía como “una de las barriadas más bonitas y completas de La Isla”.

Todas estas concesiones paternalistas que luego se convertirían en conquistas sociales fueron extinguiéndose. Con la democracia, los favores, los derechos, que ya ganó la clase trabajadora, se extendieron pero las sucesivas reformas laborales, y sobre todo esta última, junto con el copago, el recorte de la Ley de la Dependencia, en materia de Educación, en materia de Empleo han provocado que la sociedad no tenga mecanismos que le permitan seguir adelante sin sentir el aliento de las entidades bancarias.

Explicaba un extrabajador de Fábrica San Carlos una viñeta: Un trabajador sentado frente al empresario dándole vueltas a su boina mientras espera la respuesta del patrón, tras haberle dicho algo que no se ve. Su respuesta es contundente, “¡Yo no le pago a usted para que coma!”. Bien podría haberlo dibujado El Roto pero es una viñeta de La Perdiz.

El 60% de los trabajadores de la Bazán, a los comedores

Otra de las medidas sociales que las grandes empresas tomaron desde muy temprano fue el establecimiento de comedores. Los famélicos no servían para trabajar y los comedores sociales permitían a los trabajadores poder llevarse un plato de comida a la boca todos los días. En Bazán, había dos: uno para empleados —personal de oficina— y otro para productores —obreros—. Y cuentan que hasta un 60 por ciento de la plantilla hacía uso de ellos. La ordenanza de funcionamiento interno establecía que la empresa dispondrá de comedores para trabajadores y los dotará con material de cocina, cubertería, vajilla y utensilios que precisen. Sufragaba, entre otras cosas, los gastos del personal y dejaba su administración a una junta administrativa nombrada por el jurado de empresa.

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Un juguete para cada hijo

Los grupos de empresa han sido siempre un apoyo de los trabajadores para cubrir necesidades que no eran tan básicas pero también importantes. De hecho, tomaron el relevo del Gobierno en el suministro de ciertos productos a precios más ventajosos. Por poner un ejemplo, en los años 1954 y 1955 el Estado repartió en Navidad 1.400 juguetes y la misma cantidad en kilos de caramelos en Fábrica de San Carlos. Un juguete por niño. Al año siguiente y último, se entregaron 2.000 juguetes y 2.000 kilos de caramelos. A partir de entonces, el Grupo de Empresa FSC —que ocupaba un lateral del comedor— asumía este papel con la venta de juguetes a precios de fábrica y de otros productos. En 1957, el Grupo de Empresa de FSC ofrecía la posibilidad de comprar 14 ciclomotores Ego a 6.499 y 7.499 pesetas.

También ocurría lo mismo en Bazán y en otras empresas señeras de la provincia como las antiguas Construcciones Aeronáuticas, hoy Airbus (Airbus y Airbus Military). El local del Grupo Empresa CASA en Cádiz se ubicaba frente al solar donde antes estaba la empresa, en donde hoy se levanta una residencia de ancianos. Mantienen un pequeño local a la espalda de este edificio y una actividad importante, junto con los grupos de Puerto Real y El Puerto de Santa María. Así, además de viajes a Asturias, Bilbao o Córdoba, ofertan cursos de formación, campamentos de verano o actividades de ocio, y otras ayudas.

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La procesión del Corpus Christi

SAN FERNANDO

El pueblo respalda el retorno a la tarde de la procesión del Corpus Christi

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La procesión del Corpus Christi

elcastillodesanfernando…… Publicado el: Dom, 2 jun, 2013

San Fernando ha vivido con grandiosidad la festividad del Corpus Christi en su regreso al horario de la tarde, algo que ha propiciado que la Plaza de la Iglesia estuviera repleta de público para ver la salida de la procesión. La Comisión Pro Corpus Christi ha acertado en el regreso de la tarde, pero debe afrontar afinar con el horario, ya que la procesión se ha recogido minutos antes de las 23:00 horas, con muchos padres destacando lo tardío de la hora, cuando el lunes hay colegio.

