Milicia y Cortes: Defensa de la obra constitucional

SAN FERNANDO – BICENTENARIO

La historia militar copa el estreno de la efeméride del 2013

  • El rector de la Universidad San Pablo CEU abrió ayer las jornadas sobre Milicia y Cortes que acoge el Centro de Congresos

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El rector de la Universidad San Pablo CEU, Juan Carlos Domínguez, durante su ponencia, ayer en La Isla./Rioja

Arturo Rivera san Fernando | Actualizado 09.05.2013 – 08:56

Si la Iglesia -y el cardenal Carlos Amigo Vallejo- iniciaron en la noche del martes los actos conmemorativos del segundo Bicentenario isleño, el de la concesión del título de ciudad, ayer fue la faceta más castrense de estos hechos históricos la que tomó el relevo en las instalaciones municipales del Centro de Congresos.

Allí se desarrollará hasta mañana la primera edición de las jornadas sobre Milicia y Cortes: Defensa de la obra constitucional, un encuentro organizado por el Ayuntamiento y la cátedra CEU de Cultura de Defensa a raíz del convenio firmado en el pasado mes de abril que continuará en julio con unos cursos de verano centrados en la figura histórica de Isaac Peral y en el primer sumergible de la historia, de cuya botadura en el Arsenal de La Carraca se cumplirán ahora 125 años.

La Universidad de Cádiz, la escuela de enfermería Salus Infirmorum y el Colegio de Enfermería de Cádiz participan también en estas jornadas que arrancaron de la mano del rector de la Universidad San Pablo CEU, Juan Carlos Domínguez. Constitución de Cádiz y Fuerzas Armadas fue el título de su conferencia, una ponencia que prácticamente sintetiza el conjunto de estas jornadas, que también abordarán en su recta final los aspectos históricos de la sanidad militar.

El rector de la Universidad San Pablo CEU partió de los hechos históricos del 2 de mayo para referirse a la importancia que tuvieron los acontecimientos bélicos y los militares en Las Cortes y la Constitución de 1812, un aspecto que tuvo una especial incidencia en La Isla de León, donde se vivió la primera línea del conflicto bélico.

De hecho, el ponente aludió a a esos “hombres de pensamiento nuevo, llenos de miedo pero repletos de esperanza a pesar de que el mejor ejército del mundo estaba a apenas unos metros de distancia” que impulsaron y defendieron la labor de Las Cortes. Y refirió también las múltiples facetas de la primera Constitución española, que no solo tuvo un importante valor jurídico y político, sino también cultural y social -dijo- al impulsar “el mito de la libertad” en el siglo XIX.

Con estas palabras inició su andadura en el auditorio Lázaro Dou estas jornadas que el Ayuntamiento ha incluido dentro de los actos conmemorativos del 2013, el Bicentenario de la concesión del título de ciudad de San Fernando. Lo cierto es que la cita no consiguió llenar el auditorio como sí lo hizo en la noche anterior el cardenal Amigo en la iglesia del Carmen.

El almirante de La Carraca, Fernando Querol; el presidente del Colegio de Enfermería, Rafael Campos; y la presidenta y vicepresidenta de la escuela universitaria Salus Infirmorum, Amelia Rodríguez y Concepción Mejías, junto al delegado de Presidencia, Daniel Nieto, arroparon ayer la inauguración de estas nuevas jornadas. Por ahora, el Trece se llena de conferencias.

 
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Aquellos Corpus en La Isla

SAN FERNANDO

Uno de los tres jueves

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Virgen del Carmen

Pablo M. Sánchez Martín

elcastillodesanfernando….. Publicado el: Mie, 8 may, 2013

Uno de esos, de los que relucían más que el sol. Ya se acerca una fecha, que tras el “crimen del mes de mayo”, llenaba de ilusión a toda la Isla y era el “pistoletazo” de salida del verano y… de las vacaciones.

Cuando era Jueves – antes de que la política y la Curia decidieran eliminarlo en nuestra diócesis – y preludio de un puente. Cuando ese jueves la Isla aparecía engalanada y era un gran día familiar. Muchos, por la mañana habían madrugado, para ir a ver el otrora famoso Corpus de Cádiz, era un día entero en la calle. Porque desde muy temprano las fuerzas de Marina e Infantería de Marina empezaban a formar y a distribuirse por la ciudad para luego -más o menos desde las tres de la tarde- cubrir la Carrera.

Era un día en que las familias se afanaban en vestir de nuevo a sus hijos e hijas de Comunión para luego abrir la procesión. Un día en que se comía en la calle, ese jueves había “cachetás” para coger mesa en Casa Barón, Casa Domingo o el Nanai.

Tarde de “cafelitos” en la Mallorquina o en los Hermanos Picó. Una jornada que no iba nadie a la Playa, que no había cola en la parada de la Iglesia Mayor de la “Carterilla”,  en la que se lucían las mejores galas veraniegas. Durante mayo se habían vendido numerosos trajes de “mil rayas” o fresquitos para el verano. Comercios como Martínez, Valle o Almacenes Blanco prorrogaban su temporada primavera con el Corpus. Y que decir de los “palets” de telas fresquitas para señoras que vendían La Saldadora, Domínguez o Tinoco. Amén de los accesorios de Casa Salas.

Sobre las cinco de la tarde estaba toda la Isla paseando por esa señorial calle real perdida ya para siempre. Practicando ese gran deporte de la Isla que era pasear, sentarse en una terraza y observar a todo el que se cruzaban o pasaba. Eso sí siempre por una acera, la otra era para los “tramposos”.

La Isla oliendo a romero, con un pueblo orgulloso de sus tradiciones. Con un marco ya perdido: La señorial Plaza del rey y la romántica Alameda.

La procesión desde la Iglesia Mayor era seguida por toda la ciudad, con la Patrona sin su palio (que por cierto nada se sabe de él) y con numerosas autoridades de todo tipo que sí asistían entonces. Con la bendición final nadie se iba ya que todas las fuerzas que habían estando rindiendo honores en la Carrera, ofrecían un desfile por toda la Calle Real que daba fin a una jornada festiva de la Ciudad.  Jornada que, al ser puente, los más jóvenes continuaban por los antaño ambientados numerosos locales de la ciudad.

Pero todo se acabó, se acabó el ser en jueves, se acabó la grandeza con los diferentes embates de la política y de las numerosas y ruinosas comisiones organizadoras siempre a los caprichos del clero y se acabó, como casi todo en la isla, uno de esos días que relucen más que el Sol.

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