El rigor y la brillantez de la ceremonia religiosa presidida por el obispo diocesano, Rafael Zornoza Boy, y concelebrada por el clero local, fue el preámbulo de la procesión, que ha contado con mucho público a lo largo y ancho del itinerario.

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La procesión ha estado compuesta por los pasos de San José, la Virgen del Carmen Coronada y la custodia con el Santísimo Sacramento. La Banda Municipal de San Fernando abría la procesión y la de Infantería de Marina la cerraba con una compañía de honores.

Las terrazas de los bares se han visto repletas de público gracias a la salida de la procesión, aunque el comentario generalizado ha sido la recogida tardía.

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En la procesión ha habido representaciones de colegios profesionales, colectivos y autoridades civiles, con el alcalde José Loaiza al frente; así como con el Almirante de la Flota, Santiago Bolívar Piñeiro, al frente de las autoridades militares.

La Coral Logar de la Puente ha formado la capilla musical en la ceremonia religiosa, y ha cantado en tres puntos del itinerario al Santísimo Sacramento. No hubo alfombras, pero si romero por el itinerario, que llenó de aroma las calles del centro, convertidas en un templo por un día.

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La procesión del Corpus Christi

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El Patron San Jose

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La Patrona de La Isla

El Corpus busca la perfección

  • La Isla respaldó una procesión histórica que presidió el obispo, Rafael Zornoza
  • La presencia del almirante de la Flota incide en las tradicionales representaciones militares

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El paso de la Custodia, precedido por la escolanía.

Arturo Rivera san Fernando | Actualizado 03.06.2013 – 01:00

El Corpus buscó la perfección para zafarse del sambenito que le cayó el año pasado con la desafortunada experiencia de la procesión matinal y mostrar a La Isla el denodado esfuerzo que se ha llevado a cabo por recuperar, potenciar y rescatar las tradiciones que acompañan a esta festividad.La organización -esa comisión que integran mano a mano Ayuntamiento y Arciprestazgo- se afanó en la excelencia para evitar que ese trabajo de varios años ya, otra vez, pasara desapercibido. Para que ese Corpus renacido -tan cuidado y exquisito- brillara no solo por dentro, sino también por fuera, en la calle.

El regreso al horario de siempre, al Corpus por la tarde, fue una de las claves de una jornada que se vivió con entusiasmo desde las vísperas, en las que una animada calle Real acogió el traslado de la Patrona hasta la Iglesia Mayor. Hay costumbres moldeadas durante décadas, tan hechas a la medida de la ciudad, de sus costumbres y de su maneras de ser, que resultan muy difíciles de cambiar, por más buena intención que se tenga, como ayer La Isla hizo ver.

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El Patrón San José, durante la procesión del Corpus.

El ambiente que se vió en el centro ayer, poco antes de que la procesión del Corpus iniciara su recorrido desde la Iglesia Mayor, no tenía absolutamente nada que ver con la imagen de indolencia de hace un año: terrazas llenas con isleños que apuraba el café de la tarde, niños de primera comunión que se dirigían al templo y familias que paseaban por la calle Real a la espera del cortejo arroparon una jornada perfecta que fue fiel a sus tradiciones y en la que la procesión del Corpus encajó como un guante.

La procesión vespertina, justificada en los modestos fastos del Año de la Fe y de la conmemoración del Bicentenario que La Isla celebra en 2013, contó también ayer con un aliado de excepción: la histórica presencia del obispo diocesano, Rafael Zornoza, que por primera vez presidió los actos del Corpus en San Fernando.

Su participación -todo un guiño a La Isla- refrendó esa apuesta del Arciprestazgo y del Ayuntamiento por afianzar la solemnidad del Santísimo al cobrar mayor realce la procesión por el centro de La Isla.

Fue un Corpus de etiqueta y máximo protocolo, cuidado en todos sus detalles, solemne, exquisito, elegante… Desde el chaqué en el cortejo hasta los motetes de la coral Logar de la Puente, desde la cuidada liturgia del pontifical hasta el elaborado cortejo en el que cada vez participan más instituciones o la nutrida presencia de comisiones militares. Y, esta vez, la gente lo vió.

Un Corpus que además supo sortear con discreción las obligadas estrecheces que impone la precariedad económica para brillar con distinción: ahí quedó la tradicional ‘alfombra’ de romero, que distaba mucho de ser tupida y que incluso hizo sonreir a más de uno por su abrumadora desnudez, o los exornos hechos a base de ramas de naranjos y limoneros procedentes del arbolado municipal que lucieron colgados en las farolas de la calle Real.

El pontifical previo a la procesión, concelebrado por el clero isleño, llenó la Iglesia Mayor. El obispo, Rafael Zornoza, recordó a las monjas de clausura durante su homilía y aprovechó la festividad del Santísimo para hablar de la caridad, de María, del amor de Dios…

Afuera, a esas horas, ya había público que aguardaba la salida de la procesión tras las vallas dispuestas en la plaza de la Iglesia y las proximidades del Centro de Congresos en una tarde que se animaba por momentos.

Hace no muchos años -ni siquiera una década- se hablaba sin embargo del declive que arrastraba la festividad del Corpus y se advertía de la pérdida de las tradiciones que acompañan a esta jornada. Ya nadie lo hace. Nadie se acordaba ayer de eso por más que determinados aspectos de la solemnidad -su horario, entre otros- sirva para alentar de vez en cuando alguna que otra polémica. Y eso quiere decir que, al menos en su esencia, el propósito que perseguía la comisión organizadora cuando se puso en marcha hace tres años se ha cumplido con creces. Es justo reconocérselo.

Uno de esos aspectos que a punto estuvo de perderse por completo fue la tradicional presencia de la Armada y de las comisiones militares en el cortejo que acompaña al paso de la Custodia. Ayer, como en estos últimos años, volvió a arropar la procesión de forma numerosa. Incluso contó con otra presencia destacada, la del almirante de la Flota, Santiago Bolíbar, que reforzó los históricos lazos que la Armada tiene con La Isla en una efeméride clave, como es el 200 aniversario de la concesión del título de Ciudad de San Fernando por parte de Las Cortes. Y el Corpus, marcado también por la celebración del Año de la Fe, ha pasado a convertirse en uno más de los actos conmemorativos al nutrirse de su condición de tradicional fiesta local.

Destacó también lo extenso del cortejo y sus nutridas representaciones. La presencia de la Patrona y del Patrón, de la Virgen del Carmen y de San José, que procesionaron ambos sin música, afianzó una tarde de Corpus que resultó plena y que La Isla supo aprovechar.

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La Virgen del Carmen, en la plaza de la Iglesia.

El paso de la Custodia atravesó la plaza del Rey hacia las nueve y media. Y la noche le sorprendió en el clásico giro por la alameda Moreno de Guerra. Por Real enfiló bien pasadas las diez. Una imagen que tampoco se había visto nunca: el Corpus de noche. En los últimos tramos de su recorrido, se notó menos gente.

La fiesta del Corpus y su regreso al horario de tarde ayudó también a rescatar la tradición de los altares que se instalaron a lo largo del céntrico recorrido procesional. Hubo varios. Uno de ellos, el de la hermandad de San José, precisamente el que se emplazó en el atrio del Ayuntamiento, en la céntrica plaza del Rey, protagonizó el incidente de la jornada al tener que ser retirado durante la mañana después de que el viento de levante tirara varios enseres al suelo.

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Por la tarde, el viento sin embargo amainó. Incluso, el calor hizo que se doblaran las velas de otro de los altares instalado en la calle Real, entre los palcos montados por el Ayuntamiento, hasta el punto de derribar el candelabro y romper una de las jarras del montaje. Fueron, sin embargo, meras anécdotas en una tarde de Corpus en la que afloró un intenso trabajo de muchos meses. Esta vez, tuvo su recompensa.

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